VIERNES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2007
¿Y el gasto?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“El gobierno gasta peor que el sector privado porque está utilizando recursos que no son de su propiedad y, en consecuencia, no tiene los incentivos para asignarlos hacia aquél uso en el cual se tienda a maximizar la rentabilidad. Por esa razón, la reforma fiscal propuesta es notoriamente incompleta.”


Con la reforma tributaria que está en ciernes de ser aprobada, el gobierno federal se apropiará de una fracción adicional del ingreso nacional y se argumenta que con ello la economía mexicana podría crecer el próximo año dos décimas más que sin esta reforma. Una pregunta que viene a la mente es ¿por qué esta reforma impulsaría el crecimiento, aunque sea solo marginalmente?

 

La reforma tributaria, tal como se está planteando, implica quitarle al sector privado un determinado monto de recursos para que el gobierno los gaste y uno supondría siguiendo el argumento que, peso por peso, el gobierno es más eficiente que el sector privado en la utilización de recursos escasos o que el destino de esos recursos adicionales sería empleado en financiar proyectos de inversión que actuarían como un detonante de la inversión privada. El segundo podría tener alguna verdad, como podría ser el caso de la ampliación de la infraestructura de transportes que implicase una reducción en los costos para la economía en su conjunto. El primero, sin embargo, es total y absolutamente falso; el gobierno gasta peor que el sector privado porque está utilizando recursos que no son de su propiedad y, en consecuencia, no tiene los incentivos para asignarlos hacia aquél uso en el cual se tienda a maximizar la rentabilidad, es decir, cubrir el costo de oportunidad social de los fondos públicos.

 

Lo anterior lleva a señalar que la reforma propuesta, basada en esa mayor extracción de recursos al sector privado, es notoriamente incompleta porque no atiende el otro lado de las finanzas públicas es decir el gasto gubernamental, tanto en su monto como en su asignación y uso. Respecto del monto, se establece en los dictámenes de la reforma la “obligación” de que el gobierno haga un ajuste de 5% en su nivel de gasto; esto, un recorte generalizado, es una verdadera tontería si no se acompaña de la obligación para el gobierno de cancelar todos aquellos rubros de gasto que no tienen sentido por su destino o que no cubren el costo de oportunidad social de los recursos, es decir, si no se obliga al gobierno a utilizar de manera más eficiente los recursos de los que dispone.

 

Un rápido análisis del proyecto de presupuesto de egresos de la Federación nos permite ver que hay una infinidad de programas que solo atienden a grupos particulares de interés, otros que ya no tienen razón de seguir existiendo porque su objetivo ya se cumplió, otros que solo sirven para mantener un estructura organizacional y burocrática anquilosada y sin sentido y así, un largo etcétera de gasto asignado y ejercido de manera notoriamente ineficiente.

 

Se argumenta, con razón, que hay que fortalecer las finanzas públicas y cubrir ciertas necesidades sociales que no ha sido posible atender por falta de recursos y de ahí la necesidad de la reforma. Pero, ¿no hay una bolsa de recursos aun más grande si el gobierno cancela toda aquella estructura burocrática sin sentido, cancela todos aquellos programas que no tienen razón de seguir existiendo y le quita a los sindicatos de las empresas públicas el tratamiento preferencial que tienen? Sin duda.

• Política fiscal

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