LUNES, 20 DE AGOSTO DE 2007
¿Por qué no soy de izquierda?

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“En primer lugar, porque no entiendo qué diablos es eso de “ser de izquierda”. Ya se que algunos dirán que lo que pasa es que no entiendo lo que es verdaderamente la izquierda. Concedido. Razón de más para no ser lo que ni siquiera entiendo.”


En primer lugar, porque no entiendo qué diablos es eso de “ser de izquierda”.

 

El otro día el escritor Héctor Aguilar Camín citaba una ocurrencia del conocido estudioso de la filosofía política, Giovanni Sartori, que decía así: “Izquierda es hacer el bien para los demás, derecha el bien para sí; izquierda es Kant, derecha Benthman”.

 

Lo primero que me sorprendió de la frase –si es que de veras la escribió Sartori- es la capacidad de algunas personas cultas e inteligentes para decir de vez en cuando auténticas idioteces. Es tan vacua la descripción –y tan injusta con Kant y con Bentham y con toda la ética- como proclamar: “Los buenos somos de izquierda; los malos son de derecha”.

 

Si ser de izquierda es proclamarme –con infinita modestia– como la bondad encarnada, no, no soy de izquierda. Algo me conozco y no soy tan mentiroso como para asegurar que siempre pongo el bien de los demás por encima del propio. Más todavía, si la definición atribuida a Sartori fuese cierta casi no debe haber gente de izquierda en el mundo. O los que se proclaman de izquierda son una legión de hipócritas presumidos.

 

En segundo lugar, no soy de izquierda porque no me gustan las multitudes y –tratándose de personas y de cosas importantes- mis conocimientos de aritmética son muy limitados: sólo se contar de uno en uno. Cada persona es única y procuro no tratar a las personas, como no me gusta que me traten a mí: Como si fuese otra lenteja perdida en un costal de lentejas.

 

Es decir, detesto el colectivismo. Sólo se conversar de persona a persona, sólo se amar de persona a persona. Y esto, no sólo porque siga la máxima que le atribuyen a Kant –“no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”- sino porque de veras estoy convencido de que cada persona es única e irrepetible, llena de misterio.

 

En tercer lugar, no soy de izquierda porque detesto que alguien pretenda saber mejor que yo lo que yo pienso, lo que yo siento y lo que yo debo hacer. Mal que bien, la conciencia todavía me funciona –aunque a veces trate de anestesiarla, inútilmente- y no estoy dispuesto a entregársela en comodato a ningún iluminado, a ningún partido, a ninguna iglesia, para que me libre de la inmensa carga de ser yo el responsable de mis actos y omisiones. Me parece un pésimo negocio dejar que las estructuras de producción, las condiciones sociales, el líder del partido, el cura o el confesor, mi mamá, mi papá, mi esposa, mis hijos, el patito dizque legítimo, el presidente de a verdad, Bush, mi jefe, el imperialismo, el politburó o la asamblea popular se conviertan en mi conciencia.

 

Lo cual me lleva a la cuarta razón por la que no soy de izquierda: Prefiero seguir siendo libre para cometer mis propios errores y aciertos. Mis broncas y mis logros me los busco yo solito y detesto a la gente que les echa la culpa de sus actos a los demás o a entes abstractos. Además, la experiencia propia y ajena (la historia, en fin) me ha mostrado que, como conjunto, todos funcionamos mejor si somos libres y cada cual asume las consecuencias de su libertad.

 

Ya se que algunos dirán que lo que pasa es que no entiendo lo que es verdaderamente la izquierda. Concedido. Razón de más para no ser lo que ni siquiera entiendo. Pero, además, ése es el problema con la izquierda y con la mayoría de quienes se proclaman orgullosamente izquierdistas: Caen en la idiota definición atribuida a Sartori: “La izquierda es la bondad y el altruismo; la derecha es la maldad y el egoísmo. Soy de izquierda porque soy bueno”. ¿Por qué digo esto? Porque infaliblemente un autoproclamado izquierdista va a decir, por razones obvias, que él está en lo correcto y que él es bueno. A tal grado ha llegado esta falsificación moralista –no me juzgues por mis actos, júzgame por mis impolutas intenciones- que nadie en los tiempos que corren confesará: “Pues yo sí soy de derecha”, porque eso socialmente equivale a decir: Soy egoísta, despiadado, inculto, cavernario…

 

Una última anotación: Dado que no soy de izquierda no voy a decir la típica tontería políticamente correcta: “Necesitamos una izquierda moderna”. Es como decir: “Necesitamos una dieta balanceada”. Pues sí, y también necesitamos aire puro y agua limpia y cosechas abundantes y sol y lluvia y un poquito de proteínas y carbohidratos… y decencia.

• Izquierda y derecha

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