MIÉRCOLES, 16 DE MAYO DE 2007
Violencia y ley

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Es preciso actuar de manera preventiva antes que se cometan los crímenes, lo que requerirá de la modificación de leyes y ordenamientos policíacos que requieren de flagrancia en la detención de los criminales para que sean válidos los procesos judiciales subsecuentes.”


El presidente Felipe Calderón lo dijo desde sus primeros discursos en el cargo. El combate contra la delincuencia organizada y el narcotráfico sería una guerra prolongada y costosa que pondría a prueba la fuerza y capacidad de todas las instituciones públicas del país para restaurar la seguridad pública.

 

Sus predicciones se han cumplido puntualmente y las ejecuciones y asesinatos de agentes que pretenden que se vuelva a cumplir la ley en México, se han multiplicado en forma aterradora. Las fuerzas criminales están mostrando el poder que tienen y no hay marcha atrás en esta confrontación.

 

Junto con los muertos, han surgido denuncias que se están atropellando derechos ciudadanos y que el ejército ha roto la ley y actuado con violencia excesiva. Algunas de las críticas que he leído, me parecen exageradas en grado extremo pero señalan un asunto de la mayor importancia que hay que recalcar.

 

Para que la guerra contra el crimen organizado tenga plena legitimidad y siga contando con el apoyo de la sociedad, es indispensable que las fuerzas del orden actúen con la mayor pulcritud y apego a la ley, y que su acciones cuiden los derechos ciudadanos, pues de ninguna manera se puede justificar violentar la ley con el ostensible propósito de hacerla cumplir.

 

Como toda guerra, la que lleva a cabo el gobierno de México debe tener, además de objetivos tácticos claros y alcanzables, una estrategia de largo plazo que permita planear el uso más efectivo de los recursos escasos con los que cuentan las autoridades para derrotar al enemigo.

 

Debe incluir también un mapa de las posibles reacciones de los criminales ante las acciones que afectan con mayor efectividad sus intereses y su subsistencia. Para ello es crucial darle seguimiento al dinero y a la secuela de gasto suntuario y corrupción que deja a su paso.

 

Las labores de “inteligencia” no deben limitarse al espionaje de los sospechosos de estar involucrados con las organizaciones criminales, sino que debe incluir un enfoque multidisciplinario que permita conocer con el mayor detalle posible los patrones de comportamiento criminales.

 

Ello permitiría actuar de manera preventiva antes que se cometan los crímenes lo que requerirá de la modificación de leyes y ordenamientos policíacos que requieren de flagrancia en la detención de los criminales para que sean válidos los procesos judiciales subsecuentes.

 

Como lo ha demostrado el trabajo de economistas que han estudiado la correlación entre actividades criminales y desarrollo económico, el segundo se ve obstaculizado, o de plano impedido, cuando las actividades criminales dominan a la sociedad por los exorbitantes costos que le imponen.

 

En los momentos más aciagos de las guerras, como el que enfrenta hoy la sociedad mexicana en la invectiva que libra el crimen organizado contra las autoridades, es preciso que sus líderes actúen con serenidad, inteligencia y apego a la ley porque el conflicto se puede y se debe ganar: No hay alternativa.

• Inseguridad / Crimen

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