LUNES, 5 DE NOVIEMBRE DE 2007
Los burócratas, los recursos y los desastres naturales

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“De cómo muchas veces la burocracia lejos de ayudar estorba.”


Mao Tse Tung fue el dictador comunista que gobernó China durante poco más de tres décadas (de mediados de los cuarentas hasta finales de los años setentas del siglo XX), con una férrea planificación central. En sus inicios de gobierno, a Mao “le latía” que el futuro de la humanidad no estaba en la industria sino en el campo. Así, se dio a la tarea de forzar a millones de chinos a emigrar de las ciudades a las zonas rurales; también forzó a que intelectuales y profesores trabajaran como campesinos. El resultado fue un desastre económico que se caracterizó por amplias hambrunas y escasez terrible. Mao era un maestro normalista con ignorancia total sobre dos materias fundamentales para gobernar un país: matemáticas y economía (¿alguna coincidencia con los maestros normalistas y políticos mexicanos?).

 

Tiempo después, al ver el desastre de sus primeros planes económicos, a Mao le entró la creencia de que el futuro era la producción de acero. Así, nuevamente forzando a la gente, levantó sus primeras líneas de producción de acero. El resultado fue un acero de baja calidad que terminó en un verdadero fracaso económico. Decepcionado, Mao pensó que la causa estaba en que los chinos eran flojos por culpa de su pasado burgués. Su última ocurrencia, su revolución cultural, en la que hizo quemar y destruir bibliotecas, libros y cualquier obra artística y/o literaria que a juicio de Mao y su “séquito iluminado” tuviera origen burgués. Por supuesto esto incluyó el fusilamiento de los disidentes de esta revolución. ¿Cuál fue el resultado final de las ocurrencias de este “burócrata iluminado”? Una China pobre y atrasada, y lo peor, más de 70 millones de chinos muertos y/o asesinados por el esquema comunista maoísta.

 

La planificación burocrática fue la causa del estruendoso fracaso del socialismo-comunismo. Definitivo, no es un burócrata el que creará ó determinará la riqueza de un país. Sólo el esquema de libre mercado garantiza la creación abundante de riqueza; son las personas y no los burócratas los que mejor planean la actividad económica. Es sólo a través del sistema de precios basado, ojo, en sólidos derechos de propiedad y en un amplio ambiente de libertad, lo que garantiza que la asignación de recursos en una economía sea socialmente óptima. El que un burócrata a capricho decida qué y cuánto producir, así como quién lo hará, sólo desemboca en atraso y muerte. Ahí está la evidencia amigo lector. Insistimos, el éxito de las economías es cuando las empresas y familias detectan necesidades de consumo y buscan satisfacerlas. En este proceso se pueden equivocar, pero el sistema de libre mercado permite corregir errores a menor costo que el que implica la planificación central. Sólo hay que echar un vistazo a la realidad internacional; los países con economías de libre mercado (ó con menor intervencionismo, para ser más exactos) son los que crecen y se desarrollan más. Los países cuyo gobierno interviene a cada hora en las decisiones de producir y consumir de las empresas y personas son pobres y atrasados. La evidencia internacional es contundente.

 

¿A que viene todo este rollo amigo lector? En los últimos días ha habido acontecimientos en México que relacionan a los burócratas, los recursos y los desastres naturales.

 

