Interamérica hoy
Nov 20, 2007
A. Benegas Lynch (h)

Financiación de campañas políticas

Se sostiene que sería más “neutro” que las campañas políticas se financien con aportes del aparato estatal, sin percibir la grave lesión al derecho de los contribuyentes al estar compelidos a hacerse cargo de la divulgación de ideas que no comparten.

Buenos Aires (AIPE)- Cada vez aparece más acalorado y generalizado el debate sobre la necesidad de imponer límites a las donaciones particulares a partidos políticos. Se argumenta que, de no procederse en consecuencia, se facilita un permanente intercambio incestuoso de favores que destruye los principios democráticos.

 

Consciente o inconscientemente, tras esta máscara argumental se oculta una amenaza a la libertad de prensa y a los derechos de propiedad. La facultad de expresar ideas requiere de financiación y si ésta se limita queda cercenada aquella posibilidad. Del mismo modo que se amputaría la libertad de prensa si se reglamentara la facultad a periódicos, televisión o la radio de expresar las ideas que consideran pertinentes en base a la financiación de sus anunciadores. La publicidad en su conjunto también suele criticarse porque influye sobre la opinión pública, haciendo que la gente compre lo que no necesita (solo los denunciadores tendrían la suficiente inteligencia para percibir el desacierto).

 

En esta misma línea de pensamiento se sostiene que sería más “neutro” que las campañas políticas se financien con aportes del aparato estatal, sin percibir la grave lesión al derecho de los contribuyentes al estar compelidos a hacerse cargo de la divulgación de ideas que no comparten.

 

En esta instancia del proceso de evolución cultural, el vínculo incestuoso entre algunos gobernantes y ciertos empresarios debe corregirse y evitarse a través de sólidos marcos institucionales que imposibiliten el otorgamiento de privilegios, pero nunca bloquear la fundamentalísima libertad de expresión en sus múltiples manifestaciones.

 

Aludimos a esta instancia del proceso de evolución cultural porque la sociedad abierta es un proceso en permanente ebullición. Nunca está todo dicho. No hay últimas palabras. Como bien ha dicho Ernst Cassirer, “Yo no dudo que las generaciones posteriores, mirando atrás hacia muchos de nuestros sistemas políticos, tendrán la misma impresión que un astrónomo moderno cuando estudia un libro de astrología o un químico moderno cuando estudia un tratado de alquimia”. Por su parte, Popper explica que los conocimientos son siempre corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.

 

Como ya se insinúa, en el futuro habrán mecanismos e incentivos que imposibiliten con más firmeza la acción depredadora de politicastros y pseudoempresarios que explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos que obtienen por los arreglos realizados en las sombras de los despachos oficiales. Pero en la actualidad, en nuestro contexto y tal como están las cosas, no puede enmendarse un problema creando otros más graves, en lugar de reforzar instituciones compatibles con una sociedad de hombres libres.

 

___* Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias,  Argentina.

© www.aipenet.com

 



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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