Pesos y contrapesos
Abr 10, 2007
Arturo Damm

SAT: ¿Con qué derecho? (I)

¿Cómo evitar el abuso implícito en el cobro impuestos que gravan el ingreso y el patrimonio? Muy sencillo: gravando solamente el consumo

Desde que lo tuve que hacer por primera vez, hasta hoy, he cumplido puntualmente con mis obligaciones tributarias, y lo he hecho, lo confieso, no por considerar que el pago de impuestos es una contribución eficaz a favor del bien común o de alguna otra entelequia por el estilo, ¡mucho menos en el caso mexicano en el cual el cobro de impuestos ha degenerado en un robo con todas las de la ley!, sino porque ello me da, antes que cualquier otra cosa, al autoridad moral de escribir artículos como éste.

 

Resulta que, con fecha 15 de marzo, el Servicio de Administración Tributaria, el SAT, me formuló una “atenta invitación para atender la recomendación que se indica”, relacionada con la verificación del correcto cumplimiento de mis obligaciones fiscales, habiendo sido elegido aleatoriamente para someterme a la comprobación. Vamos por partes.

 

Lo primero que me incomoda es el tono, entre meloso y cínico, del comunicado del SAT: “se (me) formula atenta invitación para atender la recomendación que se (me) indica”, cuando, estrictamente hablando, no se trata de una invitación, sino de una orden. Ahora bien, si en respuesta a este artículo algún funcionario del SAT me corrige, y me asegura que sí se trata de una invitación, por medio de este conducto la agradezco y me disculpo, NO LA ACEPTO, rechazo al cual, como sucede cuando de verdaderas invitaciones se trata, no lo seguirá ninguna represalia. ¿Es éste el caso? ¡Por favor recaudadores: el pan pan,  y al vino vino! No caigan en la labia de lo políticamente correcto.

 

Lo segundo que me molesta, algo mucho más grave que lo anterior, es que mi declaración anual de impuestos del 2006 “será revisada minuciosamente”, poniéndose especial atención en “el correcto reporte de (mis) ingresos”, lo cual quiere decir que voy a tener a los burócratas encargados de llevar  acabo la mentada revisión metiendo sus narices en MIS cuentas (algo que, dicho sea de paso, ya hacen cada mes al momento en el cual pago mis impuestos), sabiendo cuáles fueron MIS ingresos, una información que, por prudencia y conveniencia, no deberíamos darle a nadie, ¡mucho menos al gobierno! Esto es lo verdaderamente preocupante, no sólo de revisiones como la mencionada, sino de los sistemas impositivos que, como el mexicano, gravan ingresos y patrimonio, por lo que el gobierno sabe cuánto ganamos y qué tenemos, muestra de la absoluta falta de respeto por la propiedad privada.

 

Veámoslo detenidamente. A principio de cada mes le envío a mi contador la relación de los ingresos generados en el mes anterior, así como los comprobantes de los gastos susceptibles de ser deducidos, lo cual quiere decir que él sabe cuánto gano, por lo cual confío más en él que en mi propia madre. Pero el cuento no termina allí: la invasión a la propiedad, y la violación de la privacidad, va más allá, ya que, una vez presentada la declaración mensual de impuestos, y pagados los mismos, los recaudadores cuentan también con esa información, misma que, insisto, no debería dársele a nadie, mucho menos al gobierno, por una razón muy sencilla: el principal poder del gobierno, aquel sin el cual no sobreviviría, es el de cobrar impuestos, poder que en manos poco escrupulosas degenera, tal y como ha sucedido en México, en un robo con todas las de la ley.

 

¿Cómo evitar el abuso implícito en el cobro impuestos que gravan el ingreso y el patrimonio? Muy sencillo: gravando solamente el consumo.

 

Por lo pronto, y para terminar esta primera entrega, pregunto: ¿con qué derecho va a meter el SAT sus narices en MIS cuentas personales?

 

Continuará.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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