LUNES, 28 DE MAYO DE 2007
Es hora de liberar al mercado mexicano de telecomunicaciones

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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“No hay que ser especialista en telecomunicaciones para darse cuenta que este sector está atrapado en la incompetencia económica. La realidad es que México se está quedando al margen de las innovaciones en telecomunicaciones simple y sencillamente porque no tenemos un mercado competitivo.”


En estos días en que la Suprema Corte de Justicia está revisando la constitucionalidad de la Ley de Radio y Televisión (la Ley Televisa, como le dicen sus detractores), los mexicanos estamos inmersos en una lluvia de términos técnicos propios de las telecomunicaciones. Que si el estándar ATSC, que si la capacidad en megahertz, que si los protocolos, que si el espectro radioeléctrico, que si los requerimientos de banda, que si las tecnologías Wi-Fi y Wi-Max, que si la televisión digital, etc.

 

Lo cierto amigo lector es que no hay que ser especialista en telecomunicaciones para darse cuenta que este sector está atrapado en la incompetencia económica. La realidad es que México se está quedando al margen de las innovaciones en telecomunicaciones simple y sencillamente porque no tenemos un mercado competitivo. Hoy, cuando la convergencia es ya una realidad en varios países (la convergencia de datos, voz y video; la combinación “triple play” como coloquialmente se le llama), en México predomina un mercado oligopólico, en donde sólo unos cuantos se reparten el mercado (que es de los más costosos a nivel mundial) y las leyes aún dejan mucho que desear en materia de competencia.

 

En primer lugar, la combinación de factores tecnológicos para dar servicios de telecomunicaciones debería ser escogida libremente por las empresas que participan en el sector. Si alguien posee un restaurante, el gobierno no debe ordenarle a cuántos meseros contratar, qué tecnología de cocinar escoger y qué tipo de comida ofrecer; eso lo decide el empresario en función de los consumidores a quienes busca conquistar; esa es la regla del libre mercado. Cuando el gobierno se mete a decidir por las empresas, lo único que genera es ineficiencia y quiebra de los negocios. Los gobiernos no poseen la información que tienen los agentes económicos que compiten por ganarse a los consumidores. Bueno, el sector de telecomunicaciones no es la excepción, se trata de un mercado más en donde hay que ganarse al consumidor. No es el gobierno el que debe decidir por las empresas.

 

Desgraciadamente en el sector telecomunicaciones, durante mucho tiempo el gobierno ha sido el único ente que ha decidido cuántas estaciones de radio y televisión tener, cuántas empresas de telefonía fija y móvil existir, de qué anchos de banda disponer, a qué tecnologías acceder, incluso, el gobierno mexicano hasta ha llegado a querer dictar a cuántos empleados contratar. No, así no funciona un mercado.

 

Aún cuando sabemos que a veces puede haber restricciones de tecnología que en determinada parte de un proceso productivo podrían obstaculizar que haya libre competencia (monopolio natural), es finalmente el libre mercado y la evolución tecnológica las que derriban cualquier impedimento técnico.

 

Durante muchos años la odiosa manía del gobierno mexicano de llamar “sectores estratégicos” a determinados mercados de la economía mexicana, sólo ha generado monopolios y oligopolios, públicos y privados, que sólo expolian a los consumidores.

 

Cómo recuerdo cuando el Internet comenzó a entrar en el mercado mexicano. Luego luego surgieron burócratas que querían estatizar los servicios de acceso a Internet. Por fortuna se impuso la cordura, y hoy día es posible acceder a Internet desde cualquier café y/o computadora personal; pero estuvo cerca, los burócratas mexicanos querían ser los únicos oferentes. Ya se imaginará el lector el desastre que hoy sería el Internet si lo hubiera manejado el gobierno.

 

Es hora de liberalizar al mercado de las telecomunicaciones; es hora de quitar a los burócratas de las telecomunicaciones que quieren dictar a las empresas la combinación óptima de tecnología. Hay que quitar las narices del gobierno en el mercado de las telecomunicaciones; la participación gubernamental debe sólo limitarse a vigilar que haya competencia.

 

El gobierno no debe decidir cuántos participantes tener, a quien dejar entrar y a quién no, qué contenidos ofrecer, qué tecnología escoger, etc. El tamaño del mercado, las tecnologías existentes, así como el número y tipo de participantes, deben ser decisiones estrictamente de mercado, es decir, deben ser decididas por la interacción de millones de oferentes y demandantes.

 

Asimismo, debe eliminarse la figura de concesión, pues ello atenta contra la democracia. Sólo hay que ver la tragedia venezolana, donde el gorilón ya está por cancelar la existencia de Radio y Televisión de Caracas (se le acabó el tiempo de concesión; ahí está lo perverso). Los medios (que los hay buenos y malos) son un contrapeso al poder ilimitado de los burócratas, por lo que es peligroso dejarle al gobierno decidir quién entra y por cuánto tiempo.

 

En materia de contenidos (que también los hay buenos y malos), tampoco es el gobierno quien debe decidir qué deben y qué no deben ver en la televisión los mexicanos. Eso es propio de las dictaduras. En este sentido, es lamentable que el presidente de la Cofetel, el capturado Héctor Osuna, continuamente declare que está preocupado por el nivel cultural que los nuevos concesionarios de televisión van a ofrecer a los televidentes. No, y mil veces no, esa no es tarea de los burócratas, eso es un asunto estrictamente de mercado, es una decisión que les compete a los consumidores. Y por Dios, es un mito que los canales culturales no sean rentables. Tal vez no son rentables aquellas opciones televisivas que hacen de la cultura y el conocimiento algo aburrido para los consumidores; sin embargo, ahí están los buenos ejemplos de que cuando se transmiten contenidos de cultura y conocimiento de manera atractiva y didáctica, el éxito es rotundo; sólo hay que ver a las exitosas opciones privadas como Discovery Channel, The History Channel y/o The National Geographic Channel.

 

Quien esto escribe es realista, y está consciente de que la liberación total del mercado de las telecomunicaciones no está a la vuelta de la esquina, pero ello no nos impide señalar cuál es la opción correcta para los consumidores. Por lo pronto, es hora de exigir que los políticos y burócratas saquen las narices del mercado de las telecomunicaciones; su intervención sólo ha sido para favorecer a unos cuantos intereses privados. Es hora de exigir la libertad de elegir para el consumidor mexicano en materia de telecomunicaciones. Aún no es tarde.

 

Los expertos

 

Recientemente la Corte pidió la asesoría de expertos en materia de telecomunicaciones. Se trata básicamente de ingenieros en telecomunicaciones. Sólo nos preguntamos por qué han estado ausentes expertos en economía de las telecomunicaciones. En materia de organización industrial y competencia, la contribución de estos expertos también es de vital importancia.

• Telecomunicaciones

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