Ideas al vuelo
Oct 11, 2007
Ricardo Medina

¿Le gustaría que el gobierno cumpliera con su deber?

Uno de los signos más claros de que un gobierno está fallando miserablemente es que recurra a las encuestas para ver si, acaso, a los ciudadanos les complacería que el propio gobierno cumpliera con la ley y garantizase los derechos imprescriptibles de los ciudadanos. Patético.

Como una persona que desarrolla parte de sus actividades productivas en el llamado “centro histórico” de la ciudad de México respondí ayer una encuesta de la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno local, en la que se hacen diversas preguntas acerca de la conveniencia o no de retirar a los vendedores ambulantes que se han adueñado de calles, banquetas y otros espacios públicos de esa zona de la ciudad.

 

De entrada, y así lo comenté en mi respuesta por escrito a la encuesta, me parece lamentable que un gobierno –el que sea- tenga que recurrir a sondeos de opinión (quién sabe cuán rigurosos o cuán manipulados) para saber si debe o no cumplir con sus obligaciones elementales.

 

Por si esto fuese poco, hay preguntas específicas en el cuestionario –que se responde por correo electrónico a una dirección no-oficial del gobierno capitalino que es: pmchdf@yahoo.com.mx– que resultaría inconcebible que una autoridad legítima y democrática formulase en una sociedad civilizada, como la siguiente: “¿Cuál sería la sanción que usted aplicaría a las personas que comercien en la vía pública dentro del Centro Histórico?”. No, no se trata de lo que a mí o a Juan o a Mónica les gustaría, sino de lo que dice la Ley, con mayúscula, empezando por la Constitución: Nadie puede obstruir el libre tránsito de los demás, nadie puede apropiarse de espacios públicos. Ojo, el delito en sí NO es comerciar, sino obstruir derechos de los demás y apropiarse de lo que NO les pertenece. Libertad y derechos de propiedad, ¿hasta cuándo entenderán los gobiernos que de eso se trata? No me pregunten si me gustaría que se aplicase la ley así o asado, ¡aplíquenla!

 

Nada justifica esa constante violación de los derechos al libre tránsito de todos los ciudadanos. Nada justifica la expropiación facciosa de espacios públicos. Nada justifica –ni un millón de encuestitas– que un gobierno, cualquier gobierno, titubeé para cumplir la Ley que está para limitar y normar al gobierno, no para que los ciudadanos nos volvamos siervos.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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