LUNES, 9 DE JULIO DE 2007
Gutiérrez Vivó

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Puedo decir que, en todos los años que me senté frente a los micrófonos de Monitor, nunca se me preguntó de qué iba a hablar ni en qué tono lo iba a hacer, y mucho menos se me prohibió tocar algún tema o se me ordenó hablar de otro. Nunca. La libertad de expresión tiene una deuda con José Gutiérrez Vivó.”


En algún momento, a mediados de 1989, la fecha exacta no la recuerdo, entró mi secretaria a mi despacho y, agitando emocionada los brazos, me dijo: “Le habla Gutiérrez Vivó”. “¿Quién?”, le pregunté, “Gutiérrez Vivó”, me respondió. “Y quién es Gutiérrez Vivó”, le volví a preguntar, a lo cual ella contestó: “¿No lo sabe?” Pues no, a mediados de 1989 yo no sabía quién era Gutiérrez Vivó por una razón muy sencilla, yo no escuchaba radio por la mañana, y no lo hacía por otra razón igual de sencilla: dada la cercanía de mi casa con el deportivo, al cual asistía todas las mañanas a hacer ejercicio, y con la universidad en la cual trabajaba, iba y venía a pie, sin necesidad de usar el automóvil que, como todos sabemos, es el lugar en el cual, por lo general, se escucha la radio. (Además, debo confesarlo, las raras ocasiones en las que, por la mañana, transitaba en mi coche, generalmente entre 8 y 9, escuchaba la hora de Los Beatles).

 

 

¿Para qué me habló Gutiérrez Vivó? Para invitarme a colaborar, como comentarista, en Monitor, que en aquel entonces se trasmitía en el 1110 de AM, Radio Red. Nunca olvidaré lo que me dijo en aquella primera entrevista que tuvimos: “Lo que le estoy proponiendo, al invitarlo a colaborar en Monitor, es que le cambie la vida”, afirmación que, ¡obviamente!, me pareció un tanto cuanto exagerada.  Pero de igual manera nunca olvidaré lo que pasó el primer día que asistí como comentarista a Monitor: la cantidad de personas que me dijeron “lo escuché esta mañana con Gutiérrez Vivó”. No fueron dos, tres o cuatro: fueron docenas. Como periodista, que hasta entonces se había desempeñado en medios escritos (en aquel entonces escribía en el periódico El Financiero y en la revista Expansión), mi participación en Monitor sí me cambió la vida: ¿cuantos radioescuchas gané por cada lector que tenía?

 

De entonces al pasado 29 de junio, con ausencias y regresos, trabajé con Gutiérrez Vivó, quien es quien es, con sus virtudes y defectos, con sus aciertos y errores, pero quien, sin duda alguna, es el periodista más importante de la radio, y allí están 33 años de transmisiones de Monitor.

 

Muchas son las anécdotas que puedo contar de mi paso por Monitor, y si no lo hago es por falta de espacio. Pero lo que sí debo decir es que las más importantes tienen un común denominador: la lucha por la libertad de expresión. Lo que yo viví, ¡no me lo contaron!, a favor de la libertad de expresión en Monitor, no lo he vivido en ningún otro medio electrónico, y he colaborado en muchos más. Honor a quien honor merece.

 

¿Que los problemas de Gutiérrez Vivó comenzaron cuando además de periodista se volvió empresario? Puede ser. ¿Que los problemas se agudizaron porque como empresario cometió errores? Puede ser. ¿Que buena parte de los problemas tienen una de sus causas en el incumplimiento de Radio Centro? Puede ser. ¿Que otra posible causa de los mismos es un complot, si no orquestado, por lo menos solapado por Fox? Puede ser. Y contesto a cada pregunta con un puede ser porque no conozco la respuesta, pero sí conozco las consecuencias de todos esos problemas: Gutiérrez Vivó está fuera del aire, en detrimento de la libertad de expresión, misma que tiene una deuda con él. Al pan pan y al vino vino.

 

A título personal puedo decir que, en todos los años que me senté frente a los micrófonos de Monitor, nunca se me preguntó de qué iba a hablar ni en qué tono lo iba a hacer, y mucho menos se me prohibió tocar algún tema o se me ordenó hablar de otro. Nunca. Lo único que me pidió Gutiérrez Vivó fue: “Siempre esté usted seguro de lo que va a decir al aire”. Hoy no lo digo pero sí lo escribo: la libertad de expresión tiene una deuda, ¡y no pequeña!, con José Gutiérrez Vivó. ¿Cómo se le va a pagar?


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