VIERNES, 6 DE JULIO DE 2007
Reforma fiscal, de lo deseable a lo posible

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“Si no queremos más impuestos, no pidamos más gastos gubernamentales. Además de respetar la ecuación impuestos-gasto, olvidada por muchos, un sistema fiscal debe ser sencillo, general, brindar seguridad jurídica, con tasas bajas y competitivas internacionalmente.”


El Presidente Fox presentó un proyecto de reforma fiscal que, con algunas modificaciones, podría haber simplificado la carga fiscal a muchos causantes cautivos y vuelto más competitiva la economía mexicana; sin embargo, el proyecto se “politizó”. Aunque varios de los legisladores del PRI y del PRD entendieron su conveniencia, sus institutos políticos decidieron oponerse como una forma de ganar simpatizantes en los procesos electorales.

 

El actual gobierno no quiso entrar a ese desgaste y enfrentamiento y optó por partir del viejo principio de que “la política es el arte de lo posible”. Tanteó lo que podrían aprobar las bancadas de oposición y, en base a ello, delineó su proyecto inicial de reforma fiscal.

 

Somos partidarios de tasas bajas y leyes fiscales sencillas, sin olvidar la ecuación ingreso-gasto. No podemos exigir mayor gasto en educación, salubridad y programas para los más necesitados y a la vez menos impuestos. Muchos políticos proponen, por un lado, mayor ayuda a los de la tercera edad, a los pobres, educación y medicina gratuita para todos y, por otro, se oponen a cualquier reforma que allegue recursos al estado para financiar lo que piden.

 

Si no queremos más impuestos, no pidamos más gastos gubernamentales. Además de respetar la ecuación impuestos-gasto, olvidada por muchos, un sistema fiscal debe ser sencillo, general, brindar seguridad jurídica, con tasas bajas y competitivas internacionalmente.

 

Mi propuesta, que podría instrumentarse gradualmente, es derogar el Impuesto Sobre la Renta y sustituirlo con el CETU, que es una especie de “flat tax”, con una tasa general del 15%. Reducir la tasa del IVA al 10% (diezmo), pero extenderla a todos los productos y servicios, sin ninguna excepción. En esa forma tendremos un sistema sencillo, proporcional, equitativo, que recaude más con menores tasas y, lo más importante, competitivo a nivel mundial. Una vez instrumentado, significará mayor afluencia de inversión extranjera, lo que se traduciría en más empleos, más crecimiento y, por lo tanto, menos pobreza en nuestro país.

• Reforma fiscal

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