MIÉRCOLES, 17 DE OCTUBRE DE 2007
UNAM, pobre UNAM

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Por desgracia para la UNAM, no se ve a ningún candidato que tome el reto de darle una nueva filosofía a esta casa de estudios. No se ve la fuerza, ni el coraje ni la valentía para modernizar a esta institución. Más bien, todos quieren el hueso. Una postura demagógica, injusta y populista que pretende ganar la simpatía de la comunidad universitaria.”


La Universidad Nacional Autónoma de México entra en otro proceso más para cambiar autoridades. Los grupos, feudos y mafias se aprestan para colocarse en las mejores posiciones de ese monstruo burocrático de 260 mil alumnos. Y no es para menos, pues se trata de manejar un botín superior a los quince mil millones de pesos que el gobierno le regala a la institución para que haga el teatro de educar a los jóvenes.

 

Seguramente van a surgir una docena de candidatos para ocupar la silla dorada. Me pregunto si habrá al menos uno que traiga ideas innovadoras capaces de mover a este elefante blanco para darle pertinencia respecto al nuevo modelo de desarrollo mexicano.

 

Pero veamos un poquito de historia de la institución educativa más famosa de México. Se dice que el origen de la universidad tiene casi medio milenio, desde que fue fundada por los conquistadores españoles y administrada por el clero a tal grado llevaba por nombre Real Universidad Pontificia de México. Su fin principal era educar a los hijos de la élite, es decir, los peninsulares y criollos para que no tuvieran que ir a España. No tuvo un papel digno cuando estalló el movimiento para independizarse de España; se mantuvo al margen cuando Benito Juárez planteaba las Leyes de Reforma y guardó silencio cuando Francisco I. Madero requería su apoyo para democratizar el país. Pero fue tierra fértil para absorber las corrientes marxistas a principios del siglo XX. En efecto. La izquierda aparece en escena con sus líderes autoritarios y portando la bandera de Revolución Mexicana. Sus primeras acciones consisten en despojar a los clérigos de escuelas e instalaciones para acabar con la Real Universidad Pontificia y construir la Universidad Nacional de México, cortando así la influencia papal y de la iglesia católica. Desde ese momento se declara “institución laica”.

 

La nueva clase en el poder, los izquierdistas disfrazados de revolucionarios, necesitaban un aparato ideológico capaz de controlar la mente de los jóvenes y del pueblo de México a fin de consolidar el proyecto de la Revolución Mexicana. ¿En qué consistía ese proyecto? En hacer de México un país socialista. Por cierto, Lázaro Cárdenas, uno de los principales generales revolucionarios, tuvo el valor de declarar e imprimir en el artículo tercero constitucional el carácter socialista que debía tener la educación, en todos los niveles, especialmente en las normales donde se formarían a los docentes que moldearían el carácter comunista de los niños y jóvenes.

 

El control del pensamiento era la estrategia básica para que los mexicanos aceptaran el poder casi absoluto del Estado. Para reforzar al naciente estado socialista, el que había acabado con el desarrollo capitalista que había iniciado Porfirio Díaz. Se crearon además: el partido hegemónico (primero PNR y luego PRI) que duró más de setenta años en el poder; las centrales campesinas para controlar al sector rural; los sindicatos corporativos para el control de los obreros y hasta confederaciones patronales que se encargarían del control de los empresarios. Así se formaba la “dictadura perfecta” que bien caracterizó Mario Vargas Llosa.

 

Pero ¿cómo había que controlar a una universidad ávida de nuevas ideas? Dejarla a su libre albedrío podría ser muy peligroso pues siempre hay gente que piensa, pregunta, reflexiona, cuestiona, etc. Ya había intelectuales que hablaban de la sana distancia que debía haber entre el Estado y las universidades, incluso lucharon por la autonomía y el Estado se las tuvo que otorgar en 1929. Desde entonces el gobierno le otorgó el flamante rótulo “Universidad Nacional Autónoma de México”. Se transformaría en la institución líder e influyente de toda la educación universitaria en México. Las nuevas universidades, tenían que adoptar a la UNAM como un espejo para organizarse y crear sus planes y programas.

 

¿Cómo controlar a miles de profesores, millones de estudiantes? La solución se importó de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS): darles subsidios.

 

La solución fue maquiavélica: sólo había que controlar el pan y la sal. Sin necesidad de establecer un control orgánico entre el Estado y las universidades, el gobierno tendría el control suficiente para que las escuelas y universidades apoyaran el proyecto del Estado o, al menos, no se opusieran. En efecto, la UNAM y las demás universidades públicas sucumbieron ante la oferta “generosa” de recursos monetarios “para las funciones nobles y sustantivas”. Un método de control que ya había probado el General Álvaro Obregón cuando decía “nadie me aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”. Desde entonces, la UNAM vive pegada a la ubre del gobierno. Y por cierto, ha cumplido muy bien la tarea asignada. Veamos la labor de fondo que ha realizado esta institución.

