VIERNES, 29 DE JUNIO DE 2007
Recaudar, ¿palabra maldita?

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“A partir de las condiciones de la hacienda pública en México, cualquier reforma fiscal debe ser recaudatoria, lo cual no quiere decir, al menos no necesariamente, que el gobierno recaude más, sino que recaude mejor, cobrándole a todos por igual.”


Una de las críticas a la propuesta de reforma fiscal presentada por Hacienda es que es recaudatoria, crítica ante la cual uno no puede dejar de preguntar: ¿y qué esperaban? Una y otra vez, desde que asumió la Presidencia, Calderón dejó muy claro que el gobierno, y no solamente el Federal, también los estatales y municipales, necesitan más recursos, antes que para otra cosa, para saldar la deuda social con los más pobres. ¿Y de dónde van a salir más recursos? De la recaudación, ¡tal y como debe ser!, ya que el endeudamiento debe ser una manera extraordinaria de financiar gasto, ¡de ninguna manera ordinaria!

 

Aclarado lo anterior, queda por responder lo siguiente: ¿de los bolsillos de quiénes debe salir la mayor recaudación? En el caso de México, dado el grado de evasión y elusión que existe, la respuesta es: de los bolsillos de los evasores y los elusores, para lo cual, uno, hay que cobrarle impuestos a los informales, que son los principales evasores y, dos, hay que eliminar todos los privilegios tributarios, que son la principal causa de la elusión. Lo ideal es que todos paguen (eliminar la evasión) y que todos paguen lo mismo (eliminar la elusión). La propuesta de Hacienda, ¿apunta en esa dirección?

 

¿Qué se propone para combatir la evasión, que se da principalmente en la economía informal? Un impuesto del 2 por ciento a los depósitos en efectivo que, al mes, sumen más de 20 mil pesos, medida cuya eficiencia está por verse, pero que, independientemente de cuál sea, siempre será menor de la que, para obligar a los informales a pagar impuestos, hubiera tenido el IVA a alimentos y medicinas, impuesto que la ignorancia, la ideología, y uno que otro interés creado, hace prácticamente imposible. En pocas palabras: la medida propuesta por Hacienda para combatir la evasión propia de la economía informal deja mucho que desear.

 

¿Qué se propone para combatir la elusión, que se da de manera principal en las empresas? Un impuesto de control, la CETU, que obligue a las empresas a pagar, por lo menos, el 16 por ciento, lo cual nos indica que muchas están pagando por debajo de ese porcentaje. Es por este motivo que algunos califican de recaudatoria a la reforma, afirmando que, de nueva cuenta, se les cobra más a quienes ya se les cobraba, lo cual, en el caso de la CETU, es cierto, pero debiéndonos hacer la siguiente pregunta: ¿cuánto pagan actualmente? En términos generales menos del 16 por ciento, siendo que la tasa máxima que podrían llegar a pagar, si la ley no hiciera posible la elusión, es del 28 (elevadísima, dicho sea de paso). Hay quienes afirman que, gracias a las posibilidades de eludir, es decir, de pagar legalmente menos, hay empresas que no pagan, ni siquiera, el 5 por ciento (proporción bajísima). Si así fuera (hay que confirmar la cifra), ¿podemos criticar a Hacienda por pretender que paguen por lo menos el 16 por ciento, y calificar, por ese motivo y en tono peyorativo, a la reforma como recaudatoria?

 

A partir de las condiciones de la hacienda pública en México, cualquier reforma fiscal debe ser recaudatoria, lo cual no quiere decir, al menos no necesariamente, que el gobierno recaude más, sino que recaude mejor, cobrándole a todos por igual: si todos pagaran impuestos, cada uno podría pagar menos y, en una de esas, el gobierno terminaría recaudando más. Aunque con limitaciones, la CETU apunta en esa dirección.

• Reforma fiscal

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