MARTES, 3 DE JULIO DE 2007
Reforma migratoria inconclusa

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“Una parte de la ecuación, sin duda, ha sido el fracaso de México para generar un número suficiente de empleos con sueldos dignos que mantengan a los mexicanos en su país. La otra es el éxito de Estados Unidos para generar puestos de trabajo que superan la capacidad de sus residentes legales de ocuparlos.”


Uno podría pensar que debatir las políticas públicas es algo positivo. Pero hay casos en que el exceso de debate puede convertirse en una forma de parálisis.

 

Esto es lo que ha ocurrido en Estados Unidos con la discusión en el Senado de la reforma migratoria. Este jueves pasado, 28 de junio, el Senado sometió a votación una moción, llamada closure, para limitar el debate a 30 horas y proceder al voto de una vez por todas. Los senadores, sin embargo, rechazaron la medida, con lo cual congelaron la reforma migratoria. Debido a que el debate no está formalmente cerrado, no se ha programado un voto. La estrategia de quienes se oponen a la reforma migratoria es debatir y debatir y debatir durante semanas o meses o años o por lo menos hasta después de las elecciones federales.

 

Postergar la decisión, por supuesto, no ayudará a resolver el problema de la migración ilegal. Hay 12 millones de indocumentados en los Estados Unidos que no van a desaparecer por la inacción de los senadores. Tampoco acabará la escasez de mano de obra en la recolecta de cosechas y en industrias como la restaurantera, la hotelería y otras más.

 

Hay razones de mercado que van más allá de los debates de los políticos. El movimiento de personas entre México y Estados Unidos es producto de unas realidades económicas que los políticos no pueden borrar por decreto. Una parte de la ecuación, sin duda, ha sido el fracaso de México para generar un número suficiente de empleos con sueldos dignos que mantengan a los mexicanos en su país. La otra es el éxito de Estados Unidos para generar puestos de trabajo que superan la capacidad de sus residentes legales de ocuparlos.

 

Ni los muros ni los agentes de la patrulla fronteriza ni el temor de los senadores a votar y asumir riesgos políticos pueden hacer desaparecer estas realidades económicas. La única manera de hacerlo sería un desastre financiero en los Estados Unidos… o un milagro económico en el nuestro.

 

No es imposible, por supuesto, tener un milagro económico en México. España fue un exportador de trabajadores durante décadas. Los emigrantes trabajadores españoles se encontraban en distintos países de Europa, pero especialmente en Alemania, Francia y el Reino Unido. Estos emigrantes eran menospreciados y perseguidos, como los mexicanos en Estados Unidos.

 

Hoy, en cambio, cuando ya los españoles pueden vivir y trabajar en cualquier lugar de Europa, España ha dejado de ser un exportador de mano de obra. La transformación es producto de un milagro económico que hizo que España dejara de ser pobre en una sola generación. El gobierno español mantuvo políticas económicas sensatas que no han variado por la alternancia de partidos en el poder. No se requirió de un crecimiento espectacular: simplemente 3.5 por ciento al año en promedio, pero sin crisis ni desplomes.

 

Hoy sólo unos cuantos españoles se marchan a trabajar a otros países y quienes lo hacen son fundamentalmente ejecutivos en busca de oportunidades en una economía globalizada. Los trabajadores prefieren quedarse en sus lugares de origen. Lo mismo podría ocurrir en México: sólo necesitamos mantener políticas económicas sensatas a lo largo de los años y decirles a los gringos que hagan lo que quieran con su reforma migratoria.

• Migración

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