 

1.      Ha sido la cuna principal de los líderes sindicales, políticos, diputados, senadores, legisladores, gobernadores y presidentes que han mantenido la estructura autoritaria de poder político en México.

2.      Se ha encargado de inyectar el marxismo en la conciencia de los jóvenes y de la población en general, a veces de manera directa, otras veces disfrazada con discursos “progresistas” o “revolucionarios”.

3.      Se ha encargado de inyectar una conciencia anticapitalista que se reproduce año con año, generación tras generación.

4.      Ha matado el talento de los jóvenes para que sólo aspiren a sacar un título universitario que les permita, como máxima aspiración, conseguir un empleo. Mentalidad de subordinación.

5.      Ha impreso en los universitarios la conciencia de siempre depender del gobierno.

6.      Los universitarios han aprendido a odiar el capitalismo, no quieren saber nada de economías de mercado, libre competencia o globalización.

7.      Los universitarios de la UNAM saben quién es Carlos Marx, Lenin, Che Guevara; pero nunca han oído, ni leído una línea de Ludwig von Mises, Hayek, Friedman, Rothbard, Hoppe o Jesús Huerta de Soto.

8.      Profesores y alumnos de la UNAM se han proyectado como los grandes luchadores contra el neoliberalismo.

9.      Algunos se han hecho expertos en armar revueltas, ponerse pasamontañas, construir bombas y adherirse al terrorismo “para acabar con el neoliberalismo”.

10.  Han perdido toda capacidad para moverse en un mercado competitivo de la educación, de manera que si tuvieran que vivir del cliente, no sobrevivirían ni media semana, pues los alumnos valoran los servicios de la UNAM en 20 centavos semestrales y no más.

11.  Usan la autonomía como escudo para no dar cuentas a nadie de cómo se gastan los subsidios.

12.  Han transformado a la UNAM en una trinchera para oponerse a las reformas estructurales que México necesita.

13.  Su eficiencia terminal es pobre pues de cada 100 alumnos que ingresan apenas diez logran titularse. Y, por cierto, los titulados no son alumnos provenientes de familias en extrema pobreza.

14.  La UNAM es la campeona para gastar en investigación que no genera industria.

  1. Da un mal ejemplo al resto de las instituciones educativas que adoptan (coactivamente) su ideología y esquemas burocráticos.

 

Sin embargo, hay que señalar que hoy la UNAM se encuentra en un gran problema. En efecto, desde 1982, mal que bien, ha penetrado la filosofía neoliberal en el gobierno federal, el que aporta los recursos. La filosofía neoliberal, que aboga por mercados libres y competitivos, no ve con buenos ojos estar manteniendo un aparato burocrático, costoso, deficiente, conflictivo y que no forma a los jóvenes con espíritu de independencia, autonomía y capacidad emprendedora, como se requiere en una economía de mercado.

 

Ahora la UNAM se encuentra fuera de contexto, perdió el piso. ¿Qué futuro tiene una institución socialista, como ésta en un ambiente neoliberal? Es cierto que no todo el país es neoliberal. El Distrito Federal ha estado gobernado hasta hoy día por izquierdistas. Algunas entidades siguen en manos del Partido de la Revolución Democrática (izquierdista) Pero la rueda de la historia no camina hacia los socialismos. Esto quiere decir, que la UNAM tendrá que elegir entre escoger a otro rector izquierdista (una copia de Ramón de la Fuente) apostando a que vendrán mejores tiempos y gobiernos que aprecien la labor marxista de esta casa de estudios. O bien, elegirán a un rector que ponga en armonía a la UNAM con el proyecto de hacer de México una economía de mercado capaz de responder a los desafíos del mundo globalizado (un desafío imposible para cualquier universitario).

 

Por desgracia para la UNAM, no se ve a ningún candidato que tome el reto de darle una nueva filosofía a esta casa de estudios. No se ve la fuerza, ni el coraje ni la valentía para modernizar a esta institución. Más bien, todos quieren el hueso. Sólo Hablan de defender a la universidad pública, de exigir más recursos al gobierno; de no cobrar cuotas a los alumnos (para seguir teniendo una población estudiantil pasiva que no exige... pues nada pagan).

 

Ningún candidato habla de introducir el sistema de crédito universitario, ni siquiera hablan de implantar el sistema del Bono Educativo para que la UNAM salga de su letargo; tampoco hablan de descentralización y mucho menos les cabe en la boca la palabra de privatización. Pero todos dicen que respetarán al sindicato, que las cuotas estudiantiles seguirán en 20 centavos al año y que exigirán al gobierno más recursos. Una postura demagógica, injusta y populista que pretende ganar la simpatía de la comunidad universitaria. En otras palabras, veo gente que quiere llegar al jugoso botín para estar cerca del cofre que da gran poder o para usarlo a manera de trampolín.

 

Como decía un gobernador guerrerense “la caballada está flaca”, ofrecen cambios... para seguir igual. Pobre UNAM y pobre México que tendrá que seguir soportando un gasto inútil.

• Educación / Capital humano

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