VIERNES, 23 DE MARZO DE 2007
Noroña y un “nicho” del mercado

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“Uno de los “nichos” de mercado más rentables es el de los tontos adinerados que compran lo que sea –dada su laxa restricción presupuestal- que les prometa disfrazar, suplir o aliviar sus insuficiencias físicas, emocionales o intelectuales.”


Leído en una de tantas columnas de chismes políticos: “Noroña –por Gerardo Fernández Noroña- fue a hacer su show en Palacio Nacional, donde el Presidente Calderón ofrecía una cena a Michelle Bachelet. Ya no tuvo público, ni gritones. Confesó que sólo espera que la CNHDF le reciba una queja y ordene pagarle 25 mil pesos por su traje que él mismo rasgara”. La irrelevancia del chisme es abrumadora. Lo mismo que la escasa confiabilidad de lo escrito.

 

Sin embargo, hubo algo que me llamó poderosamente la atención: ¿25 mil pesos por un traje de los que usa, cuando los usa, Fernández Noroña?

 

Es probable que el lector haya visto en la televisión o en fotografías –tal vez hasta en vivo, palpitante, sudoroso y a todo color- a este personaje de la picaresca política. Si es así, puedo apostar que el lector jamás lo pondría en su personal lista de los personajes públicos mejor ataviados; tampoco creo que alguien haya observado con envidia uno de los ternos de Fernández Noroña cavilando que, con tales galas, la vida le sonreiría y hasta algunas guapas mujeres le verían con “buenos ojos”.

 

Suponiendo, sólo como hipótesis, que la versión chismosa fuese verídica tendríamos el caso de unos costosísimos trajes (tanto más costosos cuanto que nada hacen para mejorar la imagen del sujeto) que sólo se explicarían por la conjunción de dos factores:

 

1.      Abundancia de recursos que hace marginales o irrelevantes, para el sujeto consumidor, las restricciones presupuestales, y

 

2.      La sorprendente capacidad que tenemos los seres humanos para el autoengaño. Así como las personas anoréxicas se ven siempre “gordas” ante cualquier espejo, hay tontos que –contra toda evidencia- se ven a sí mismos guapos y distinguidos o hasta inteligentes.

 

La conjunción de estos dos factores permite establecer un nicho de mercado muy redituable. Como el burgués gentilhombre de Moliere, estos clientes pagan lo que sea por ocultar, disfrazar o aliviar las limitaciones que cargan a cuestas. Sólo hay que saber venderles los adminículos. Un factor clave es el precio exorbitante que deslumbra al incauto haciéndole creer que “si cuesta tanto, debe ser buenísimo… o hasta milagroso”.

• Política mexicana

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