MIÉRCOLES, 11 DE JULIO DE 2007
Gringadas y mentadas

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Roberto Salinas







“Sin una eventual reforma migratoria, bien instrumentada, bien observada, que logre incorporar a nuevos contribuyentes a la base fiscal estadounidense, habrá varias consecuencias muy poco atractivas para los beneficiarios del sistema de seguridad social, al norte de la frontera.”


La lógica económica, parece, no tiene lugar en los berrinches cotidianos de la gran mayoría de políticos estadounidenses. Más bien, las posiciones parecen ser informadas por la xenofobia, no por el sentido común. Qué pena para ellos.

 

Pero qué pena para nosotros, lo demás, también. Tenemos la oposición reciente a los tratados comerciales con Centroamérica y con Colombia, inspirados por imponer unos requerimientos imposibles, equivalentes a limpiar las almas latinoamericanas de todo mal, ajenos a los asuntos comerciales de los tratados. O, adicionalmente, basados en “hechos” virtuales, inventados, imaginaciones de mala fe, como el supuesto “fracaso” del tratado en América del Norte (sobre todo, se cacarea, en materia agrícola).

 

Vaya favor a los terroristas, los neo-populistas, así como al crimen organizado, que prevalecen en la región: cerrarle la puerta a comerciar, a intercambiar bienes e inversiones, con el exterior. Falta de compromiso con los aliados, pero falta de compromiso también con lo que le conviene a los mismos residentes estadounidenses.

 

La misma inteligencia visceral se manifiesta en los debates sobre la inmigración, y la posibilidad de una reforma migratoria. Esta no sería caridad. Por un lado, el problema sí reside, al final del día, en generar mejores condiciones de crecimiento interno—con lo que no tendríamos que exportar a nuestros mejores activos laborales, ya sea a la ruta informal, o a la frontera del norte.

 

Empero, por otro lado, los “gringos” serían beneficiarios de dos grandes ganancias con una reforma migratoria. Por un lado, ni el muro más grueso puede detener el curso de las fuerzas económicas de integración. Hay demanda constante y creciente, por servicios, por mano de obra poco calificada, que rebasa la capacidad de oferta laboral interna dentro de los propios EUA.

 

¿Acaso la xenofobia de un senador detendrá esta inercia? ¿O el nativismo de algún perfecto idiota norteamericano? Vaya, ¿qué insumos laborales usarían para construir algún semejante muro?

 

Hay otra consideración, que Ricardo Medina menciona en sus ideas al vuelo: el impacto fiscal de una reforma migratoria. Ya lo había advertido, entre líneas, Alan Greenspan: sin una eventual reforma migratoria, bien instrumentada, bien observada, que logre incorporar a nuevos contribuyentes a la base fiscal estadounidense, habrá varias consecuencias muy poco atractivas para los beneficiarios del sistema de seguridad social, al norte de la frontera.

 

Dado el costo exponencial de la población de jubilados a partir del año 2010, los famosos “baby-boomers,” el sistema de seguridad social estadounidense caería en quiebra técnica. Sin una nueva fuente de contribuyentes fiscales (generados, por ejemplo, a través de una legalización paulatina de inmigrantes) que haga frente a estos costos, o habría que aumentar impuestos para cubrir los faltantes, o habría que elevar la edad para retirarse, o habría que recortar los beneficios que hoy recibe la comunidad de jubilados.

 

Por ello decimos—no pedimos caridad, ni en reforma migratoria, ni en la apertura comercial. Pero la respuesta hasta ahora es una “mentada,” o más bien, “gringada.”

• Migración

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