De capital importancia
Jul 18, 2007
Roberto Salinas

Apetito de auto-destrucción

México es un eje fundamental para el futuro de los criterios económicos de la región. Esta es, de alguna forma, la última oportunidad para hacer las cosas que se quedaron pendientes, y hacerlas bien.

La derrama económica en la zona latinoamericana implica una paradoja para el futuro de la región. Sabemos, por un lado, que un país no puede prosperar bajo las recetas de estatización, planeación central y otras terribles medidas del nuevo populismo. Pero, entonces, ¿por qué han florecido las recetas equivocadas probadas en países como Bolivia, Venezuela o Ecuador?

 

Sobre este tema, Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner y Plinio Apuleyo Mendoza distinguen entre dos tipos de “izquierda” latinoamericana, en su nueva polémica, El Regreso del Idiota. Por un lado, existe la izquierda “vegetariana,” auto-descrita como una política “progresista,” que usa medios de mercado para fines sociales, pero que, en el fondo, respeta los criterios de desarrollo como apertura comercial, estabilidad de precios o equilibrio en las finanzas públicas. Chile es el ejemplo favorito—gobernado durante casi dos décadas por gobiernos de izquierda, pero con niveles de desarrollo dignos de naciones desarrolladas.

 

Nuestro criterio es diferente—hay, en política económica, lo que funciona, y lo que no funciona. Además, entre lo que funciona, es necesario hacer las cosas bien, aterrizarlas hasta las últimas consecuencias. Si a los ingredientes de este recetario se le quiere llamar de “izquierda,” o “progresista,” o de “derecha,” o de “centro-izquierda,” es un asunto de gustos semánticos. La distinción entre “derecha” e “izquierda,” en materia económica, no es de utilidad, de hecho, sólo contribuye a oscurecer el debate, el diálogo abierto, sobre los requisitos para lograr mayor crecimiento y mayor nivel de vida.

 

Otro tipo de izquierda, nos dicen nuestros tres amigos, es de índole destructivo—la “izquierda carnívora,” tipificada por Chávez, Evo Morales, y en nuestro país, uno que otro mesías tropical. La izquierda “carnívora,” así vista, implica las recetas antiguas de perfecta auto-destrucción: estatización de los medios de producción, manipulación de los mercados financieros, política fiscal expansiva, y demás.

 

Sabemos que este apetito de auto-destrucción implica una crisis estructural en esos países, tarde o temprano. La paradoja es, precisamente, ¿por qué? ¿Es poder político? ¿O es ignorancia? ¿Acaso enfrentamos una teología del nuevo populismo? No sabemos. Haría una gran diferencia, para sus propias causas, que los programas de política económica de los Chávez y los Morales se centraran en las recetas que funcionan. La evidencia nos dice que, eventualmente, esos países sufrirán mayor pobreza.

 

México, así visto, es un eje fundamental para el futuro de los criterios económicos de la región. Esta es, de alguna forma, la última oportunidad para hacer las cosas que se quedaron pendientes, y hacerlas bien. De otra forma, podríamos enfrentar el mismo tipo de apetito auto-destructivo que hoy caracteriza a esta supuesta izquierda “carnívora.”

 



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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