VIERNES, 15 DE JUNIO DE 2007
Impuesto del rencor

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Buscar la igualdad de resultados lleva a proponer barbaridades. Buscar la igualdad de oportunidades, incluyendo educación y salud de calidad para todos, es el camino a seguir. El problema es que a los justicialistas el rencor les tiene atrofiado el cerebro y no pueden ni siquiera imaginarse como lograrlo.”


A raíz del artículo de la semana pasada en el cual descalifiqué como una aberración el impuesto a las herencias, un lector me comentó que ese impuesto, complementado con uno a las donaciones a los familiares (para evitar que se herede en vida) tenía una justificación de igualdad social. ¡Aberración todavía peor! Quién utiliza el argumento de justicia social para tratar de justificar cualquier estupidez, particularmente las cometidas por el gobierno, pone a su cerebro en pausa casi permanente y evita analizar las consecuencias tangibles, normalmente negativas, de semejantes medidas de política pública. Y así sucede con tratar de justificar con un argumento de igualdad social el impuesto a las herencias y donaciones. El rencor puro. Veamos algunos ejemplos.

 

Ana Gabriela Guevara es una gran velocista mexicana. Sus habilidades para correr fueron genéticamente heredadas, las cuales junto con su dedicación al entrenamiento, la encumbraron como una gran atleta. ¡Qué injusto es que esté por arriba de la mayoría de mexicanas chaparritas y obesas que prefieren pasarse la vida sentadas engullendo las deliciosas garnachas mexicanas! Es de justicia social amputarle a Ana Gabriela los dedos gordos de cada pie para ponerla en igualdad de condiciones con el resto de sus compatriotas. Igualmente a Lorena Ochoa, que heredó esas habilidades genéticamente, hay que amputarle una mano; ¡es injusto que sea mejor golfista que todos los demás! Isaac Stern es un gran violinista, habilidades heredadas de sus padres, mismas que se complementaron con un esfuerzo continuo de estudio y práctica. ¡Es injusto que sea mejor violinista que los demás; hay que amputarle una mano! Y más, muchos ejemplos más de lo ridículo que es hablar de un impuesto a las herencias ya que ello nos llevaría, en el extremo, a la absoluta aberración de tratar de gravar las herencias que genéticamente nos dan las habilidades físicas para triunfar.

 

Peor aun, esos “justicialistas sociales” que promueven un impuesto a las herencias y a las donaciones no se dan cuenta que los padres normalmente son altruistas hacia sus hijos. Esa actitud altruista los lleva a sacrificar consumo propio y donar esos recursos a la vivienda, vestido, alimentación, educación y salud de sus hijos, partiendo del principio que ese gasto en los hijos aumenta su acervo de capital humano y los pone en una mejor posición para cuando se incorporen al mercado laboral. En la distorsionada visión de esos justicialistas, esa actitud altruista sería calificada como injusta y, en consecuencia, para que hubiese igualdad social, propondrían gravar cualquier gasto que los padres hicieran en sus hijos o peor aun, porqué mejor no obligar a que todos estudien en las escuelas de gobierno y se atiendan en los hospitales públicos, ya que así todos estarían iguales; sí, pero igual de jodidos.

 

Buscar la igualdad de resultados lleva a proponer barbaridades. Buscar la igualdad de oportunidades, incluyendo educación y salud de calidad para todos, es el camino a seguir. El problema es que a los justicialistas el rencor les tiene atrofiado el cerebro y no pueden ni siquiera imaginarse como lograrlo.

• Reforma fiscal

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