LUNES, 18 DE JUNIO DE 2007
José Ángel Gurría, ¿defensor de los consumidores mexicanos?

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“El camino del desarrollo económico pleno es la competencia y la libertad económica, no la protección de los monopolios del gobierno, que siempre actúan contra la libertad de elegir y el bienestar de los consumidores.”


Hace unos meses, al Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el mexicano José Ángel Gurría, señalaba a la globalización como la culpable de la desigualdad social en el mundo. En esta página tuvimos que enmendarle la plana (vía argumentos y evidencia), pues la visión del Secretario en materia de globalización era premoderna y muy identificada con la izquierda ignorante de los procesos económicos fundamentales. Ahora, nuevamente el Secretario de la OCDE nos “deslumbra” con su defensa de PEMEX.

 

Las declaraciones recientes del expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en torno a que México debe modernizar su régimen de inversión para permitir que fluyan recursos privados, nacionales y extranjeros, hacia PEMEX, sacudió los más hondos sentimientos nacionalistoides en México.

 

Como siempre, salieron los nacionalistas revolucionarios (como pulula esta fauna en México) a desgarrarse las vestiduras y declarar frases como, “eso es un asunto de soberanía de México”, “PEMEX es del pueblo”, “un extranjero no nos va a decir qué hacer”, “PEMEX no necesita inversión privada”, y frases así, que sólo expresan el nacionalismo ramplón que mantiene a México atrapado en el subdesarrollo económico.

 

Pero el más lamentable de todos, por su posición internacional, fue el dirigente de la OCDE, José Ángel Gurría, que salió apurado a comentar que no estaba de acuerdo con Greenspan, que la problemática de PEMEX se soluciona con sólo darle mayor libertad fiscal. Falso.

 

Don José Ángel, no le dé cuerda a los estatistas mexicanos (¿o usted es uno de ellos?). El problema no consiste en defender a PEMEX a capa y espada. A quienes tenemos que defender, a capa y espada, es a los consumidores mexicanos, y ello pasa, primero, efectivamente, por quitarle injerencia al gobierno en turno y al sindicato en las decisiones económicas de la empresa petrolera; segundo, por permitir de una vez por todas que la paraestatal mexicana pueda recibir inversión privada, nacional y extranjera, pues hoy día explorar y explotar nuevas fuentes de petróleo en aguas profundas del Golfo de México, requiere de inversiones multimillonarias en dólares, inversiones que el gobierno mexicano simple y sencillamente no puede realizar a falta de recursos, que ni con reforma fiscal seria obtendría (vamos, hasta la socialista Cuba está consciente de los altos costos y está invitando a las trasnacionales petroleras estadounidenses a co-invertir para explotar el petróleo que hay en la zona marítima que le pertenece); tercero, permitir que, además de PEMEX, puedan entrar al mercado mexicano otros oferentes que compitan con la paraestatal, pues ello beneficiaría a millones de mexicanos. La clave es la competencia económica, algo que parece que Gurría no entiende.

 

Así las cosas, José ángel Gurría le sería más útil a la sociedad mexicana si insistiera, al igual que Greenspan, en que es urgente que México reforme su régimen de inversión, y no estar haciéndole el juego a la anacrónica izquierda mexicana.

 

Por cierto, éstas no son las ideas que nos quiere “imponer” un extranjero. Desde hace algunos años en páginas como ésta, varios mexicanos hemos insistido en que la modernización de PEMEX obligadamente pasa por su apertura a la inversión privada. Esto no es nuevo y se basa en la evidencia internacional contundente de que las empresas privadas funcionan mejor que las del gobierno (la reforma que se pretende en México ni siquiera es tan ambiciosa como para privatizar PEMEX; es una propuesta que sólo le daría un poco de aire a la paraestatal permitiéndole invertir con socios extranjeros, como lo hacen todas las petroleras privadas y del gobierno del mundo).

 

Es urgente que México reforme los artículos 25 al 28 de la Constitución, pues en ellos no sólo se violenta los derechos esenciales de propiedad de los particulares, sino además se protegen a los monopolios del gobierno y se limita fuertemente a la inversión extranjera directa. Por sólo poner un ejemplo, en estos artículos se limita la inversión de extranjeros en costas y zonas fronterizas (vamos, algunos extranjeros pueden adquirir casas recurriendo a fideicomisos inmobiliarios, pero se ven limitados para invertir más), lo que frena la generación de riqueza; nada más en el año en curso, se estima que hay inversión extranjera destinada a las costas mexicanas (para proyectos turísticos) que está detenida y que es de alrededor de 1,500 millones de dólares; ahí está el defecto de nuestro régimen de inversión. Increíble, pero resulta que una costa, frontera ó manglar pueden frenar la generación de nueva riqueza, vía inversión turística, en México. Ojalá se pongan las pilas los políticos y cambien estos artículos que más bien emulan a las leyes que rigieron a más de una dictadura comunista.

 

Si México no moderniza su régimen de inversión, además de prevalecer el subdesarrollo económico, existirá toda la vía para que llegue un dictador, que, a nombre del nacionalismo revolucionario, nos sojuzgue.

 

Don José Ángel, el camino del desarrollo económico pleno es la competencia y la libertad económica, no la protección de los monopolios del gobierno, que siempre actúan contra la libertad de elegir y el bienestar de los consumidores ¿Lo entiende, ó es que le sale a relucir su pasado comunista? Si es así, mejor renuncie a la OCDE.

• Competencia

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