MIÉRCOLES, 2 DE MAYO DE 2007
Cambiante agenda bilateral

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Hoy el TLCAN se ha consolidado como un exitoso convenio económico, a pesar de las críticas de sus detractores, y el comercio bilateral entre México y EU alcanzará este año un valor siete veces superior al que tenía antes de entrar en vigor.”


El viernes pasado fui invitado a dar una plática a los integrantes de la Federación Interamericana de Abogados de la ciudad de Washington, institución fundada en 1940, que agrupa a abogados de diecisiete países y medio centenar de organizaciones profesionales del continente.

 

Le presenté a tan ilustre grupo mis puntos de vista sobre cómo ha cambiado la agenda bilateral México-Estados Unidos en los últimas dos décadas, contrastando el tiempo cuando llegué a Washington para trabajar en nuestra embajada en los temas económicos, con los asuntos prioritarios de hoy.

 

En aquel momento lo más urgente para nuestro país era resolver el problema de la deuda externa excesiva e impagable en sus términos originales que impedía el buen funcionamiento de la economía, y que a pesar de múltiples renegociaciones desde 1982 no se había arreglado.

 

El gobierno decidió seguir un nuevo enfoque en esa renegociación partiendo de que el precio en el mercado secundario de la deuda mexicana era sensiblemente menor a su valor facial: demandar un descuento apreciable en el valor de los nuevos bonos que se intercambiarían por los negociados.

 

La deuda externa objeto de la renegociación era de 45 mil millones de dólares y representaba una elevada proporción del PIB del país, lo que contrasta con la situación actual, con pasivos foráneos que alcanzan apenas el 5% del PIB.

 

El otro tema central en la agenda económica fue la intención de México de negociar un tratado bilateral de libre comercio con Estados Unidos, que bien pronto se tornó en trilateral al incorporarse Canadá a las negociaciones. Esta iniciativa representó un cambio radical en la estrategia económica y política de nuestro país.

 

Hoy el TLCAN se ha consolidado como un exitoso convenio económico, a pesar de las críticas de sus detractores, y el comercio bilateral entre México y EU alcanzará este año un valor siete veces superior al que tenía antes de entrar en vigor.

 

El tema de la emigración de trabajadores indocumentados de México a EU se ha vuelto mucho más conflictivo de lo que era en 1989, cuando se acababa de aprobar –en 1986- la enmienda Simpson-Rodino que supuestamente resolvería el problema migratorio en definitiva.

 

Tal cosa no sucedió porque esa ley migratoria no hizo nada para cambiar los incentivos que atraen a los trabajadores de México a buscar mejores condiciones de vida fuera de su país ni para elevar substancialmente el costo de hacerlo.

 

El otro elemento que siguió alentando mayores flujos migratorios hacia el norte fue la falta de un adecuado crecimiento económico en México, que permitiera la creación de empleos suficientes y ofreciera mejoras graduales pero sólidas en los salarios reales de los trabajadores.

 

Ello no ocurrió porque se abandonó la agenda de reformas que resultaban indispensables y complementarias de la apertura comercial y sin las cuales no fue posible elevar la competitividad de la economía mexicana como era necesario.

 

Mañana seguiré con esta comparación de la agenda bilateral cambiante.


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