MIÉRCOLES, 25 DE ABRIL DE 2007
Wolfowitz y la corrupción

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“Una simple mirada al mapa señala que países que no han seguido las “lecciones” del BM como China, India y Vietnam, han tenido mucho mayor éxito en desarrollarse frente a los que han atendido las recomendaciones del Banco como Argentina, Rusia y Zambia.”


El domingo pasado el economista William Easterly publicó un artículo en el Washington Post en el que analizó el escándalo que aflige al presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz y, en particular, si la cruzada contra la corrupción que emprendió tenía probabilidades de éxito.

 

Easterly señaló que “la arrogante creencia de Wolfowitz que el BM tenía la capacidad de transformar los con frecuencia podridos sistemas políticos de los países pobres, resultó conocida para el staff del Banco; su antecesor, James Wolfensohn, también era proclive a adoptar esquemas utópicos.”

 

Easterly señala que el resultado de la campaña anticorrupción fue ponerle una capa adicional de requisitos burocráticos a la operación del BM, creándole obstáculos a sus funciones más elementales para aliviar el sufrimiento de los pobres, como hacerles llegar medicinas, agua y comida.

 

En el afán típicamente burocrático que gastarse todo el presupuesto disponible los empleados del BM nunca repararon en aventarle dinero a los regímenes más corruptos, a pesar de que era obvio que esos recursos no iban a llegar a los pobres.

 

Wolfowitz detuvo este proceso en el caso de Uzbequistán, impidiendo que se le desembolsaran préstamos concedidos al régimen del tirano Islam Karimov, quien probadamente había venido robando las arcas públicas, y masacrado a sus conciudadanos.

 

El incrédulo staff del Banco pensó más bien que la actitud de su jefe se debió a que Karimov le negó al gobierno de EU utilizar una base aérea en su territorio cuando Wolfowitz era subsecretario de Defensa.

 

El hecho es que las políticas anticorrupción se aplicaron en forma selectiva y discriminatoria pues de acuerdo a las propias mediciones del BM, hay otros 54 países que son tan corruptos como Uzbequistán y a los que no se les han interrumpido los desembolsos.

 

A juicio de Easterly, otro gran error de Wolfowitz fue adoptar objetivos utópicos adicionales al combate a la corrupción, favoritos de su antecesor, como que los propios gobiernos administren los programas del Banco, lo que representa una flagrante contradicción con el de combatir la corrupción.

 

Una simple mirada al mapa señala que países que no han seguido las “lecciones” del BM como China, India y Vietnam, han tenido mucho mayor éxito en desarrollarse frente a los que han atendido las recomendaciones del Banco como Argentina, Rusia y Zambia.

 

Lo que un amigo mío, experto economista con muchos años de trabajar con el BM, me señaló atinadamente, es que Easterly no llega a la conclusión lógica que se extrae de su análisis: cerrar el BM por no haber demostrado capacidad para identificar programas útiles en promover el desarrollo económico.

 

En adición, los gobiernos han carecido de capacidad para realizar “los buenos” programas concebidos por el Banco. Me temo, sin embargo, que la conclusión lógica de mi amigo, no se ejecutará jamás pues es bien sabido que la regla de oro de toda institución burocrática es negarse a morir.

• FMI / Banco Mundial

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