MIÉRCOLES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Un lápiz, una década, una lección

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Recordemos una de las grandes lecciones económicas de la historia moderna, el cuento de “Yo Lápiz,” escrito hace cincuenta años por Leonard Read, el gran comunicador económico.”


Para JMS, por ti, para ti, para siempre…

 

Esta semana, mi hijo menor cumple diez años de edad. ¡Felicidades, José Miguel!

 

A José Miguel le encanta pintar, y a pesar de su edad, puede hacer maravillas con un lápiz, un pincel, una pluma, por no decir un juego completo de colores o crayones. De hecho, tengo planeado obsequiarle un estuche de lápices para colorear; y ello nos ha hecho recordar una de las grandes lecciones económicas de la historia moderna, el cuento de “Yo Lápiz”, escrito hace cincuenta años por Leonard Read, el gran comunicador económico.

 

¿Alguna vez hemos imaginado el misterio, hasta milagro, del proceso económico que se debe cumplir, para la simple y sencilla producción de un lápiz? ¿Un solo lápiz? Es un proceso que rebasa toda capacidad de planeación central, que no requiere de un Plan Nacional, un Ministerio de Lápices, ni mucho menos un decreto constitucional que diga que hay que “planear, orientar y dirigir” la actividad de producir un lápiz.

 

Un tradicional lápiz de grafito, con su madera ordinaria, su goma de borrar, con toda su típica cotidianeidad, es producto de millones de decisiones humanas, ninguna de las cuales se llevó a cabo con la expresa intención de generar ese bien específico. Es una compleja red de conocimientos, integrada en un orden espontáneo, guiada por ese milagro adicional llamado los precios, específicamente, su papel de transmitir información sobre la oferta y demanda de bienes.

 

Este orden espontáneo no está pre-determinado por una mente maestra: son, todos, millones de seres que se unen en un orden no coordinado que culmina con la producción un lápiz—ni los que extraen grafito, ni los que cortan la madera, ni los que mezclan los químicos, ni los que manufacturan los camiones para transportar todos los insumos, ni los contadores que elaboraron los reportes, nadie, ninguno, hizo su actividad de acuerdo a un plan central, orientado por un burócrata iluminado que sepa, exactamente, cuantos lápices hacer, cuando, como y porqué.

 

Quizás en nuestros países latinoamericanos, donde abundan estos insumos, ha sido aun más difícil generar un lápiz, un solo lápiz. O este se ha tenido que importar, ya sea por la vía del contrabando o por la vía del comercio internacional; o, ha enfrentado una serie de trabas, trámites, misceláneas fiscales (con o sin IETUs), mercados laborales inflexibles, devaluaciones, inflaciones, y similares obstáculos al desarrollo.

 

Además de estos horrores, el proceso productivo debe vivir con la fatal arrogancia de una clase política, que pretende reunir el machismo de saber más que todos los demás sobre los fines particulares que persiguen los actores de la economía cotidiana. Quizás por ello, la existencia de algo tan mundano como un lápiz, en nuestro marco económico, lleno de altos costos de transacción, es doblemente un milagro. Pero es también doblemente una lección, la lección que nos dejó Leonard Read—dejemos que las energías creativas fluyan libremente, bajo reglas sencillas para un mundo complicado, sin obstáculos, planeaciones o pretensiones de coordinación central.

 

Con ello, en su día, deseo regalarle a José Miguel algo que representa mucho más que mecanismos para pintar—ya que cada lápiz, cada uno conlleva un cuento, una lección, una esperanza para lograr mayores libertades en esta, su próxima década.

 

• Libertad económica

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