MARTES, 24 DE ABRIL DE 2007
Estados Unidos, ¿democracia o imperio?

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“La mayoría de los norteamericanos están siempre dispuestos a ceder parte de su libertad para supuestamente lograr mayor seguridad y posibles futuros ataques terroristas debilitarían aún más la protección constitucional a la libertad individual. Pero las democracias no pueden ser imperios y el imperio significa perder nuestra democracia. ”


Washington (AIPE)- La aventura norteamericana en Irak ha sido un desastre y ya es hora de instrumentar una política extranjera bajo la ley y con la cooperación internacional. El costo de la guerra se ha disparado, mientras que aquí avanzamos hacia un estado policial y estamos perdiendo nuestros amigos en el extranjero.

 

La dirigencia republicana, incluyendo a los principales precandidatos a la presidencia, la derecha religiosa, fundaciones conservadoras y las páginas editoriales del Wall Street Journal promueven la guerra. Y aunque muchos republicanos se opusieron a la guerra en Kosovo, lo hicieron principalmente porque la comenzó el presidente demócrata Bill Clinton. En esa ocasión, la intervención también se basó en información falsificada.

 

La mayoría de los líderes demócratas también votaron en apoyo de la guerra en Irak, para ganar puntos con poderosos cabilderos y por ello su política exterior a menudo coincide con la de los neoconservadores. Por eso hay 15,300 apartados especiales en el último presupuesto federal que respaldan proyectos con fines militares en todos los estados. Por ejemplo, el avión de combate F-22 tiene mil subcontratistas en 43 estados.

 

La consecuencia es que Washington se ha ganado la enemistad de una cuarta parte de los habitantes del mundo y los militaristas siguen buscando nuevos conflictos, quizás con China, para justificar costosos armamentos que nada tienen que ver con la mal llamada guerra contra el terrorismo.

 

Para cambiar la mentalidad en Washington de vaquero, que primero dispara y luego averigua qué pasa, no es suficiente derrotar a George W. Bush. La oposición a nuevas guerras requiere la cooperación de la izquierda, los libertarios y la derecha constitucionalista que sigue creyendo en gobiernos limitados.

 

También sucede que se está perdiendo el significado tradicional de lo que es derecha e izquierda. La izquierda norteamericana ya no apoya constantemente impuestos confiscatorios y el llamado estado de bienestar. La derecha ya no apoya presupuestos balanceados, gobiernos pequeños y las libertades garantizadas por la Constitución. Hoy son otras las discrepancias importantes, tales como la diferencia entre república e imperio, libre comercio y proteccionismo, pro o antiinmigración, constitucionalistas vs. el Gran Hermano.

 

También han surgido intereses comunes que unen a los moderados de ambos partidos en contra de la guerra. Los une el rechazo al gasto de billones en guerras sin fin, lo cual amenaza tanto las rebajas a los impuestos como la seguridad social.

 

La mayoría de los norteamericanos están siempre dispuestos a ceder parte de su libertad para supuestamente lograr mayor seguridad y posibles futuros ataques terroristas debilitarían aún más la protección constitucional a la libertad individual. Pero las democracias no pueden ser imperios y el imperio significa perder nuestra democracia.

 

___* Fue corresponsal en América del Sur del Journal of Commerce y de la cadena de diarios Knight-Ridder. Esta columna se basa en su informe “Left-Right Alliance Against War” para Foreign Policy in Focus.

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