MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2005
Para superar el siglo XIX (4)

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“Gracias a la existencia de sólidos –y transparentes– mercados de capitales el talento se ha convertido en empresas que han aumentado el bienestar de la humanidad.”


Cuando Schumpeter escribió el texto original de su Teoría del Desarrollo Económico (1911) los mercados de capitales estaban en pañales; sin embargo, la genialidad del economista austriaco fue distinguir con claridad que un elemento clave de las exitosas destrucciones creativas es precisamente que exista un mercado activo en el que los talentos puedan transformarse en capitales, y éstos en medios de producción al servicio de las ideas innovadoras.

 

Tras explicar “el fenómeno fundamental” de la destrucción creativa –capítulo II de su Teoría- Schumpeter se lanza a una larga y cuidadosa explicación acerca de la naturaleza del dinero y la naturaleza del capital (en función, precisamente, del desarrollo o desenvolvimiento económico) en el tercer capítulo de su obra fundamental.

 

Vale la pena releer, con ojos del siglo XXI, las disquisiciones de Schumpeter acerca del capital. Por lo pronto, tomemos la definición que formula tras un examen cuidadoso:

 

“Definiremos, por tanto, al capital como la suma de medios de pago disponibles en cualquier momento para transferencia a los empresarios”.

 

Atención: No es “crédito”. El crédito, advierte el propio autor, se traduce para el empresario, en el mejor de los casos, en “préstamo” no en adquisición de los medios de producción técnica para realizar la idea innovadora. El crédito y la banca tradicional actúan –advierte– en el terreno cotidiano de “la corriente circular” de la economía, como crédito al consumo o como crédito para subvenir las necesidades ordinarias de una empresa en funcionamiento (por ejemplo, crédito descontando facturas de ventas ya hechas pero aún no liquidadas al empresario), en tanto que el capital se inscribiría, por el contrario, en el mismo proceso de desarrollo o desenvolvimiento económico, como un agente específico que transfiere al innovador, asociándose con él, medios de pago para adquirir los medios de producción técnica necesarios para la innovación.

 

Es claro que las definiciones de Schumpeter podrían resultar, apenas salidos del siglo XIX, cuando menos extrañas o complejas. La ausencia en su tiempo de mercados de capitales desarrollados tal como ahora los conocemos hacía difícil entender a qué se refería el economista austriaco cuando insistía en distinguir el par “crédito y dinero” del par “inversión y capital”. Hoy esta distinción es común y fácilmente entendible. Lo que merece rescatarse del pensamiento original de Schumpeter es su énfasis en definir el capitalismo como el sistema –el único sistema– que permite el desarrollo económico y no sólo la persistencia o subsistencia de la vida económica. Es decir, el secreto del capitalismo para Schumpeter consiste en esa asociación venturosa entre el talento innovador y el capital para que nuevas combinaciones entre los factores de la producción tengan lugar y provoquen, a la postre, un salto en la productividad que derrama sus beneficios en toda la economía.

• Productividad / Competitividad

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