MARTES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2007
Reconstruir Tabasco

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Sergio Sarmiento







“Algunos analistas afirman que la economía de Tabasco podría tardar hasta 20 años en regresar a los niveles de actividad que tenía antes del desastre. Yo pienso que la realidad será otra. Si los recursos públicos y privados se aplican con inteligencia, Tabasco podría recuperarse en tres o cuatro años. Pero para eso tendrá que hacerse un esfuerzo intenso y bien administrado.”


Conforme las aguas empiezan a retirarse, se hacen claras también las siguientes etapas en el esfuerzo por reconstruir Tabasco.

 

La primera emergencia fue la inmediata: el rescate de quienes habían quedado atrapados en medio de las aguas. Ésta ya ha quedado atrás. La segunda, que está siendo enfrentada en este momento, es alimentar al millón de desplazados, cerca de la mitad de la población del estado. Hasta ahora esta tarea ha logrado cumplirse, con dificultades, pero se complicará con el paso de las semanas y la caída de las donaciones de la gente.

 

La tercera emergencia es la de prevenir enfermedades y epidemias. Las autoridades de salud han estado al pendiente de los posibles brotes y están tomando ya medidas para evitarlos. No podemos olvidar, sin embargo, que Tabasco es un lugar de alta prevalencia del dengue, el cual aumentará por los mosquitos que se multiplicarán en las aguas.

 

Cuando ya las aguas se hayan retirado completamente, y la atención de los mexicanos se concentre en otros asuntos muy alejados a Tabasco, aún seguirá vigente la cuarta emergencia: la reconstrucción de una economía maltrecha.

 

Es difícil en este momento saber cuál es el grado de destrucción económica en el estado. Tanto el gobernador como los empresarios locales tienen un incentivo para presentar la información más pesimista posible. Entre más alto se perciba el costo de las inundaciones, mayores serán las aportaciones que se reciban de la federación y de fuentes internacionales.

 

Por eso, y por el peso que el desastre tiene naturalmente en el ánimo de quienes lo sufren, hay que tomar con un granito de sal las declaraciones del gobernador Andrés Granier cuando dice que el campo de Tabasco ya no existe o las de los empresarios que afirman que la actividad económica del estado ha quedado completamente destruida.

 

Hoy sabemos que en el campo una parte muy importante de la cosecha de este año ya había sido levantada, por lo que las pérdidas no serán tan brutales como habría ocurrido si las inundaciones hubieran tenido lugar con las cosechas todavía plantadas. Las afirmaciones de que toda la ganadería está destruida tampoco son ciertas. Se ha perdido un número indeterminado de cabezas de ganado, pero en Tabasco había antes de la tragedia entre 1.75 y 2 millones de reses, la mayoría de las cuales ha sobrevivido hasta ahora a la desgracia.

 

La economía de Tabasco vive en buena medida de los servicios. Muchos de ellos se verán afectados por el descenso de ingresos de la población como consecuencia de las inundaciones. Por otra parte, el pago de los seguros permitirá inyectar unos 7,500 millones de pesos a la economía del estado en los próximos meses. La experiencia en otros lugares del país y del mundo nos demuestra que en casos de desastre de esta naturaleza la industria de la construcción, con su uso intensivo de mano de obra, se convierte en un motor para el resto de la economía.

 

Algunos analistas afirman que la economía de Tabasco podría tardar hasta 20 años en regresar a los niveles de actividad que tenía antes del desastre. Yo pienso que la realidad será otra. Si los recursos públicos y privados se aplican con inteligencia, Tabasco podría recuperarse en tres o cuatro años. Pero para eso tendrá que hacerse un esfuerzo intenso y bien administrado.

• Desastres naturales

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