VIERNES, 23 DE MARZO DE 2007
De la riqueza

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Varios fueron los comentarios que, a raíz de la visita de Bill Gates a México, escuché y leí en torno al personaje y su fortuna, muchos de ellos verdaderos disparates, producto, o de la ignorancia o, ¡peor todavía!, de la envidia. A aclarar el tema dedico estos Pesos y Contrapesos.”


Estuvo en México, ¿alguien no se enteró?, Bill Gates, nombre al cual, la mayoría de las veces, se le agrega la siguiente leyenda, “el hombre más rico del mundo”, con una fortuna calculada, según el último reporte de la revista Forbes, en 56 mil millones de dólares.

 

Varios fueron los comentarios que, a raíz de la mentada visita, escuché y leí en torno al personaje y su fortuna, muchos de ellos verdaderos disparates, producto, o de la ignorancia o, ¡peor todavía!, de la envidia. A aclarar el tema dedico estos Pesos y Contrapesos.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los 56 mil millones de dólares que componen la riqueza de Gates son solamente una de las caras de la moneda, y ni siquiera la más importante. ¿Cuál es la otra? Los productos de Microsoft utilizados por millones de usuarios en todo el mundo. Estos productos son la verdadera riqueza creada (ojo: ¡¡¡creada!!!) por Gates, siendo los 56 mil millones de dólares una consecuencia de aquella.

 

Un empresario crea riqueza, no acumulando dinero, sino ofreciendo bienes y servicios capaces de satisfacer adecuadamente las necesidades humanas, razón por la cual los consumidores están dispuestos a pagar un precio por ellos, permitiéndole al empresario generar un ingreso que, por lo general, se paga en dinero. Pero el dinero no es la riqueza, sino el medio más eficaz para obtener los bienes y servicios capaces de satisfacer, desde las necesidades básicas, hasta los caprichos más extravagantes, bienes y servicios que sí son riqueza. A Bill Gates, náufrago solitario en una isla desierta, con sus 56 mil millones de dólares, pero imposibilitado de adquirir los bienes y servicios básicos, ¿lo seguiríamos calificando como el hombre más rico del mundo?

 

Pero vayamos más allá. Un empresario crea riqueza, no solamente ofreciendo bienes y servicios capaces de satisfacer las necesidades humanas, sino inventando mejores maneras de satisfacerlas. El verdadero empresario, antes que capitalista (el que aporta el dinero para llevar a cabo el proceso de producción), o administrador (el que coordina los factores de la producción para que se realice el proceso de producción), o ingeniero (el que desarrolla mejores procesos de producción), es inventor de bienes y servicios capaces de satisfacer de mejor manera las necesidades humanas. Son esos mejores bienes y servicios los que permiten elevar el nivel de vida de la gente, o incrementar la productividad y competitividad del trabajo humano, tal y como sucede con los productos Microsoft.

 

La riqueza creada por Gates no son los 56 mil millones de dólares en los que se calcula su fortuna, sino los productos que compramos y usamos millones de seres humanos por todo el mundo. Y si los compramos y los usamos es por una razón muy sencilla: nos facilitan la vida, y lo hacen de muchas maneras. ¿Qué quiere decir esto último? Que Gates es nuestro benefactor, en el sentido literal del término: nos hace un bien. “¡Ah – dirán algunos -, pero no lo hace gratis!” No, claro que no, y por una razón fácil de entender: producir lo que Gates nos ofrece cuesta, y si como consumidores queremos seguir beneficiándonos de esos productos debemos estar dispuestos a pagar el precio. Si lo hacemos se debe a otra razón, también fácil de entender: esperamos estar mejor consumiendo esos productos, y utilizando los servicios que nos prestan, que con cualquiera de las otras opciones de consumo a la cual podríamos haber destinado el dinero que usamos para pagar el precio de la mercancía Microsoft.

 

Insisto: la riqueza creada por Gates no son los 56 mil millones de dólares, que tanto se mencionan, sino los productos Microsoft que adquirimos y utilizamos usted y yo, y millones de seres humanos más. Por cierto, ¿con qué programa cree usted que acabo de escribir este artículo? Sí, acertó…

• Cultura económica

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