LUNES, 2 DE JULIO DE 2007
La Reforma migratoria... ¿se ha ido al retrete?

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Señores analistas bisoños, la negación a la reforma migratoria a quien más afecta es a las empresas norteamericanas del sudoeste y a los consumidores estadounidenses.”


Perdone la expresión amigo lector, pero parece que la propuesta de reforma migratoria del Presidente Bush, se ha ido al retrete.

 

Para algunos analistas en México esto es una mala noticia para el gobierno calderonista y, por supuesto, para México. Perdón, señores analistas bisoños, pero la negación a la reforma migratoria a quien más afecta es a las empresas norteamericanas del sudoeste (y podría tener serias repercusiones para los consumidores estadounidenses). A las pruebas me remito.

 

Aunque con los políticos de Washington nunca se sabe, al parecer la decisión de la semana pasada de postergar el debate a la propuesta de Ley Migratoria, significa que sólo la retomarán hasta después de las elecciones presidenciales del 2008; vamos, parece que pudo más la carrera política de los legisladores.

 

En fin que, ya el tiempo dirá. Lo preocupante es que en algunos políticos norteamericanos (lo que incluye a algunos comunicadores ignorantes como Hugh Hewitt) persiste la idea de que la migración no es buen negocio para EU.

 

En primer lugar, los actuales flujos migratorios a EU (aunque en su mayoría provienen de México, también hay presencia centroamericana muy fuerte), son resultado del diferencial salarial entre los países de origen de los inmigrantes y el mercado laboral norteamericano. Se trata de un asunto económico y no político, pero como siempre, los políticos quieren meter su cuchara, con lo que terminan al final perjudicando a alguien (a los propios norteamericanos).

 

Desde 1870, EU fue campeón en recibir flujos migratorios. Primero fueron flujos provenientes del norte y sur de Europa, luego de Asia y más recientemente se han acentuado también flujos que provienen de México y Centroamérica. Hasta 1924, año en que se promulga la primer Ley de Inmigración, EU es el país en el mundo con más inmigrantes. Casi 50 años recibiendo personas de todo el mundo, le ganaron a EU el nombre de “crisol del mundo”, y vaya que si lo era, fueron años de libre comercio y libre movilidad de personas, fueron años en que EU se convierte en la gran potencia económica del siglo XX.

 

Después de 1924, a pesar de las sucesivas leyes de control migratorio, los flujos de inmigrantes no cesaron; eso sí, se hicieron burocráticos, lo que dio pie a toda una industria de tráfico de personas, de mercado negro.

 

De acuerdo al análisis económico, la inmigración afecta negativamente el salario y el empleo de los trabajadores nacionales (los que residen en el país receptor) que tienen calificaciones similares a los inmigrantes, por lo que este argumento es muy socorrido por los políticos que se oponen a la inmigración. A ver, sólo que hay que aclarar algunas cosas.

 

De acuerdo con un riguroso trabajo académico de Friedeberg R. M. y J. Hunt, llamado The Impact of Inmigrants on host country wages publicado en The Journal of Economic Perpectives, la mayor parte de los análisis de los países receptores de mano de obra (lo que incluye a EU), muestran que por cada 10% de aumento de la población inmigrante, el salario de los trabajadores nacionales (los del país receptor) se reduce en cerca de 1%, cuando mucho. Este resultado es contundente y señala que la mayor parte de los inmigrantes NO sustituyen a los trabajadores del país receptor de mano de obra (sean ó no calificados).

 

Esto significa que los mexicanos y centroamericanos que hoy día llegan al mercado laboral norteamericanos son sólo fuerza de trabajo complementaria y no sustituta de la fuerza laboral norteamericana (no hay juego de suma cero para los estadounidenses, en donde, según la creencia popular ramplona, un empleo para un hispano significa un empleo menos para un norteamericano), que en su mayoría tiene mayor nivel escolar. Los mexicanos y centroamericanos contribuyen a que muchas empresas del sudoeste de los EU puedan producir bienes agrícolas a bajo costo, lo que beneficia a millones de consumidores norteamericanos. Como diría un político mexicano (en una frase tristemente célebre), los mexicanos realizan trabajos que incluso los afro-americanos rechazan hacer. Los empleos de los mexicanos en el campo estadounidense no los quieren ni blancos ni negros, pues no cubre su costo de oportunidad; de acuerdo a su nivel escolar, estos grupos acceden a empleos de mayor calificación, en donde no hay mercado para los emigrantes mexicanos y centroamericanos (con menores calificaciones). Esto en lo que se refiere a trabajos agrícolas. ¿Qué sucede con la producción de bienes duraderos entre las que están algunas manufacturas?

 

Para algunos miopes políticos norteamericanos, la producción de bienes duraderos ha aumentado la desigualdad de los salarios (entre los trabajadores norteamericanos calificados y no calificados), porque las industrias que producen estos bienes emplean una cantidad grande de trabajadores no calificados, entre los que están los inmigrantes, lo que implica, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda, un menor precio, es decir, menores salarios.

