JUEVES, 7 DE JUNIO DE 2007
El impuesto único

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“Esta sería una manera eficaz de acabar con el enorme costo para la sociedad y el desperdicio de recursos que ocasiona el actual sistema tributario y, al mismo tiempo, mejorar el ambiente para la creación de riqueza, ya que se incentiva el trabajo, el ahorro y la inversión.”


Una opción, que con éxito han llevado a cabo diversos países con algunas variantes, es la adopción de un único impuesto. En su sentido más puro, esto conllevaría eliminar todos los impuestos actuales, junto con sus múltiples tasas, regímenes especiales, deducciones y exenciones de la estructura tributaria.

 

Esta sería una manera eficaz de acabar con el enorme costo para la sociedad y el desperdicio de recursos que ocasiona el actual sistema tributario y, al mismo tiempo, mejorar el ambiente para la creación de riqueza, ya que se incentiva el trabajo, el ahorro y la inversión.

 

De acuerdo con los expertos, para que el impuesto único genere efectos positivos en la economía debe cumplir con tres condiciones:

 

Primera, el impuesto debe ser simple, fácil de entender y de pagar, porque los impuestos complicados requieren de caros consejeros para los contribuyentes e igualmente caras revisiones y auditorías por parte del gobierno. Además, el impuesto único no debe contemplar absolutamente ningún tratamiento especial para nadie. Los tratamientos especiales invitan a ciertos contribuyentes a buscar formas creativas de aprovecharse de las desventajas de los demás. Impuestos diversos y complicados disminuyen la confianza en el gobierno, invitando a no cooperar con el sistema impositivo y evadir.

 

Segunda, la tasa del impuesto debe ser baja, menor a la tasa total de impuestos que paga la sociedad bajo la actual estructura impositiva. Tasas altas encogen la base tributaria pues reducen los incentivos al trabajo, al ahorro y a la inversión al reducir las utilidades después de impuestos, e incentivan a los individuos a buscar ingresos libres de impuestos; mientras que tasas bajas incrementan la base pues incentivan el trabajo, el ahorro y la inversión al incrementar el retorno de utilidades y recompensar a los individuos de altos ingresos. Además, la evidencia sugiere que la disminución de tasas impositivas hace que los ricos paguen más, por lo que la manera más efectiva de incrementar la progresividad y recaudar más de los ricos es bajar, no subir, la tasa marginal de impuesto.

 

Y la tercera condición es que la tasa del impuesto debe ser la misma para todos independientemente de su ingreso; es decir, la tasa marginal es igual a la tasa general. La lógica de esto es mucho más profunda que sólo simplificar el cálculo del impuesto. Cuando diferentes formas de ingreso son gravadas a diferentes tasas, o cuando diferentes contribuyentes enfrentan diferentes tasas, la gente encuentra cómo aprovecharse del diferencial. Además, el diferencial de tasas tiene efectos negativos en la economía al reducir la formación de capital, la tasa de crecimiento del ingreso personal, la oferta de trabajo agregada con relación a la esperada, reduciendo el beneficio social. Esto es, hay menos incentivos para trabajar, ahorrar e invertir.

 

Una sola tasa mantiene la equidad horizontal, mientras que respecto a la equidad vertical, la introducción de un monto exento, igual para todos, otorga progresividad al nuevo sistema, propiciando una incidencia creciente de acuerdo al nivel de ingreso.

 

Por lo tanto, un sistema tributario basado en un solo impuesto simple, bajo e igual para todos, generaría efectos positivos en la actividad económica al permitir una mejor asignación de recursos e incentivar el trabajo, el ahorro y la inversión.

 

Mis cálculos recientes sugieren que un impuesto único, igual para todos los mexicanos y con una tasa sorprendentemente baja, no sólo incentivaría el crecimiento sino que además igualaría el monto de la recaudación actual y sin las complicaciones de ahora.

• Reforma fiscal

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