LUNES, 23 DE ABRIL DE 2007
La prensa acusa

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Nunca es válido que un medio de comunicación cubra una noticia sin la objetividad que impone la más elemental ética profesional o que adopte una línea editorial contestataria sólo para quedar bien con otras gentes involucradas en el asunto.”


Una de las funciones esenciales de los medios de comunicación es la de buscar historias en las que haya indicios de abuso de poder, de corrupción de cualquier tipo, pero sobre todo la realizada por los poderosos, ya sea en los gobiernos o en las empresas privadas.

 

Su papel de cancerberos del interés público exige que los medios hagan sus investigaciones a fondo, sigan las pistas hasta el final, documenten sus historias con evidencia irrefutable, y que en el desempeño de esta misión no adopten la denuncia por defender intereses de otros.

 

Tampoco es válido que un medio de comunicación cubra una noticia sin la objetividad que impone la más elemental ética profesional o que adopte una línea editorial contestataria sólo para quedar bien con otras gentes involucradas en el asunto.

 

Hay dos historias recientes en las que medios de comunicación de prestigio, como The Economist y el Financial Times (FT), pertenecientes a la misma casa editorial inglesa, han sesgado su cobertura en función de agendas propias o ajenas con intereses que exceden el noticioso.

 

El caso más reciente es el de la feroz invectiva que enderezó The Economist contra Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), acusándolo de corrupción, nepotismo y de poner a la organización a su servicio personal.

 

Gurría no tardó en dar puntual respuesta a los cargos en su contra, pero no aludió a que el autor del reportaje, Iain Carson, especialista en aviación y defensa, pudo haber actuado en retribución a la indagación de la OCDE contra el gobierno británico por la venta de aviones de combate a Arabia Saudita.

 

Se trata de una transacción en la que ha habido denuncias de corrupción desde hace años, y que le generó al fabricante BAE Systems utilidades por 80 mil millones de dólares. El gobierno de Tony Blair cerró el caso y se niega a hacer pública la información del negocio por razones de “seguridad nacional.”

 

Como signatario de la Convención sobre Corrupción de la OCDE, el Reino Unido está comprometido a que la “acusación de soborno no debe estar influida por consideraciones sobre el interés nacional, los efectos potenciales en las relaciones con otros países o la identidad de las personas involucradas.”

 

El otro asunto es la forma como el FT se ha cebado en atacar a Paul Wolfowitz, Presidente del Banco Mundial, cuyo caso está claro y a mi juicio culminará en su renuncia en la medida que no pueda restablecer pronto un liderazgo efectivo sobre la institución.

 

Pero eso es muy distinto a hacerse eco, como lo hecho el FT, de los ataques que una parte del exquisito staff del Banco ha emprendido contra Wolfowitz desde que llegó a la institución y que son motivados por razones ideológicas y porque no respetó los feudos de poder que una burocracia arrogante considera son su patrimonio particular e intocable.


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