JUEVES, 11 DE OCTUBRE DE 2007
Los sindicatos pierden fuerza

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Gary S. Becker







“Los intentos monopolistas de sindicatos, en economías donde menos del 10% de los trabajadores no-gubernamentales están sindicalizados y que además tienen que competir en el mercado internacional, no hacen daño. El costo de las regulaciones y litigios serían mayores.”


Chicago (AIPE)-  La reciente huelga de dos días en General Motors (GM) comprueba la fuerte caída del poder de los sindicatos en la economía de Estados Unidos. El sindicato de trabajadores de la industria automotor (UAW) quizás fue el más poderoso de todos los sindicatos, pero el número de miembros se ha reducido 40% desde el último contrato firmado en 2003 y más aún desde los años 80. En 1994, 250 mil miembros de ese sindicato trabajaban en GM, número que se ha reducido a menos de 75 mil. Y el resultado de las recientes negociaciones es que GM traspasará las obligaciones presentes y futuras de los programas médicos de los jubilados a un fondo manejado por el sindicato. Eso aparentemente reduce las obligaciones de GM en más de 15 mil millones de dólares. En contrapartida, GM acordó mantener el actual número de fábricas en Norteamérica e hizo otras concesiones. Parece que la empresa conocida como “Generosos Motores” por su debilidad frente al sindicato ganó esta pelea y se ha fortalecido financieramente.

 

La caída de UAW es parte de lo sucedido en el movimiento sindical. El crecimiento máximo del sindicalismo ocurrió a principios de los años 50, cuando 35% de los trabajadores de Estados Unidos pertenecía a sindicatos. Hoy, 7,5% de los trabajadores no-gubernamentales están sindicalizados. Su éxito se concentra en el sector gubernamental.

 

Uno de los factores ha sido la relativa pérdida de importancia del sector industrial y también que las leyes y la manera de pensar respecto a los sindicatos es menos favorable aquí que en otros países. No hace mucho que los sindicatos tenían gran apoyo de académicos e intelectuales. Y aquellos profesores que destacaban los factores negativos de los sindicatos, como los economistas de la Universidad de Chicago Henry Simons, H. Gregg Lewis y Milton Friedman, eran vistos como reaccionarios chiflados.

 

Los profesores universitarios e intelectuales siguen siendo pro-sindicatos, pero sin entusiasmo porque han visto que los sindicatos poderosos promueven los salarios, beneficios médicos y generosas jubilaciones  de sus afiliados, que en el caso de UAW comienzan a trabajar ganando 30 dólares la hora, sin hacer nada por otros trabajadores que ganan mucho menos. Por ello, ninguno de los actuales líderes sindicales logra la fama de predecesores como Walter Reuther, John Lewis y Jimmy Hoffa.  

 

Los sindicatos podrían ocupar un lugar importante en una economía libre de mercado, pero sus organizaciones tendrían que ser diferentes. Los trabajadores que han dedicado muchos años a la misma empresa podrían lograr ser protegidos de gerentes que aprovechan lo difícil que es para una persona de cierta edad conseguir otro empleo. Ese tipo de estructura sindical se llama “sindicalismo competitivo”.

 

Pero en la mayoría de los países, los sindicatos no son de una sola empresa, sino que abarcan a toda una industria, como la UAW y el sindicato de trabajadores del acero. Al abarcar toda una industria, los sindicatos aspiran a mayor poder porque representan a los trabajadores de empresas en competencia y pueden declarar huelgas generales en toda esa industria. De hecho, buscan poderes monopólicos en el mercado laboral, para lograr sueldos y beneficios muy superiores al promedio. La ley antimonopolios de 1914 concedió una excepción a los sindicatos.

 

En el pasado estuve opuesto a esa excepción porque una minoría sindicalizada lograba aumentar sus beneficios a costa de los consumidores y demás trabajadores. Pero con la caída del poder sindical, ya eso no afecta mucho a Estados Unidos ni a Gran Bretaña. Los intentos monopolistas de sindicatos, en economías donde menos del 10% de los trabajadores no-gubernamentales están sindicalizados y que además tienen que competir en el mercado internacional, no hacen daño. El costo de las regulaciones y litigios serían mayores.

 

___* Profesor de economía de la Universidad de Chicago y Premio Nobel.

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