DOMINGO, 27 DE NOVIEMBRE DE 2005
Proteger a la gente, no a los empleos

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““Proteger los empleos”, sólo significa cubrir las pifias empresariales y fomentar la formación de rentas monopólicas. Si no comprendemos cómo funciona el mercado abierto, difícilmente abandonaremos el subdesarrollo.”


En los últimos meses la empresa automotriz norteamericana General Motors (GM), ha tenido una serie de descalabros financieros que pueden traer como consecuencia que el consorcio estadounidense pierda el primer lugar como productor mundial de automóviles.

 

De hecho, ha trascendido que GM cerrará 12 plantas en EU para con ello dejar de producir alrededor de un millón de vehículos cuyos mercados destinatarios son Norteamérica (EU y Canadá). De acuerdo a reportes financieros, en los primeros nueve meses de este año, GM reportó perdidas por más de 4 mil millones de dólares. La situación anterior ocasionará el despido de unos 30 mil trabajadores. Y es que en los últimos 10 años, GM ha pasado de tener el 33% del mercado automotriz estadounidense, al 26.2% de dicho mercado. En contraste, las empresas automotrices japonesas han visto aumentar su cuota de mercado en EU.

 

Por lo pronto, la empresa nipona Toyota está a punto de desplazar a GM como la primer empresa productora de autos en el mundo. Para finales de este año, Toyota espera cerrar por cuarto año consecutivo con ganancias récord. Esto ha hecho que la empresa anuncie nuevos planes para la construcción de nuevas plantas en EU con objeto de aumentar su producción. En este mismo sentido, están otras compañías niponas automotrices como Nissan y Honda, las cuales también han ganado mercado a GM, lo que les da también incentivos a invertir en nuevas plantas en el mercado estadounidense.

 

La situación arriba descrita es un ejemplo de los beneficios de la libre competencia en los mercados. En los últimos años GM apostó a diseñar modelos de automóviles de uso intensivo en gasolina. Le llamaron a esta política “el orgullo americano” que significa usar autos de tamaño grande cuyo consumo de gasolina por lógica es también grande. El problema es que hoy, a diferencia de los años cincuenta y sesenta, el petróleo se ha vuelto un mercado muy complicado en donde predominan regulaciones gubernamentales y entornos políticos adversos que se ven reflejados en guerras y conflictos internacionales. Petróleo sigue habiendo en abundancia, sin embargo, cada vez más el oro negro se produce en condiciones en donde no reina la libre competencia, y sí en cambio, los monopolios y las regulaciones gubernamentales. Todo esto ha provocado que los consumidores opten racionalmente por autos más pequeños y más ahorradores de combustible, pues petróleo caro significa también gasolina cara. 

 

Estamos siendo testigos de una especie de “destrucción creativa”, en donde no sólo ganarán cada vez más aceptación entre el público los autos económicos de combustible, sino incluso también los vehículos de energías alternativas como la electricidad ó la energía solar. Estamos viendo sólo el principio. Es obvio, GM y otras empresas norteamericanas productoras de automóviles no han leído bien las preferencias de los consumidores.

 

Por lo pronto esto es una lección del por qué los gobiernos deben proteger a la gente y NO los empleos. Si la situación anterior estuviera pasando en México, ya habrían salido nuestros “sabios” políticos en materia económica a decretar toda una serie de políticas arancelarias que “protegieran” a la industria nacional (suponiendo que fuera alguna empresa mexicana la afectada) con objeto de “preservar” los empleos. Así, lo más probable era que crearan una “Ley Sustentable de la Industria Automotriz” ó una tontería parecida. Por fortuna, en los EU, aunque también operan congresistas miopes con intereses creados, no dominan como en México.

 

Es el libre régimen de inversión de EU, que ha sido tradicionalmente el mejor del mundo, lo que provoca situaciones como la de la industria automotriz descrita arriba.

 

En primer lugar, en el mundo de los negocios hay riesgos y su control depende del talento empresarial de accionistas y managers. Si hay un error, las empresas lo pagarán en el mercado perdiendo consumidores. Este es el caso hoy de GM y de otras compañías automotrices estadounidenses. Es cierto, en el corto plazo hay pérdidas de empleo en el sector. En este caso, los trabajadores de GM en particular, son los perdedores. Pero esta es sólo la primera parte de la historia. La pérdida de empleos en GM no significa para EU una pérdida de riqueza nacional ó para decirlo en los términos que suelen usar nuestros legisladores, no significa una pérdida de “soberanía nacional” y mucho menos, como se dice en la jerga de los economistas, una pérdida neta social. Por el contrario, para EU este fenómeno significa nueva creación de riqueza neta social. Es cierto, hay gente que pierde el empleo, pero a la vez se crean otros, en este caso, Toyota y demás competidores nipones con sus nuevas inversiones (resultado de la mayor demanda) no sólo compensan la pérdida de trabajos en GM, sino que estimulan más creación de riqueza ¿Por qué? Por el sólo hecho de que al competir obligan a que los precios de los automóviles vayan a la baja. Precios más bajos de los automóviles significan que más consumidores tienen acceso a un auto. Asimismo, para las numerosas empresas que usan amplias flotillas de autos, carros más económicos en precio y uso de combustible, implican que tendrán mayores recursos monetarios para invertir más en plantas y crear con ello más empleos. En pocas palabras, carros más bajos en precio hacen más ricos a consumidores y a empresas. El problema es que este fenómeno pasa desapercibido para los políticos y para alguno que otro economista despistado. Especialmente en México.

 

Así, en conjunto, las economías se ven beneficiadas con mayor creación de riqueza producto de la competencia y de las economías abiertas. Lo anterior es una lección del por qué los gobiernos lo que deben garantizar es que la gente, si pierde un empleo, encuentre rápidamente otro, y la mejor manera de lograrlo es hacer que la ley garantice la libre competencia nacional e internacional (esto se expresa a través de un mercado laboral flexible quitando barreras a la entrada de nuevas compañías).

 

“Proteger los empleos”, sólo significa cubrir las pifias empresariales y fomentar la formación de rentas monopólicas. En México la siempre estúpida elección de proteger a los empleos en vez de a la gente es lo que ha hecho que en nuestra economía predominen los buscadores de rentas. Azúcar, textiles, agroindustria, telecomunicaciones, petróleo, electricidad, son sólo un ejemplo en donde reina ésta cultura en nuestro país. Hoy países europeos como Francia, Alemania, Bélgica e Italia están sufriendo las secuelas sociales de darle protección a los empleos por encima de a las personas. Si no comprendemos cómo funcionan los mercados abiertos, difícilmente abandonaremos el subdesarrollo. La experiencia internacional exitosa ahí está (Nueva Zelanda, Inglaterra, Irlanda, Hong-Kong, los mismos EU, por citar algunos). Las políticas económicas exitosas son las que ven por la gente, por el consumidor, nunca por los intereses corporativos y menos cuando éstos se ven afectados por la competencia extranjera.


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