Ideas al vuelo
Ago 20, 2007
Ricardo Medina

“Mi caudillo es el sol azteca y López mi copiloto”

Urge elevar la calidad histriónica de nuestros políticos. Anhelan, sin duda, facturar frases para inmortalizarse en bronce y acaban, lastimosamente, profiriendo babosadas retóricas.

De que les gusta el tono melodramático, les gusta. Lo malo es que carecen de neuronas, destrezas o conocimientos para desarrollar con decoro, sin incurrir en el ridículo, esa vocación histriónica. Necesitarían leer más a Cicerón o a Séneca o, cuando menos, al moderno Cioran que siempre es muy citable ante coros de intelectuales.

 

El otro día, el senador Manlio Fabio Beltrones intentó un juego retórico con la gasolina, la pobreza y la reforma fiscal. Lástima, la pólvora lingüística le salió mojada y aquello no encendió imaginación alguna, ni siquiera la de los locutores radiofónicos que tienen la rara virtud de entusiasmarse hasta con la más gastada de las frases hechas.

 

Dos o tres días después superó la marca el siempre dicharachero Andrés López Obrador cuando sentenció: “El PRD sólo puede tener como caudillo al PRD”. Se llevó “la de ocho” como se dice en la jerga de los periódicos: Es una frase corta, suena definitoria y definitiva. El problema –para quienes todavía creemos que las palabras tienen significado y las oraciones sentido- es que la frasecita es un disparate, algo así como decir: “¡Al diablo con las instituciones!, atentamente: el diablo”.

 

Hasta ahora, sin embargo, mi favorita entre las babosadas retóricas, por su complejidad y porque revela en forma magistral cómo un intento voluntarioso de fabricar una frase ingeniosa puede terminar en un estruendoso ridículo, fue escrita por un anónimo redactor de noticias de espectáculos que dio a luz este ayuntamiento imposible de metáforas desgastadas: “Fulanito llevó agua a sus molinos de viento”. El pobre autor de este disparate jamás cayó en la cuenta de que hay molinos que mueve el viento y hay molinos que mueven las corrientes de agua, y que del incesto de dos metáforas fatigadas por el uso, y con sentidos diversos, sólo puede surgir un engendrito ininteligible.

 

Tan mala es esa combinación de molinos metafóricos que podría usarse para describir a estos aspirantes fallidos al melodrama: Quieren mover las aspas de un molino de viento a salivazos… o las paletas de un molino de río a soplidos.

 

Eso sí: “No hay más caudillo que el sol azteca, ni más copiloto que López, nuestro Señor”. ¿O era al revés?



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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