VIERNES, 23 DE MARZO DE 2007
¿Dólares excesivos?

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“Con estos elementos, tenemos ya el escenario para discutir cómo creen algunos analistas de la situación monetaria internacional que se mantendrán los desequilibrios a los que he aludido ayer y hoy, en forma indefinida hacia el futuro.”


La teoría y política monetarias solían ser mucho más fáciles de comprender en el contexto de economías cerradas en las que operaba con transparencia la teoría cuantitativa del dinero: un aumento en la liquidez sólo podía traducirse en mayor producción (PIB) o en mayores precios (inflación).

 

Ello suponía, por supuesto, que los hábitos de la población respecto a la cantidad de dinero que deseaba mantener no tenía cambios de consideración, lo que las investigaciones empíricas avalaban cómo indudable cuando las expectativas de la gente frente a la inflación futura no cambiaban demasiado.

 

La escuela de pensamiento monetarista concluyó, después de cuidadosas mediciones de lo que pasaba en la realidad, que la gente no se dejaba engañar respecto a las consecuencias de una política monetaria laxa, y que el alza en la cantidad de dinero en circulación se convertía en inflación y no en mayor PIB.

 

¿Qué es lo que pasa cuando este modelo simple de funcionamiento monetario se abre a una situación internacional de integración económica y financiera, y cuando el mundo entero acepta de hecho que el dólar estadounidense es moneda de curso legal?

 

Obviamente se complican las cosas pues si bien se acepta que el dólar vale en todos lados, hay que incorporar la existencia de las monedas que otros países ponen en circulación y el precio al que se intercambian con el dólar, es decir, los tipos de cambio.

 

Los dólares que van hacia otros países se originan en una política monetaria demasiado laxa en Estados Unidos pero como fluyen hacia fuera en busca de mayores rendimientos del que pueden conseguir en su país, no generan inflación doméstica, como predecía el modelo monetario para una economía cerrada. Ahora resultan en presiones inflacionarias sobre el resto del mundo.

 

La otra razón por la que fluyen los dólares, es el acelerado crecimiento de los mercados emergentes, liderados por China e India, y la única forma que tienen los países que se ven inundados de dólares para evitar sus consecuencias inflacionarias, es permitir la apreciación de sus monedas frente al dólar.

 

Cuando los bancos centrales de otros países deciden mantener un tipo de cambio ante el dólar por debajo del nivel de equilibrio al que lo llevarían las fuerzas del mercado, la única opción que le queda a la autoridad monetaria es comprar los dólares que llegan al país y guardarlos como reservas internacionales.

 

Pero los bancos centrales, como el chino, que se niegan a flotar libremente sus monedas, tienen que proceder entonces a “esterilizar” la inyección de yuanes que fue requerida para adquirir los dólares mediante la venta de instrumentos de deuda del gobierno. De no hacerlo, se dispararía la inflación.

 

Con estos elementos, tenemos ya el escenario para discutir cómo creen algunos analistas de la situación monetaria internacional que se mantendrán los desequilibrios a los que he aludido ayer y hoy, en forma indefinida hacia el futuro.

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