JUEVES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2007
En Tabasco: Premio a las cigarras

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Juan Pablo Roiz







“Una fábula políticamente incorrecta.”


La cigarra cantó feliz durante el verano. No puede decirse que estuviese inactiva. Corrió en maratones internacionales y tuvo la listeza de usar un atajo para fingirse ganadora; cuando alguien se lo reclamó, la cigarra se mostró indignada –indignarse es un recurso histriónico que domina a la perfección- y dijo que nunca había intentado engañar a nadie, que eso de tomar atajos y llegar a la meta, engañosamente, la primera entre las cigarras cincuentonas, es uso y costumbre en esas competencias. Además de cantar y correr, la cigarra dedicó el verano a la cháchara interminable: Peroraba sin cesar, a imitación de las chachalacas, emitiendo condenas y proclamándose “legítima cigarra de los pobres”; para ello le confeccionaron un remedo de banda solemne, con coloridos materiales de desecho, que se cruzó al pecho. Si alguna otra cigarra se atrevía a dudar del catecismo de la cigarra suprema éste emitía de inmediato una sonora condena para las cigarras “traidoras”. Famoso fue el caso de la cigarra vocinglera y mendaz, a la que llamaban La Roña por su aspecto repulsivo y lo ponzoñoso de sus palabras, que siguiendo las instrucciones de la cigarra López, la legítima y suprema, trató de enlodar la reputación de una cigarra legisladora que no se sometió incondicionalmente a los dictados de la cigarra López.

 

Llegaron los meses de septiembre y de octubre, sabido es que en esas tierras pantanosas y de aluvión son meses de lluvias torrenciales, pero la cigarra y sus discípulos ignoraron la historia y siguieron, dale y dale, con los cantos, los gritos y los sombrerazos, la recitación monótona y fastidiosa de leyendas y chismes: Que si el Presidente no era tal, sino un pelele, que si no había nada mejor en el mundo que estirar la mano y chillar con estruendo para que te mantuviese el gobierno, que las hormigas están aquí para trabajar, callar, obedecer y mantener contentas y saciadas a las cigarras… Y llovió como no lo había hecho en muchos años… Sólo los más viejos en esas tierras cenagosas recordaban lluvias semejantes. Y los ríos crecieron e inundaron muchas casas, entre otras las de muchas cigarras, que no habían guardado cosechas para el temporal de lluvias, que habían dejado a los animales abandonados en las tierras más bajas –en las zonas propensas a inundarse- y entonces el canto de la cigarra, se volvió llanto estridente y demandante.

 

De veras, la situación fue triste y angustiosa y movió a la compasión a muchos. Presto, el Presidente acudió a la zona de desastre y, sin darse cuenta, les regaló a muchas cigarras la excusa perfecta para su irresponsabilidad e incuria: No, a nadie había que culpar de la desgracia –dijo- sino a una nueva deidad vengativa y ciega que se llamaba “calentamiento global”. Y el Presidente y sus empleados se dieron a la tarea de ayudar ostentosamente a los damnificados, pero en lugar de pedirles trabajo y responsabilidad, les dijeron: “Tú estira la mano y exige, que aquí estarán todos para darte lo que requieras”. Y se estableció una gran competencia en el reino para ver no tanto quién ayudaba más a los desafortunados, sino quien lo hacía sacando más provecho propagandístico, quien lograba arrastrar más agua lodosa para mover su molino de vanidades y querellas sin fin. Pasaron los días y cada día más hermanas y hermanos –así les llamaban ahora- se pasaron al bando de las cigarras triunfadoras en la desgracia y abandonaron el castigado partido de las trabajadoras y previsoras hormigas.

 

A todas horas, las hormigas eran regañadas: “Tienes que darle más a las hermanas y a los hermanos desafortunados; no basta con lo que ya has hecho, ten en cuenta que las cigarras todos los días tienen que comer, ten en cuanta que perdieron sus animalitos, ten en cuenta que tú tienes y ellas y ellos no”. Y los vocingleros del reino repetían a todas horas: “Tu deber es mantener a estos hermanos”.

 

Una hormiga previsora –que había trabajado todo el verano, que se había rehusado a construir su casa en la margen del río o sobre terrenos falsos que hace poco eran sólo agua y lodo, que había resguardado sus animalitos en lo alto de la lomita previendo que venían las lluvias torrenciales de todos los años- no aguantó más y dijo: “Hasta aquí llegué. Ya es hora de que las cigarras, que no han pagado su consumo de energía eléctrica, que están hechas a vivir de subsidios y regalos, empiecen a trabajar. Si quieren en lugar de agua en botellitas, les regalo ladrillos y cemento para que se pongan a reconstruir sus casas en lugares más seguros. Si quieren les obsequio planos de construcción para que edifiquen sus hogares de acuerdo con las características de la región: Altos, con mecanismos y artilugios para que el agua fluya, tal como se hace en otros lugares del mundo que comparten esta convivencia perenne con el agua. Si quieren les regalo palas y azadones para que limpien la basura con que han taponado las cuencas de los ríos.” Hormiga imprudente y temeraria que pronto fue acallada por todos: “Eres como todas las hormigas: avara, egoísta, careces de sentimientos. Nunca te preocupas por los que menos tienen. Supones que trabajar y prever te hace mejor que tus hermanas cigarras, pero eres cien veces peor por egoísta e insensible y mereces, como justo castigo a tus culpas, trabajar el doble para mantener a las alegres y cantadoras cigarras. Eres de lo peor: Una despreciable hormiga neoliberal”. Y se emitieron leyes y decretos para que costase lo que costase las cigarras vivieran felices para siempre, sin preocuparse jamás por trabajar porque de ello se encargarían las hormigas del reino…

 

Desde entonces, las cigarras del pantano tienen por particularmente milagrosos a dos nuevos santos: “El calentamiento global” y “la política social a favor de los que menos tienen”.

 

La hormiga imprudente y temeraria, avergonzada e insultada por todos, se calló y sin hacer ruido tomó sus bártulos y emigró con grandes penalidades, cruzando el océano, a los Países Bajos. Allá también hay lluvias torrenciales, allá también hay quienes viven debajo del nivel del mar, pero allá son mejor tratadas las hormigas previsoras e ingenieras y allá, aunque las lluvias son despiadadas y torrenciales, aunque las tormentas no muestren compasión, las hormigas han construido diques y esclusas, las hormigas han aprendido a interpretar los signos premonitorios de las tormentas y han establecido reglas claras para tomar providencias…

• Desastres naturales

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus