Pesos y contrapesos
Sep 7, 2007
Arturo Damm

Nuevo impuesto a la gasolina, ¿uno más?

De aprobarse el impuesto será una muestra más de la petrolización de la recaudación, en particular, y de las finanzas gubernamentales, en general.

Si de originalidad se trata (y, ¡por favor!, entiéndase que esto lo digo de manera sarcástica), nuestros legisladores no tienen igual. ¿El gobierno necesita más recursos, porque quiere gastar más? Saquémoslos de los bolsillos de los contribuyentes, obligándolos a entregar una mayor parte de sus ingresos, es decir, del producto de su trabajo, es decir, de su trabajo, y hagámoslo de manera que les resulte difícil evadir el pago de impuestos. ¿Cómo? Muy sencillo: gravando una mercancía necesaria, de la cual difícilmente van a prescindir. ¿Como cuál? Como la gasolina, por ejemplo, energético muy necesario para mucha gente, razón por la cual, si aumenta su precio, la gente la seguirá consumiendo en cantidades más o menos iguales. ¡Ya está: gravemos más las gasolinas! ¿Cuánto más? Un 5.5 por ciento.

 

Lo primer que hay que tener en cuenta es que las gasolinas son una mercancía ya gravada en exceso, por el IVA y el IEPS, razón por la cual debería resultar inadmisible la introducción de un impuesto más, doble o triple tributación que debería estar prohibida por la Constitución, prohibición que hoy por hoy no pasa de ser un sueño guajiro, por una razón muy sencilla: ¿cuántos legisladores están dispuestos a limitar, por escrito, la capacidad recaudatoria del gobierno, prohibiendo, entre otras cosas, la doble o triple imposición tributaria? ¿Cuántos legisladores tienen claro lo que, en términos de propiedad y libertad, supone el nuevo impuesto propuesto del 5.5 por ciento a las gasolinas? Y si lo tienen claro, ¿están dispuestos a actuar en consecuencia?

 

De aprobarse el impuesto será, en primer lugar, una muestra más de la petrolización de la recaudación, en particular, y de las finanzas gubernamentales, en general. En segundo término mostrará una cierta incongruencia, ya que por un lado se dijo que no al IVA general, que se aplicaría a alimentos y a medicinas, y se rechazó arguyendo que el mismo afectaría la economía familiar, y ahora se propone un impuesto más a las gasolinas, cuya consecuencia será un aumento en el precio de las mismas, que afectará a la economía familiar, sobre todo de aquellas familias que menos tienen. En tercer lugar, de aprobarse, marcharemos en la dirección equivocada, no hacia un sistema tributario PBP (impuestos pocos, bajos y parejos), sino hacia una mayor barroquización del sistema, en el sentido de excesivo, complicado, sobrado, farragoso, desbordado, confuso, barroco que en México se convirtió (y se convierte) en churrigueresco, que es el barroco, pero más excesivo, complicado, sobrado, farragoso, desbordado, confuso…

 

¿Por qué les resulta tan difícil comprender que, en materia de impuestos, lo fácil y correcto es el sistema PBP, que en nuestro caso podría estar integrado por solamente dos impuestos, ambos proporcionales (la misma tasa en todos los casos), uno al ingreso, a partir de cuatro salarios mínimos, y el otro al consumo, sin ninguna excepción, y en los dos casos sin deducciones de ningún tipo? ¿Por qué? ¿Qué maldición les obliga, a quienes deciden tales cosas, a elegir siempre por el camino más complicado, como si respondieran a la siguiente convicción: “¿Por qué hacer las cosas fáciles si se pueden hacer difíciles?” ¿Con qué cara se atreven a proponer un impuesto más a las gasolinas? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que, en nuestra calidad de consumidores de gasolinas, se nos siga exprimiendo impunemente? ¡¡¡¡Por favor!!!!

 



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