 

Este argumento tampoco se sostiene por la evidencia empírica. El flujo de extranjeros que ingresaron a EU en los años ochenta y noventa del siglo pasado, no se limitó sólo a personas no calificadas (y tampoco a hispanos). En ese tiempo también entraron ingenieros y científicos extranjeros que alimentaron centros de tecnología avanzada de EU como Silicon Valley, lo que incrementó la productividad y competitividad estadounidense. Por lo tanto, el ingreso de personas calificadas a EU ha contribuido a mayores salarios en la economía en general. Al hacer una ponderación final de los efectos entre las personas calificadas y no calificadas, los ganadores son, no sólo los consumidores norteamericanos (que gozan de consumir bienes a bajo precio), sino la masa de trabajadores nacionales en general. No entendemos en dónde está la gravedad de que el salario de un conserje norteamericano se haya distanciado del de un ingeniero (también norteamericano), si en la última década ambos duplicaron sus ingresos (producto de la inmigración calificada y no calificada) y viven mejor. Por cierto, las trabas burocráticas que los políticos de Washington ponen a la inmigración, ya no se limitan a la mano de obra no calificada, sino que también la quieren ampliar -de hecho ya la aplican- a personas extranjeras que poseen un doctorado. Qué grave para los norteamericanos, esto podría significar que EU pierda la supremacía económica en el mundo. Allá ellos, pero si la sociedad permite a los políticos decidir por encima de las leyes económicas, los primeros afectados serán los propios ciudadanos estadounidenses.

 

Otro argumento que le gusta a los políticos norteamericanos (sobretodo a ex estrellas de cine como el gobernador californiano Schwarzenegger), es el proveniente de institutos de investigación como la RAND. Institutos privados como éste suelen afirmar que aunque la inmigración aún genera efectos positivos para la economía norteamericana, cada vez menos ésta encaja con las necesidades de la economía norteamericana que ya también necesita de mano de obra más calificada. Asimismo, la RAND señala que las familias numerosas de los inmigrantes suelen hacer uso intensivo de los servicios públicos, lo que afecta a los usuarios residentes de estos servicios. La RAND concluye que hay que poner más candados a la inmigración, pero a los inmigrantes que ya tienen familia en EU, el gobierno norteamericano debería hacer políticas de integración, que estimulen que los hijos de los inmigrantes estudien más años escolares y se incorporen a la cultura estadounidense. Cómo gusta este argumento a algunos legisladores norteamericanos. Nuevamente, la realidad, la evidencia empírica no sostiene estas afirmaciones, que ya hoy se han vuelto creencias incluso entre alguna parte de la población norteamericana.

 

Lamentablemente, los argumentos de la RAND sólo confunden y no arrojan resultados que resistan un análisis más riguroso.

 

En primer lugar, los estudios de la RAND equivocadamente piensan que los inmigrantes ocupan espacios, calificados por niveles educativos, como si la economía estuviera predeterminada. Estudios como los de la RAND pasan por alto factores esenciales de historia económica. A los economistas de la RAND se les olvida que el comienzo de la industrialización en EU sólo fue posible gracias a que había libertad económica plena, lo que incentivó el arribo de seres humanos talentosos que trajeron capital físico y humano de otros lados del planeta (no existían estos factores en EU); los argumentos de la RAND son ramplones, pues sugieren que primero fue el capital humano y luego el desarrollo económico. No, es al revés, primero se da el desarrollo económico en un contexto de libertad económica con protección jurídica a la propiedad privada, y luego se desarrollan instituciones como Harvard ó el MIT. Ahí está la historia económica de EU, sólo que algunos la olvidan.

 

Por otro lado, los inmigrantes contribuyen a la generación de riqueza, satisfaciendo necesidades de los norteamericanos, por lo que también contribuyen con consumo e impuestos al sostenimiento de los servicios públicos.

 

Hoy día los hispanos nacidos en EU tienen tres ventajas que les ayudan a compensar su falta de calificaciones educativas: representan el número más alto de asalariados por familia de entre todos los grupos étnicos que componen a un país como EU, tienen la mayor participación en la población trabajadora y cuentan con familias estables. Por lo tanto, las familias de hispanos descendientes de los inmigrantes tienen prácticamente el mismo ingreso que sus contrapartes blancos y negros, es decir, 55% son propietarios de sus casas en comparación con el 70% de los hogares blancos y 44% de los hogares negros.

 

Como puede verse, en el largo plazo, la inmigración genera capital humano que contribuye a la creación de riqueza (y al consumo) de la economía, lo que además genera descendientes que ayudan a pagar no sólo los servicios públicos, sino también contribuyen al pago de las jubilaciones de los viejos del grupo étnico más numeroso, los blancos.

 

Hemos abusado del espacio, amigo lector, pero podríamos seguir esgrimiendo argumentos a favor de la inmigración en EU y tirando viejos mitos de los políticos.

 

Ya veremos si después los políticos norteamericanos se ponen las pilas, pues de lo contrario, si persisten en querer violar las leyes económicas deteniendo la migración, sólo provocarán daños a la economía norteamericana. Ya veremos si pueden más los argumentos económicos sólidos ó se imponen los viejos prejuicios que sólo hacen daño a las sociedades.

 

Por cierto, amigo lector, en este esfuerzo de tirar prejuicios, no deje de visitar la página de Ricardo Valenzuela y Michael Orshan, http://www.marsound.com/

• Migración

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