LUNES, 23 DE ABRIL DE 2007
Las prohibiciones no funcionan

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“La salida razonable a muchos problemas que nos aquejan no es la sola prohibición de realizar un acto, y menos aún la prohibición de producir algo que tiene demanda. A veces es necesaria la prohibición (el matar y violar por ejemplo), pero tampoco basta. Se requiere mucho en materia de educación e información, y ello, no debe dejársele solo a los gobiernos; debe siempre haber participación de la sociedad y los gobiernos inteligentes y demócratas deben alentar ésta.”


Las prohibiciones legales no funcionan. La historia lo demuestra. Aunque está prohibido matar, sigue habiendo asesinatos; aunque está prohibido violar, sigue habiendo violaciones; aunque está prohibido robar, sigue habiendo robos; aunque está prohibido el terrorismo, los ataques continúan; aunque está prohibido producir y consumir (en algunos países) drogas, sigue habiendo producción y consumo de estupefacientes (y de drogas en general); aunque está prohibido abortar (en muchos países), sigue habiendo abortos; aunque está prohibido venderse sexualmente, sigue existiendo la prostitución; aunque está prohibido el que uno decida cuándo morir, sigue habiendo suicidios y eutanasia. En fin, amigo lector, que la lista de prohibiciones en la vida diaria es inmensa y estos son sólo unos cuantos ejemplos de cómo muchas de ellas no se cumplen.

 

¿Quiere decir esto que de nada sirve que el Estado prohíba algunas cosas? En lo absoluto. Debe, sin lugar a dudas, prohibirse y castigarse (si se viola la prohibición) todo aquello que atente contra la vida, la libertad y la propiedad de los demás. No faltará por supuesto alguno que otro gandalla que pretenda abusar ó francamente violar los derechos arriba señalados. Sin embargo, si la pena ó el castigo son ejemplares (y eficientes, en el sentido de no castigar a inocentes y atrapar a los verdaderos culpables en el menor tiempo posible), más de uno lo pensará dos veces a la hora de delinquir. Las sanciones ejemplares y eficientes disuaden a muchos de no cometer crímenes; sin embargo, no son la solución para que haya cero crímenes y/o delitos. Tal vez, como raza humana, nunca lleguemos a esta meta ideal.

 

Empero, hay dos elementos, que son más efectivos que las meras prohibiciones legales: la educación y la información. Platón decía que con la educación el hombre malo se vuelve bueno, y el bueno se vuelve mejor. Quien esto escribe agregaría, con la información suficiente, el consumidor malo se vuelve bueno y el bueno se vuelve mejor.

 

La administración eficiente de la justicia es una condición necesaria para que los individuos no se dañen entre ellos. Pero no es suficiente. Se requiere de educación e información. Aplicación eficiente de la ley, buena educación e información son elementos indispensables, para, si no erradicar completamente el crimen y los delitos, por lo menos sí crear una atmósfera de convivencia aceptable entre los miembros de una sociedad (tal vez no cero crímenes, pero sí tasas mínimas). Ese es hoy el reto que enfrentan sociedades como la estadounidense y la mexicana.

 

El día de la lamentable masacre de Virginia (poco más de 30 personas asesinadas), en México se registró (el mismo día) cerca de una treintena de ejecutados por el crimen organizado. La verdad no sé qué situación es peor; el común denominador es el asesinato a diestra y siniestra. Al final de cuentas, en ambos casos se violó el respeto a la vida de los demás.

 

