Aquelarre Económico
Abr 3, 2007
Manuel Suárez Mier

El euro y Francia

Ningún político francés va a conseguir que el Banco Central Europeo manipule la paridad del euro para darles gusto. Lo que sí pudiera ser más probable, sin embargo, es que Francia fuera el primer país en abandonar la unión monetaria, desastrosa torpeza que la mayoría de los observadores había supuesto que le correspondería a Italia.

Resulta increíble que después de las experiencias acumuladas en el mundo entero que invariablemente han llevado al desastre y a una corrupción generalizada, los políticos insistan en tratar de controlar la política cambiaria y manipular el nivel de la paridad para sus propios fines.

 

El más reciente caso es el del candidato presidencial de la derecha en Francia, Nicolás Sarkozy, quien el domingo pasado afirmó que los dirigentes de países en la zona del euro debieran involucrarse más en la política cambiaria, que hoy está a cargo de un Banco Central Europeo autónomo.

 

Sarkozy agregó que una paridad débil debiera servir para apoyar a la industria francesa, y que cada “diez céntimos de apreciación del euro representaba un déficit para Airbus de €1 billón. No creamos el euro con el fin de no poder construir un solo aeroplano en Europa. Es absurdo.”

 

El candidato presidencial de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) se hace eco de una preocupación que existe en Francia dónde, en efecto, su participación en las exportaciones industriales de la Unión Europea ha venido cayendo en picada en los últimos años.

 

Ello no puede atribuirse a la fortaleza del euro, pues en los  mismos años la competitividad de la economía alemana, que opera con la misma moneda, ha venido creciendo espectacularmente y su participación en las exportaciones globales es de más del doble que la francesa, 10% contra 4%.

 

Este contraste evidentemente está vinculado a las condiciones prevalecientes en otro ámbito de la economía francesa sin nexo alguno con el tipo de cambio. La semana de trabajo de 35 horas y la grave inflexibilidad del mercado laboral, son causas mucho más directas de la desindustrialización de Francia.

 

Alemania logró doblar la página de su larga recesión y productividad declinante, resultado de su unificación a una paridad equivocada que implicó exorbitantes costos de ajuste, mediante las reformas económicas que han hecho de su economía un aparato productivo mucho más flexible y eficiente.

 

En Francia, por el contrario, hay una vieja tradición proteccionista y “dirigista,” que se remonta a Jean Baptiste Colbert, ministro de Hacienda de Luis XIV (1665-83), y decidido promotor del mercantilismo que recurrentemente se apodera del ánimo de los políticos franceses.

 

Hay que recordar que no hace mucho, Jacques Chirac, quien terminará este año su desastroso período como presidente de Francia, y quien supuestamente representa a la derecha de su país, tuvo a bien afirmar que el “liberalismo constituye hoy una amenaza mayor de lo que fue el comunismo en su día.”

 

Me queda claro que ningún político francés va a conseguir que el Banco Central Europeo manipule la paridad del euro para darles gusto. Lo que sí pudiera ser más probable, sin embargo, es que Francia fuera el primer país en abandonar la unión monetaria, desastrosa torpeza que la mayoría de los observadores había supuesto que le correspondería a Italia.



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Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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