VIERNES, 7 DE SEPTIEMBRE DE 2007
No aumentó la aversión al riesgo, disminuyó la ignorancia

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Los inversionistas en los mercados internacionales no se han vuelto, tras la crisis de las hipotecas de baja calidad, ni más temerosos, ni más ambiciosos que antes. Simplemente, ahora saben un poquito más que ayer.”


En los últimos días ha adquirido popularidad entre algunos analistas la versión de que la crisis de las hipotecas de mala calidad otorgadas en Estados Unidos, que golpeó a los mercados financieros mundiales, arrojó como primer saldo un aumento en la aversión al riesgo por parte de los inversionistas.

 

Es una explicación errónea: La naturaleza humana no ha cambiado. Lo único que se modificó fue que más inversionistas vieron riesgos que antes no veían a pesar de que estaban ahí. No es que antes fueran temerarios y de súbito se volvieran miedosos; mucho menos es que antes fueran conformistas y de repente se volvieran ambiciosos. Nada de eso. La crisis ha servido para que se destapase información pertinente que la gran mayoría estaba pasando por alto. Los mercados funcionan mejor cuando hay más información. Por paradójico que suene: Hoy los mercados están en mejores -o menos malas- condiciones que antes del mes de julio.

 

¿Es importante el punto? ¡Es importantísimo! De un diagnóstico erróneo surgen malas decisiones. Por ejemplo, un comentarista señalaba ayer: “La gente que tiene dinero va a exigir un pago mayor por ponerlo a disposición de empresas y Gobiernos”. No es así: La gente no se va a conformar tan fácil como antes con la promesa de un pago mayor, va a fijarse un poco más en los fundamentos que garanticen la viabilidad de la tasa de retorno prometida.

 

El primer efecto de estas crisis es aumentar el discernimiento en los mercados. Por ejemplo, papeles gubernamentales: Si sólo contase la tasa prometida: ¡hay que comprar bonos de la deuda argentina!; pero si uno se fija más – gracias a la crisis- en la solidez de la promesa de retorno, preferirá sin duda invertir en deuda del gobierno mexicano. Los indicadores de “riesgo país” son más que elocuentes.

 

¿Esto le pegará a muchos proyectos de inversión? ¡Desde luego!, pero les pegará a los proyectos que no tengan fundamentos económicos sólidos que respalden su reclamo de dinero de los inversionistas.

 

El corolario lógico es que hoy, con mayor razón que nunca, en México se debe cuidar la solidez de las finanzas públicas y su manejo responsable.

• Especulación

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