Interamérica hoy
Abr 26, 2007
Richard W. Rahn

¿Adiós al Banco Mundial y Fondo Monetario?

El Banco Mundial más bien ha servido para fomentar la opresión y la corrupción en el mundo subdesarrollado. Y la gente pobre de esos países no recibió ningún beneficio, pero tienen la obligación de pagar los préstamos.

Washington (AIPE)- Ambos organismos, concebidos en la conferencia de julio de 1944, en Bretton Woods, New Hampshire, enfrentan hoy muy serios problemas. Al Fondo Monetario Internacional (FMI) se le asignó como principal responsabilidad asegurar la estabilidad del sistema monetario y financiero internacional y, especialmente, manejar el sistema de cambios fijos basados en oro que entonces se estableció, pero que fue eliminado en 1973.

 

El Banco Mundial es en realidad un grupo de cinco organismos internacionales, cuya principal misión es aportar financiamiento y recomendaciones para acabar con la pobreza en el mundo. A lo largo de varias décadas, críticos del Banco Mundial, como el premio Nobel Joseph Stiglitz y el distinguido economista William Easterly, han presentado pruebas de que ese organismo ha creado más problemas de los que ha resuelto.

 

La misión original del Banco Mundial estaba condenada al fracaso. En 1944 se creía que si al gobierno de un país pobre se le daba dinero para infraestructura y otros proyectos de desarrollo, ese país saltaría rápidamente a la prosperidad. Ahora sabemos que el resultado siempre es tener funcionarios gastando el dinero de otros en proyectos escogidos por los políticos, o sea una mezcla de gastos excesivos y malos rendimientos. Así, el dinero del BM, proveniente de los impuestos que paga la clase media en países ricos, terminó en los bolsillos de funcionarios corruptos de países pobres.

 

Por falta de controles y de transparencia, el Banco Mundial más bien ha servido para fomentar la opresión y la corrupción en el mundo subdesarrollado. Y la gente pobre de esos países no recibió ningún beneficio, pero tienen la obligación de pagar los préstamos.

 

En 1990, fui copresidente del equipo de transición económica en Bulgaria, país que estaba emergiendo del comunismo. Nuestro equipo estaba tratando de privatizar las empresas estatales, incluyendo la telefónica. Pero a espaldas nuestras, el BM concedía créditos al monopolio telefónico, con la condición de que el gobierno no permitiera la privatización. Cuando confronté al directivo responsable del banco, éste me contestó que era mucho más importante que la telefónica pagara la deuda al banco a que los búlgaros gozaran de un mejor servicio y tarifas más bajas. Esa sigue siendo la mentalidad entre los burócratas del BM; muchos proyectos siguen siendo mal diseñados, la administración es incompetente y corrupta.

 

Cuando Paul Wolfowitz fue nombrado presidente del BM, en junio de 2005, le dio prioridad a combatir la corrupción. Claro que eso produjo quejas de los gobiernos, contratistas y empleados corruptos. Entonces el Sr. Wolfowitz cometió la tontería de aumentarles los sueldos a los funcionarios que él trajo al BM y también a su novia que ya trabajaba en el BM, debilitando tanto su lucha contra la corrupción como su propia posición.

 

El Banco Mundial es un organismo tan torcido que no tiene arreglo posible. Como mantenía el economista del desarrollo Peter Bauer: si en un país las instituciones y las políticas son las correctas, puede obtener de fuentes privadas todo el dinero necesario, pero si ni instituciones ni las políticas son las correctas, ninguna ayuda externa va a tener éxito. Sabiendo lo que hoy sabemos, el Banco Mundial nunca ha debido ser creado y debe ser cerrado para que no haga más daño.

 

El caso del FMI es más complejo, en el sentido que ha cometido muy graves errores, obligando a países a aumentar los impuestos y prestando dinero a gobiernos irresponsables. Pero también ha logrado algunos éxitos, como ayudar a establecer sistemas monetarios y financieros en los países ex comunistas.

 

Su problema actual es que muchos países han pagado sus deudas al FMI y por ello los ingresos del organismo están muchos millones de dólares por debajo de sus gastos de operación. Debe, por lo tanto, reducir drásticamente su inflada y muy costosa burocracia, dedicándose a recolectar estadísticas, a promover el comercio internacional y dando alguna asistencia técnica.

 

Decirle adiós al BM y a gran parte del FMI tendría los mismos resultados positivos de las reformas de los subsidios de bienestar social instrumentados en Estados Unidos que lograron que tantos individuos se responsabilizaran de sus actuaciones, dejando de depender de la caridad pública.     

 

___* Director general del Center for Economic Growth y académico asociado de Cato Institute.   

© www.aipenet.com



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