LUNES, 23 DE JULIO DE 2007
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“En México la discrecionalidad del gobierno, a la hora de decidir sobre impuestos, es total. ¿No hay legisladores capaces de corregir tales excesos y defectos?”


La izquierda, por lo general, no entiende de economía, y muestra de ello la tenemos en muchos de los puntos que integran la propuesta fiscal presentada por el Frente Amplio Progresista, que en esta ocasión, como en muchas otras, muestra su vocación de retaguardia estrecha retrograda (rer).

 

El FAP/rer propone, entre otras cosas, un impuesto del 35 por ciento “sobre utilidades”, lo cual, de llegar a operar, daría como resultado que el recaudador se quedara con poco más de la tercera parte de las utilidades de la empresa, lo cual sería un robo con todas las de la ley, que de entrada plantearía la siguiente pregunta: ¿qué justifica que el gobierno se quede, independientemente de cuál sea la utilidad generada - poca, regular o mucha -, con el 35 por ciento de la ganancia obtenida por el contribuyente? Por favor, que alguien del FAP/rer atienda la pregunta y la responda.

 

El hecho es que allí tenemos a un grupo de representantes de la izquierda decidiendo con qué porcentaje de sus utilidades pueden quedarse los empresarios - y vale la pena subrayarlo: de sus utilidades -, muestra, una más, del poco respeto que la izquierda (y en general cualquier gobierno, independientemente de su posición en el espectro político), tiene por la propiedad.

 

¿Sabe la izquierda, más allá de responder que son el resultado de restarle al ingreso el costo, qué son las utilidades? ¿Sabe cómo se generan? ¿Sabe qué papel juegan cara a los intereses de los consumidores? ¿Sabe de qué manera contribuyen a economizar, es decir, a hacer más con menos, pero, sobre todo, a producir aquello que los consumidores valoran más? ¿Sabe qué papel desempeñan en los avances en materia de productividad y competitividad? ¿Sabe cuál es su función de cara a las inversiones que realizan los empresarios? La respuesta es que no tienen la menor idea, ya que, si la tuvieran, lo último que harían sería proponer un impuesto que las grave al 35 por ciento, independientemente de que sean inversiones directas o financieras.

 

La izquierda, por lo menos la del FAP/rer, ¿sabe que la ganancia es la remuneración propia del empresario, y que en la medida en la que esa remuneración mengüe también lo harán las inversiones, sobre todo aquellas más innovadoras, de las cuales dependen, no solamente los pasos cuantitativos, sino los saltos cualitativos y, por lo tanto, la posibilidad de un mayor bienestar material para un mayor número de gente? Y ya llegados a este punto, ¿qué puede ser más eficiente para ir mejorando las condiciones de vida de los menos favorecidos: la redistribución llevada a cabo por el gobierno o las inversiones realizadas por los empresarios?

 

A usted, lector, en su calidad de contribuyente, ¿no se le va el sueño cada vez que algún grupo de políticos, de izquierda o derecha (insisto: un común denominador de los gobernantes, sean de izquierda, centro o derecha, es su poco respeto por la propiedad), se pone a elucubrar qué impuestos cobrar, a qué tasa hacerlo, y a quiénes imponérselos? Porque lo que están haciendo, al final de cuentas, es decidir con qué porcentaje de SUS ingresos, SUS utilidades, SU patrimonio puede usted quedarse. ¿Y todo por qué? Porque en México la discrecionalidad del gobierno, a la hora de decidir tales cosas, es total. ¿No hay legisladores capaces de corregir tales excesos y defectos?

• Reforma fiscal

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