A raíz de lo anterior, en EU se está hablando de prohibir la venta de armas al público en general. Este es siempre el tópico entre los políticos norteamericanos después de algún asesinato en masa, que últimamente se han repetido en ese país con una indeseable frecuencia. Sin embargo, nadie habla de medidas de políticas públicas que desincentive el deseo de dañar a los demás. Después de este tipo de asesinatos, empiezan a aparecer las pifias; que si el asesino ya tenía registros médicos de sus desordenes emocionales; qué si ya tenía antecedentes penales; que si ya había indicios de su peligrosidad; que si ya había publicado en Internet sus amenazas, etc.; en fin que ahí debe haber enmiendas a la ley para ya no sólo castigar el daño a los demás, sino incluso la sola manifestación pública de dañar a alguien (en la masacre de columbine, ¡los asesinos eran parte de un grupo de neonazis que continuamente predicaban el dañar a los extranjeros en Internet!). En materia de detección de personas peligrosas, EU tiene mucho por hacer, y eso sí es factible con una política pública inteligente y no de persecución y violación de las libertades individuales como hoy sucede con las políticas anti-terroristas y de anti-drogas. ¿Se podrían prohibir la compra de armas para el público en general? Sí, pero si no se instrumenta la prohibición con medidas de educación que fomenten el respeto a la vida (en muchas escuelas norteamericanas de educación básica y superior -públicas y privadas-, no hay cursos sobre ética y respeto a la vida a los demás; en México la situación es peor, pues hay escuelas en donde se enseña que la violencia es el único medio para lograr la libertad; no tenemos muchos asesinos en serie, pero eso sí, hemos producido varios guerrilleros asesinos), sólo surgirán mercados negros, en donde los productores de armas se verían aún más beneficiados. Podría, en vez de prohibirse la venta de armas, restringirse el acceso a las mismas, y para ello hay toda una gama creativa de diseño institucional. La sola prohibición no es la solución, ni creemos sea factible por la historia de la fundación como país de los EU.

 

En el caso de México (y en esto EU también tiene vela en el entierro), la sola prohibición de producir enervantes, tampoco ha servido de nada. Se podrán hacer espectaculares operativos, pero el consumo y la producción ahí siguen (y continuarán de seguirse combatiendo como hasta ahora). Nuevamente, la sola prohibición no funciona. Más allá de debatir si deben ó no legalizarse las drogas, lo cierto es que hoy día se ha hecho muy poco en materia de información sobre los daños que causan el consumir las mismas. Claro, al gobierno siempre le queda poca lana (ó ninguna) después de los enormes y crecientes gastos que tiene que hacer para combatir la producción y el consumo de drogas. Si todo ese dinero se invirtiera mejor en la prevención del consumo de drogas, así como en educar (con programas anti-drogas desde las escuelas de educación básica -hacerlo en la educación superior es ya tardío), los resultados en cuanto a consumo de drogas serían más alentadores que los que hoy día se tienen. Lo que más le conviene a las mafias es la prohibición per se, pues saben que siempre habrá humanos dispuestos a saltarse la misma. La información y la educación son el enemigo principal de los malosos.

 

Las peores prohibiciones son las económicas. En México tenemos toda clase de ellas. No se permite a los particulares, por ejemplo, producir petróleo, gas y electricidad. Asimismo, se restringe (prohibición implícita) sólo a oferentes nacionales industrias como la de telecomunicaciones. El resultado: mercados negros en donde hay robo de energéticos y tarifas de telecomunicaciones costosas, así como consumidores atrapados en la mala calidad ó en el alto costo de los productos que el gobierno y algunos concesionarios ofrecen. Otro ejemplo de prohibiciones económicas son los controles de precios (se prohíbe cobrar el precio de mercado); ésta sólo genera escasez ó sobreproducción, así como mercados negros (consecuencia misma de la escasez y/o sobreproducción). En el caso de la tortilla en México, aunque no hay una prohibición legal como tal (es inconstitucional) hemos visto que los acuerdos coercitivos tampoco funcionan; hoy ya varios molineros se quieren salir del mismo, ó volverlo a firmar con la aprobación de un precio más alto. Siempre podrá más la información y dejar que sean las personas las que decidan qué consumir y qué no consumir. Cuánto desgaste se evitaría si se hubiese desde el principio dejado funcionar el mecanismo de precios.

 

La salida razonable a muchos problemas que nos aquejan no es la sola prohibición de realizar un acto, y menos aún la prohibición de producir algo que tiene demanda. A veces es necesaria la prohibición (el matar y violar por ejemplo), pero tampoco basta. Se requiere mucho en materia de educación e información, y ello, no debe dejársele solo a los gobiernos; debe siempre haber participación de la sociedad y los gobiernos inteligentes y demócratas deben alentar ésta. Por el contrario, a los gobiernos fascistas lo que menos les interesa es que la gente esté educada e informada.

 

Sólo tendremos un mundo mejor cuando predomine la educación y la información por sobre la prohibición.


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