VIERNES, 11 DE MAYO DE 2007
Ciudad sin civismo

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Estas y muchas otras violaciones a los códigos de conducta cívica reflejan en gran medida el deterioro cualitativo del sistema educativo, formal e informal, pero también a la impunidad con la cual se cometen faltas a diversos reglamentos locales, impunidad que ha venido a ser parte de la cultura de esta ciudad.”


Las instituciones son el conjunto de reglas formales e informales que rigen el comportamiento de los individuos en la sociedad. Las formales son aquellas establecidas en el marco legal y que son, por lo mismo, de cumplimiento obligatorio para los individuos y, sobretodo para el propio gobierno, el agente que además está obligado a hacer que éstas se cumplan. Las informales, por su parte, son las normas de comportamiento que se derivan de las costumbres, reglas que son transmitidas intergeneracionalmente en el proceso educativo, particularmente dentro del hogar y que permiten la convivencia de los individuos en la sociedad, mismas que podríamos denominar las reglas de “comportamiento cívico”.

 

La Ciudad de México es un metrópoli con dos características muy particulares. La primera es que el marco legal local es en muchos aspectos ineficiente y de bajo cumplimiento tanto por los individuos como por el propio gobierno. La segunda es el notablemente bajo nivel de civismo de la mayor parte de la población que habita, estudia y/o labora en esta ciudad, hecho que hace que la convivencia sea difícil y que se refleja en los altos costos de transacción que imperan para llevar a cabo prácticamente cualquier actividad. Cuántos de nosotros no hemos experimentado o inclusive cometido faltas de civismo como las siguientes:

 

a) prender la direccional para cambiarse de carril, que aunque es lo correcto, es la forma más eficiente de garantizar que no nos podamos cambiar ya que el que viene atrás, acelerará para evitarlo; b) ir caminando por alguna banqueta cuidando de no pisar el excremento de algún perro y aunque mucho de éste es producto de los perros callejeros, mucho también es producto de perros cuyos dueños los sacan a pasear y no se toman la molestia de recogerlo; c) ir circulando por alguna calle o avenida con semáforos que está congestionada y ver que un conductor, aunque sepa que no va a avanzar, bloquea la intersección; d) pasar por alguna escuela y la calle está bloqueada, parcial o inclusive totalmente, por los padres que se estacionan en doble o triple fila para que los hijos puedan descender o ascender del automóvil exactamente enfrente de la puerta de la escuela; e) gente que tira todo tipo de basura en las calles a pesar de que haya depósitos para hacerlo, aunque en esta ciudad los botes para basura en las calles son una verdadera curiosidad ya que en la mayor parte de la ciudad no existen; f) conductores que bajo ninguna circunstancia respetan a los peatones; g) gente que se “cuela” en las filas afuera de un cine, teatro o estadio; h) individuos que nunca esperan a que la gente que va a descender de un elevador o del Metro lo haga antes de ellos ascender. Y muchos ejemplos más.

 

Estas y muchas otras violaciones a los códigos de conducta cívica reflejan en gran medida el deterioro cualitativo del sistema educativo, formal e informal, pero también a la impunidad con la cual se cometen faltas a diversos reglamentos locales, impunidad que ha venido a ser parte de la cultura de esta ciudad.


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