VIERNES, 11 DE MAYO DE 2007
Crudelísimos mercados

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Era evidente que personas sin la menor idea de los riesgos que estaban tomando, apostaba a que las ganancias de capital de muy diversos activos, que habían sido enormes, seguirían indefinidamente hacia el futuro. Todos perdieron.”


He oído infinidad de versiones de la anécdota de Henry Ford, quién puso el auto de combustión interna al alcance de todos los hogares, en la que llega al edificio donde se ubicaba su apartamento en Nueva York, y entabla una conversación de cortesía con el elevadorista.

 

El operario del ascensor le dice que acaba de comprar acciones de cierta empresa, que estaban a muy buen precio, y le pregunta su opinión. Ford le responde que no él especulaba en Bolsa. Al llegar a su apartamento, llamó a su corredor y le ordenó que vendiera su cartera completa.

 

Esto ocurrió en septiembre de 1929, un mes antes de la debacle del mercado accionario de Wall Street. A lo largo de mi experiencia profesional he observado que la sabiduría que entraña esta historia, se repite una y otra vez cuando las burbujas especulativas llegan a niveles insostenibles.

 

El viejo principio de que los bisoños siempre pierden al apostar en mercados que desconocen, no se limita al accionario. Recuerdo que a fines de 1980 empezaron a llegar a México representantes de bancos regionales medianos y pequeños de Estados Unidos en grandes números.

 

Como jefe de análisis económico de un banco comercial mexicano, mi trabajo consistía en presentar, en tono positivo, la situación y perspectivas de la economía, pues los grandes bancos globales los habían invitado a concurrir con créditos sindicados para apoyar nuestra rápida expansión económica.

 

En aquel entonces me sorprendió la ingenuidad de aquellos banqueros que no tenían idea de cómo operaba una economía como la mexicana, ni cuáles eran los riesgos inherentes a prestar en moneda extranjera en países distintos al suyo.

 

Por esa época también recuerdo un viaje a Nueva York en el que concurrí a la colocación del Fondo México, del que era consejero, en la Bolsa de Wall Street. Ese Fondo era el instrumento que permitiría a inversionistas de EU acceder a una cartera diversificada en la Bolsa Mexicana de Valores. En esa ocasión, un taxista de Manhattan me preguntó por las acciones de Telmex.

 

En estos casos, y en muchos otros que carezco de espacio para relatar, era evidente que personas sin la menor idea de los riesgos que estaban tomando, apostaba a que las ganancias de capital de muy diversos activos, que habían sido enormes, seguirían indefinidamente hacia el futuro. Todos perdieron.

 

La noticia hoy es que se está dando un movimiento masivo en China para invertir en los mercados accionarios de Shangai y Shenzhen, dónde ya existen 92.5 millones de cuentas de corretaje accionario, y que en un solo día del mes pasado se abrieron 325 mil nuevas cuentas.

 

Si se considera que 80% de los 1,300 millones de habitantes de China son campesinos, podemos concluir que virtualmente todas las familias urbanas están dedicadas, con frenético entusiasmo, a invertir en las bolsas de valores de su país.

 

El lunes seguiré con esta historia.


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