El Econoclasta
Jun 22, 2007
Isaac Katz

Capital físico y humano: mismo tratamiento fiscal

El nuevo impuesto que se propone, CETU, reconoce que los ingresos del capital físico y humano son iguales por lo que se les tienden a dar el mismo tratamiento fiscal a ambos, eliminado cualquier sesgo tributario en contra de una determinada fuente de ingreso.

Dentro de las propuestas de reforma tributaria que se anunciaron esta semana destaca la Contribución Empresarial a Tasa Única, que es efectivamente un impuesto al valor agregado calculado sobre el PIB medido a precios de los factores de la producción. Este impuesto tiene la enorme bondad de que grava por igual los ingresos del capital físico y los del capital humano y nos encamina, correctamente, hacia un impuesto proporcional al ingreso independientemente de la fuente de origen de tal ingreso.

 

Suponga dos individuos que en un momento determinado tienen la misma cantidad de recursos y tienen que tomar la decisión de en qué invertirlos. Suponga que el primer individuo decide invertir los suyos en capital físico (planta, maquinaria y equipo) y producir un determinado bien en un sector que opera en un contexto de competencia. Suponga que el segundo individuo decide utilizar sus recursos en educación, es decir decide invertir sus recursos en acumular capital humano y vender los servicios laborales que se derivan de ese capital en un mercado laboral que opera en competencia. Ambos inversionistas esperan, cuando su inversión madure, obtener una tasa de rentabilidad sobre el valor de mercado de su capital. Visto de esta forma, ambas decisiones de inversión, una en capital físico y otra en capital humano, son intrínsicamente iguales, es decir capital físico y capital humano son dos formas del mismo capital, excepto para esos pobrecitos marxistas irredentos que, atorados en el dogma, aun piensan que el capital físico es el resultado de la “explotación” histórica de los trabajadores.

 

Suponga ahora que para aquél que decidió invertir en capital físico, las utilidades brutas de su empresa representan el 10% del capital mientras que para aquél que decidió acumular capital humano, su salario también represente el 10% del valor de mercado de este capital. Ambos obtienen el mismo ingreso sobre su capital, uno en forma de utilidades y otro en forma de remuneración por su trabajo. Como ambas formas de capital son intrínsicamente iguales, el ingreso de ambos individuos debe, en consecuencia, recibir el mismo tratamiento fiscal es decir, ambos tipos de ingreso tienen que ser gravados a la misma tasa. Y esto es lo que logra el CETU.

 

Tal como está diseñado, una empresa deducirá de su ingreso bruto todas las adquisiciones que haga de terceros, así como las inversiones que realice. El remanente serán las utilidades brutas más los salarios pagados, aplicándole a éste la tasa del CETU es decir, los ingresos del capital físico y los del capital humano (utilidades y salarios) se gravan a la misma tasa. Esto se complementa con la reforma propuesta al régimen del ISR para las personas morales, para quienes el impuesto a pagar se calcula como el monto derivado de aplicar la tasa correspondiente a las utilidades brutas y a lo cual se agrega los impuestos sobre la renta retenidos a sus trabajadores.

 

De esta manera, se reconoce que los ingresos del capital físico y humano son iguales por lo que se les tienden a dar el mismo tratamiento fiscal a ambos, eliminado cualquier sesgo tributario en contra de una determinada fuente de ingreso.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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