Comienzo con el primer caso: La semana pasada se aprobó la ley de bioenergéticos. La Cámara de diputados aprobó la nueva Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos. Se trata de una ley que busca que se produzcan combustibles a base de materia orgánica (biomasa), materia que proviene de actividades agrícolas (sólo se permitirá producir etanol a base de maíz si hay excedentes), pecuaria, silvícola, acuacultura, residuos de pesca, y en general de diversos microorganismos. Las dependencias gubernamentales encargadas de “coordinar” la nueva ley serán la Secretaría de Agricultura, Energía y la de medio ambiente. ¿Cuál es el problema con esta nueva ley? La presencia del gobierno. A ver amigo lector, imagine que haya habido que emitir leyes para “fomentar” la producción de autos, medicinas y computadoras. Le aseguro que con la intervención burocrática legal, jamás se habrían producido estos avances tecnológicos. La única intervención burocrática legal es aquella que garantiza y hace coercitivo el respeto a los derechos de propiedad. Hay que entender, la creación de los mercados tiene un origen espontáneo, en donde son las decisiones de millones de personas buscando solucionar, satisfacer necesidades de consumo, las que le dan sustentabilidad y éxito a dichos mercados. La innovación exitosa es aquella que termina en productos que satisfacen las necesidades de millones de consumidores a bajo costo. Estos son los bienes que perduran. Por ejemplo, hoy día la intervención del gobierno estadounidense para “sustituir” a la gasolina por un biocombustible (etanol) sólo está causando un amplio desperdicio de recursos, de millones de dólares del contribuyente que simplemente se van a la basura por la terquedad de los burócratas (empezando por Bush) que no entienden que es antieconómico utilizar maíz para producir etanol; no es costeable, y ya se habría abandonado este proyecto de no ser por los millonarios subsidios. Al parecer, los burócratas no se han dado cuenta que es más probable que la disminución de consumo de combustibles fósiles tal vez provendrá de las futuras innovaciones (hoy ya hay adelantos significativos) en acumuladores de energía eléctrica (que envuelve toda una serie de tecnología sofisticada en pilas). Pero eso lo decidirá el libre mercado (basado en un mecanismo de precios no distorsionado y en sólidos derechos de propiedad), no un burócrata iluminado. Los gobiernos al distorsionar el mecanismo de precios sólo provocan que los recursos no se destinen a los usos más productivos, y en cambio vayan a parar hacia sectores apoyados fiscalmente por los burócratas. ¿Por qué México copia este esquema? Sencillo, porque el campo mexicano está lleno de distorsiones, de precios mentirosos que además se apoyan en derechos de propiedad débiles. No somos expertos en producción de bioenergéticos, pero sí sabemos algo de economía, y la presencia de los gobiernos distorsionando precios nunca desemboca en innovaciones perdurables a bajo costo para el consumidor. La única manera de saber si la biomasa es el futuro del consumo energético mundial, es dejando que opere libremente el sistema de precios en un contexto de sólidos derechos de propiedad y amplia libertad económica. En estos casos, la llamada intervención pigouviana se puede volver perversa. La historia económica nos lo demuestra una y otra vez.

 

Segundo caso. La semana antepasada hubo un desastre en plataformas de PEMEX. Hubo una coalición entre las mismas, producto de fuertes ráfagas de viento, y las operaciones de desalojo de los trabajadores simplemente fracasaron, lo que conllevó un costo de más de 20 muertos (aún se está determinando si hay más, pues continúa gente desaparecida). A esta tragedia le prosiguió toda una estridencia de políticos. Desde acusaciones de involucramiento de familiares de algún expresidente en empresas contratistas de PEMEX hasta el señalamiento de senadores supuestamente inmiscuidos en el narcotráfico caracterizaron a las reacciones expost de la tragedia. Como siempre amigo lector, puros chimes, nada de pruebas y eso sí, políticos sacando raja de la situación. Lo que sí es un hecho objetivo es que los accidentes de PEMEX son en su mayoría producto del mal manejo gubernamental de los recursos petroleros. Sí, los burócratas petroleros son la causa principal de pifias, tragedias y corruptelas. PEMEX es propiedad en los hechos de los burócratas que la manejan de acuerdo al partido en el poder y de los líderes sindicales corruptos. No nos engañemos, ésta es la triste realidad. Esa es la causa por la que casi siempre son un misterio las licitaciones de PEMEX; ésa es la razón por la que usted y yo amigo lector no podemos checar los estados de cuenta de PEMEX (¿no que pertenece a los mexicanos?). Si va a haber reforma energética, ésta no estará completa si los políticos, burócratas y líderes sindicales le siguen metiendo mano a PEMEX. Sólo un PEMEX cotizando en bolsa, que acepte inversión privada nacional y extranjera, que dé acceso a su propiedad a millones de mexicanos, es lo que nos garantizará rendición de cuentas y el manejo eficiente de la paraestatal. Lo demás son cuentos chinos.

