VIERNES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2007
¿Austeridad gubernamental?

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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Arturo Damm







“La austeridad debe traducirse en menos y menores impuestos y, por lo tanto, en un mayor ingreso disponible para las personas, algo que, ¡ni por error!, han propuesto, ni los integrantes del Poder Ejecutivo, ni los representantes del Legislativo, todos ellos convencidos de que un futuro mejor depende de que ellos gasten más y nosotros menos.”


Ahora que quiere cobrarnos más impuestos, el gobierno promete austeridad, promesa que, de entrada, resulta contradictoria si partimos de la primera intención: cobrarnos más impuestos. Si va a practicar la austeridad, ¿para qué quiere más recursos? Austeridad hace referencia a la calidad de austero, y austero es sinónimo de moderado, frugal, sobrio, de tal manera que, si el gobierno va a moderar sus gastos, ¿para qué quiere más recursos? Una de dos: o va ser austero y entonces no necesitará más recursos, sino menos, o si necesitará más recursos y entonces no será austero, sino desenfrenado, inmoderado, intemperante o, en la palabra que mejor lo explica, derrochador. O lo uno o lo otro, pero no los dos. ¿Qué será?

 

En primer lugar tenemos que, en la Propuesta de Programa Económico 2008, los funcionarios de la Secretaría de Hacienda nos dicen que “en el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2008 se incluye un importante esfuerzo de austeridad, (ya que) se está incorporando una reducción de 10,164.3 millones de pesos en el gasto operativo y administrativo”. ¿Qué tenemos? La promesa a favor de la austeridad que es, claramente, un compromiso para gastar menos, lo cual apunta en la dirección correcta.

 

En segundo término, en el mismo documento, las autoridades hacendarias nos informan que “estimaciones aproximadas sobre los mayores ingresos derivados de la reforma hacendaria (…) sugieren que (los mismos) serían de alrededor de 115 mil millones de pesos”, proyección de ingresos adicionales que me lleva a preguntar ¿para qué, si el gobierno está decidido a hacer un “importante esfuerzo de austeridad”?

 

Lo que sucede es que el gobierno está dispuesto a destinar menos recursos al gasto operativo y administrativo, “ahorros” que serán reasignados “a gasto en salud, ciencia y tecnología, e inversión”. De entrada no hay la intención de gastar menos, sino de gastar distinto, y, de salida, la intención es gastar más, ¡115 mil millones de pesos adicionales!, “que llevarían a un incremento significativo en el gasto de inversión pública y en aquel destinado a las funciones de desarrollo social tales como educación, salud y la atención a la población con mayor nivel de marginación”, todo lo cual no pasa de ser, en el mejor de los casos, de los males el menor, pero mal al final de cuentas, imposible de identificar, si somos capaces de llamarle al pan pan y al vino vino, con la austeridad.

 

La austeridad demanda que el gobierno gaste, no solamente de manera distinta, ni siquiera de mejor manera, sino menos, para lo cual se requiere que elimine partidas enteras de gasto. ¿Cuáles? Todas las relacionadas con las tareas que lleva a cabo, no como gobierno, sino como ángel de la guarda, que pretende preservarnos de todos los males, y como hada madrina, que pretende concedernos todos los bienes, y que violan la libertad y/o la propiedad de la persona. Vistas así las cosas sobra tela de donde cortar.

 

La austeridad debe traducirse en menos y menores impuestos y, por lo tanto, en un mayor ingreso disponible para las personas, algo que, ¡ni por error!, han propuesto, ni los integrantes del Poder Ejecutivo, ni los representantes del Legislativo, todos ellos convencidos de que un futuro mejor depende de que ellos gasten más y nosotros menos, lo cual es, por decir lo menos, mucho suponer. ¿O no?

 

¿Austeridad? ¡Sí, cómo no!

• Política fiscal

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