VIERNES, 23 DE MARZO DE 2007
Impuestos y pensiones

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“No tendrá ningún sentido que los contribuyentes mexicanos sigamos pagando impuestos si no se resuelve el problema de las pensiones. Nosotros pagamos impuestos, aunque sea a regañadientes, pero lo hacemos porque recibimos servicios a cambio, aunque sean malos. Pero en el momento en que el Estado deje de proporcionar servicios y cobre impuestos sólo para pagar nómina y pensiones, habrá sin duda una rebelión entre los contribuyentes mexicanos.”


Mucho se ha hablado a lo largo de los años de la necesidad de hacer una reforma fiscal en nuestro país. Y hay buenas razones para que se discuta este tema. La recaudación por impuestos del gobierno mexicano es simplemente lamentable: equivale únicamente a un 11 por ciento del producto interno bruto, lo cual nos coloca en un nivel inferior, incluso, al que tienen los países centroamericanos.

 

Se dice, y es verdad, que un Estado no puede cumplir con sus funciones si cuenta con una recaudación tan baja como la de México. Pero, del otro lado de la moneda, de poco servirá llevar a cabo una reforma fiscal si no cambiamos de manera radical la manera en que el gobierno está gastando actualmente el dinero.

 

No sólo gastan mal los distintos órdenes de gobierno de nuestro país -desde el municipal hasta el federal pasando por supuesto por el estatal- sino que la situación se deteriora cada vez más. No es un problema simplemente de mala administración o de corrupción, sino de un sistema diseñado para quebrar tarde o temprano. Si las cosas no cambian, tarde o temprano todo el dinero de impuestos que paguemos los mexicanos terminará usándose para cubrir pensiones sin que los contribuyentes obtengamos ningún servicio.

 

Entre el año 2000 y el 2006 las transferencias del gobierno federal al ISSSTE para financiar el déficit del pago de pensiones de los servidores públicos pasaron de 10 mil millones a 40 mil millones de dólares. Este aumento de 400 por ciento en apenas un sexenio es una indicación de lo que va a ocurrir con el paso del tiempo. De hecho, la velocidad de crecimiento de este déficit aumenta constantemente. Si las reglas no cambian, el Estado mexicano simplemente entrará en bancarrota tarde o temprano. O los compromisos que adquiere el gobierno con sus trabajadores no se podrán cumplir y los trabajadores que se jubilen en el futuro simplemente no recibirán sus pensiones independientemente de los contratos colectivos que pueda haber.

 

Lo más importante de todo, sin embargo, es que no tendrá ningún sentido que los contribuyentes mexicanos sigamos pagando impuestos si no se resuelve el problema de las pensiones. Nosotros pagamos impuestos, aunque sea a regañadientes, pero lo hacemos porque recibimos servicios a cambio, aunque sean malos. Pero en el momento en que el Estado deje de proporcionar servicios y cobre impuestos sólo para pagar nómina y pensiones, habrá sin duda una rebelión entre los contribuyentes mexicanos.

 

De nada sirve, pues, hablar de reforma fiscal mientras no se haga un cambio de fondo en el sistema de pensiones del sector público. Ya se ha presentado una iniciativa en el Congreso, que podría ser la clave de la solución. Esta iniciativa llevaría a la creación de cuentas individuales, como las de las Afores que ya tienen los derechohabientes del IMSS. Hay resistencia a que se tome esta medida, particularmente de los legisladores del PRD. Pero el hecho es muy sencillo. Si no se toman medidas para financiar de manera sana las pensiones de los burócratas, el Estado mexicano terminará quebrando en unos cuantos años. Y esto es algo que, por supuesto, los mexicanos no podemos permitir.

• Pensiones

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