 

Tercer caso. Las copiosas lluvias registradas en el sureste han causado serias inundaciones en estados como Tabasco y Chiapas (éste último menos afectado). Sólo hay que aclarar algunas cosas. Por fortuna, hasta el momento las pérdidas humanas por estos eventos naturales son mínimas. No es así en el caso de los bienes materiales. Un evento natural está fuera del control del hombre. Sin embargo en México muchas veces las pérdidas humanas son culpa de los gobiernos. La razón: la constante violación de los derechos de propiedad. Sí, muchas de las consecuencias trágicas de inundaciones, incendios y terremotos no tienen su causa en el llamado calentamiento global. Quienes afirman esto, nunca muestran pruebas y/o argumentos convincentes. No, la realidad es que la mayoría de las veces lo que agrava los desastres naturales es el invadir zonas que no son aptas para vivir y/o construir. Lo mismo sucede al usar terrenos para la agricultura cuya vocación era forestal y no agrícola. Estos actos tienen repercusiones en cuanto se viene alguna época de lluvias intensa ó de calor agudo. En California, buena parte de los incendios obedece a legislaciones ecológicas miserables que dizque por proteger a cierta especie de aves prohíbe la adecuada limpieza de los bosques. En Nueva Orleáns en buena medida las inundaciones fueron también producto de regulaciones (otra vez ecológicas) gubernamentales que impidieron el adecuado mantenimiento de los diques que salvaguardaban a la ciudad del agua. En México, el gobierno durante muchos años ha tolerado invasiones por motivos políticos. Asimismo, los débiles derechos de propiedad de los que adolecen las zonas rurales y agrícolas han causado deforestaciones e invasiones urbanas inapropiadas. Esa es la tragedia de México ante los desastres naturales. Ahora bien ¿qué pueden hacer los gobiernos ante los desastres naturales? Lo primero, respetar y hacer respetar los derechos de propiedad. Segundo, prevenir y estar preparados con recursos ahorrados en la época de buen clima. El mismo Hayek aprobaba la intervención gubernamental ante desastres naturales. Sí, Hayek argumentaba que ante la destrucción de los mercados, era necesario que los gobiernos cooperaran en su reconstrucción. Pero, ojo, lejos de los consejos de Hayek, los gobiernos sí intervienen, pero la mayoría de las veces retardando la recuperación de los intercambios. ¿Cómo es esto? Primero, tal como lo mencionamos arriba, en países como México el gobierno no ha hecho mucho por fortalecer la definición de sólidos derechos de propiedad. Segundo, tanto en México como en varios países del mundo, en pleno desastre natural a los gobiernos se les ocurre toda clase de tonterías, desde decretar nefastos controles de precios hasta efectuar expropiaciones arbitrarias. Esto lo único que agrava es la escasez y por ende retarda la reconstrucción de las ciudades y/o lugares devastados. En vez de ahorrar cuando hay vacas gordas y buen clima, los gobiernos se la pasan gastando y gastando y no guardando ante posibles eventos naturales adversos. En teoría en México hay un fondo destinado a desastres naturales, pero éste ha sido manejado dudosamente y de manera centralista. Sería mejor hacer corresponsables a los estados y municipios en la prevención de desastres. De lo contrario siempre veremos a gobernadores y alcaldes exagerando el desastre (tal como lo ha hecho el gobernador de Tabasco, Andrés Garnier, quien no se cansa de afirmar que Tabasco ya desapareció; por favor, por fuerte que sean las inundaciones no son para tanto, especialmente cuando las pérdidas humanas son mínimas; lo material se recupera con organización), para obtener lo más que se pueda en recursos fiscales de la federación, recursos que no se destinan en su totalidad a la población afectada, y sí en cambio, al proselitismo político. Ahí está el caso del populista gobernador de Veracruz quien ha hecho toda clase de usos inmorales e ilegales de los recursos destinados a reparar los daños de las lluvias. Por su parte, el Presidente Calderón ya anunció (para variar) toda clase de exenciones y subsidios al estado de Tabasco. Ojalá que esta experiencia le recuerde al Presidente la importancia de no despilfarrar en época de buen clima y/o vacas gordas. Lo mejor que pueden hacer las burocracias gubernamentales ante los desastres naturales es siempre prevenir, solidificando los derechos de propiedad y ahorrando recursos (que sean transparentes) para los eventos naturales adversos y ojo, siempre sin matar la iniciativa de la gente, la que siempre, sin distorsiones en los precios, reacciona con más prontitud que cualquier ejército.

 

Perdone amigo lector, he ya abusado de este espacio, pero era necesario demostrarle cómo muchas veces la burocracia lejos de ayudar estorba. Así las cosas, muchas veces debemos decir, no me ayudes compadre.

• Problemas económicos de México

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