JUEVES, 27 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Del aumento de impuestos (IV y final)

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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Arturo Damm







“Después de todo lo escrito, ¿podemos hablar de reforma fiscal? No, ya que se trata, únicamente, de un aumento de impuestos, que parte del supuesto de que es bueno que el gobierno gaste más, y los gobernados menos, todo ello con fines redistributivos, como si un mejor futuro dependiera de lo que el gobierno le da a unos, y no de lo que cada uno logra por sí mismo, que es, dicho sea de paso, lo que va con la dignidad de la persona.”


Comencé esta serie diciendo que, por respeto a las palabras, y por no hacerle el juego a los ejecutivos y legisladores, no la voy a llamar reforma fiscal, sino aumento de impuestos, mismo que dista mucho de ser la reforma fiscal, sobre todo si por ella entendemos un cambio en la esencia del sistema fiscal mexicano, con el objetivo, principal, de que el gobierno reconozca plenamente y garantice jurídicamente el derecho del contribuyente a la propiedad y a la libertad, algo que en México no sucede, ya que el cobro de impuestos ha degenerado en un robo con todas las de la ley.

 

El cobro de impuestos degenera en robo en tres ocasiones. Cuando los impuestos son muchos y elevados. Cuando, independientemente de que sean muchos y elevados, o pocos y bajos, los recaudadores se quedan, para beneficio propio, con parte de lo recaudado. Cuando, al margen de cuántos sean, y de a qué tasa se cobren, los impuestos se usan para redistribuir. El principal problema es que gobernar se ha vuelto sinónimo de redistribuir, y basta revisar el presupuesto de egresos de cualquier gobierno para mostrarlo, lo cual quiere decir que gobernar consiste, de manera principal, en quitarle a unos para darle a otros, es decir, en obligar a que unos trabajen a favor de otros. No nos confundamos con entelequias como el bien común, la deuda social, la justicia social, y demás términos con los que los recaudadores – redistribuidores pretenden justificar lo que no es más que un robo con todas las de la ley: quitarle a unos para darle a otros, obligando a que unos trabajen a favor de otros, no directamente, entregando parte de su trabajo, pero sí indirectamente, cediendo parte del producto de su trabajo.

 

¿Tiene el ser humano derecho al producto íntegro de su trabajo? Si la respuesta es afirmativa, ¿entonces cómo justificar el cobro de impuestos? En la medida en la que el gobierno los use para garantizar que nadie más atentará contra la propiedad del gobernado y que, si alguien lo hace, el delincuente será castigado y la víctima resarcida. ¿Pero qué sucede cuando el gobierno cobra impuestos con fines redistributivos? Lo que sucede es que el gobierno le quita a unos para darle a otros, obligando a que los primeros trabajen en beneficio de los segundos, todo lo cual no pasa de ser, independientemente de que se justifique con la retórica del bien común y la justicia social, un robo con todas las de la ley, que no solamente viola la propiedad, sino también la libertad, ya que la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, razón por la cual si se limita la primera se limita la segunda.

 

Por ejemplo: la condición de posibilidad de la libertad para consumir y ahorrar es la propiedad sobre los ingresos, de tal manera que, en la medida en la que se reduce el ingreso, se limita el consumo y el ahorro y, por lo tanto, la libertad para consumir y ahorrar. Al final de cuentas la redistribución viola la propiedad y la libertad, mismas que el gobierno debe reconocer y garantizar, para lo cual se requiere de una reforma fiscal que tenga como objetivo prioritario ese: que el gobierno reconozca plenamente, y garantice jurídicamente, el derecho del contribuyente a la propiedad y a la libertad, reforma fiscal que, ¡obviamente!, forma parte de la reforma del Estado, cuya pregunta central debe ser ¿qué debe hacer el gobierno?

 

¿Debe el gobierno redistribuir? ¿Debe quitarle a unos para darle a otros? ¿Debe obligar a unos a trabajar a favor de otros, no directamente, entregando parte de su trabajo, pero sí indirectamente, cediendo parte del producto del mismo?

 

Después de todo lo escrito, ¿podemos hablar de reforma fiscal? No, ya que se trata, únicamente, de un aumento de impuestos, que parte del supuesto de que es bueno que el gobierno gaste más, y los gobernados menos, todo ello con fines redistributivos, como si un mejor futuro dependiera de lo que el gobierno le da a unos, y no de lo que cada uno logra por sí mismo, que es, dicho sea de paso, lo que va con la dignidad de la persona. La redistribución hace del gobierno un limosnero y del gobernado un mendigo, ¿o no?

• Reforma fiscal

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