MARTES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2007
El gasto público ¿blindaje para la economía mexicana?

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“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“Creía que esto ya era parte del siglo pasado, pero el Secretario me recordó que aún se cree en este obsoleto esquema. Por lo menos eso se extrae de sus declaraciones. Ojalá se trate de una mala interpretación de mi parte, pero por si las dudas escribo este artículo.”


La semana pasada el Secretario de Hacienda Agustín Carstens declaró con bombo y platillo que el gasto social aprobado para el próximo año será el más alto de toda la historia (alrededor de 1 billón 100 mil millones de pesos) dentro del gasto público total. Entendemos esta declaración dentro del contexto político.

 

Lo que no entendemos es la declaración del Secretario que siguió a continuación: “el gasto público aprobado para el próximo año (2 billones 500 mil millones) es un blindaje para la economía mexicana ante una posible recesión en EU,” “permitirá tener política fiscal contracíclica ante una recesión en el DF.”

 

Conociendo el perfil técnico del Secretario Carstens, francamente nos sorprende dicha declaración. Parece que estaba oyendo a David Ibarra en los setentas.

 

Aclaremos esto amigo lector. No es el gasto público lo que le da solidez, blindaje, protección a una economía. El gasto público no es más que un excedente que se ha extraído de los contribuyentes. Un excedente que además sabemos no se ejerce con la debida transparencia y eficiencia (la idea, según el gobierno es que esto ya no será así el próximo año; hasta no ver no creer), y lo peor, una buena parte va dirigido a buscadores de rentas. ¿En dónde está el blindaje?

 

El gobierno se siente a gusto de que el gasto represente el 25% del PIB y lo considera un “blindaje.” A ver, un verdadero blindaje sería que el gasto público fuese menor al 15%, lo que significaría una cantidad menor extraída de los bolsillos de los contribuyentes, lo que implicaría que familias y empresas tendrían más dinero para ahorrar, consumir e invertir. Un verdadero blindaje sería apartar una buena parte del dinero que se obtiene de los excedentes petroleros para gastos de emergencia (mayor de lo que hoy se hace). Un verdadero blindaje sería utilizar las reservas internacionales para liquidar toda la deuda externa (hoy las reservas superan con creces a la deuda externa). Un verdadero blindaje sería comenzar de una vez por todas a reducir la deuda interna que en los últimos años ha crecido y que ronda los 2 billones de pesos. Un verdadero blindaje comenzaría por reducir a las numerosas dependencias gubernamentales que año con año carcomen buena parte del presupuesto. Un verdadero blindaje sería ponerle límite a todos lo buscadores de rentas. Un verdadero blindaje empieza por el ahorro, nunca por el gasto.

 

Parece que el gobierno no aprende. Qué fácil se olvida la historia reciente. En el sexenio lópezportillista, la economía creció de 1977 a 1981 a tasas promedio del 8%; esta era una tasa de crecimiento asombrosa, pues buena parte del mundo estaba en recesión. En México el “gasto público permitía ser amortiguador de la crisis mundial,” afirmaba el gobierno de la época. La realidad llegó en 1982, cuando se desplomó el precio del petróleo y el PIB cayó en términos negativos casi en la magnitud de lo que creció en años anteriores. A la borrachera de gasto público siguió una verdadera resaca que aisló a México de los mercados de capital durante los siguientes 10 años. El alto gasto público ejercido sólo dejó como herencia endeudamiento, devaluación e inflación.

 

Sí, es cierto, hoy es otra época. La economía mexicana está menos estatizada y endeudada que en aquella época. Asimismo, las finanzas públicas no tienen los fuertes desequilibrios de los setentas y ochentas y por fortuna el banco central es autónomo lo que evita que la deuda del gobierno sea monetizada (cubierta con dinero inflacionario que sale de “la maquinita” de hacer billetes).

 

No obstante, insistimos, el blindaje no radica en el gasto público. No lo deseo, pero si en una de esas la economía norteamericana entra en una fuerte recesión, el resultado podría ser una caída abrupta en el precio del petróleo, pues el motor de consumo más poderoso del planeta se habría parado. Esto implicaría para México un menor PIB que se traduciría en menores niveles de consumo, inversión y exportaciones. Ya vería en este caso amigo lector, cómo el alto gasto público se podría volver un verdadero dolor de cabeza que nada tienen que ver con un blindaje. Claro, es un escenario que yo estoy suponiendo, pero lo hago con el fin de demostrar que el gasto público nunca será la forma ideal para que una economía crezca sanamente y con blindaje ante una recesión mundial. Ahí está la historia.

 

Desde hace años el gasto público crece en términos reales y nominales y la tasa de crecimiento de la economía mexicana es mediocre. Las economías que crecen con mayor vigor como China, India, Irlanda, tigres asiáticos, etc., no lo hacen apoyadas en fuertes cantidades de gasto público, sino en la inversión privada que es el verdadero motor del crecimiento.

 

El razonamiento del Secretario Carstens me recordó a un viejo profesor keynesiano (que en paz descanse) usando sus curvas IS-LM para “estabilizar” la economía. Creía que esto ya era parte del siglo pasado, pero el Secretario me recordó que aún se cree en este obsoleto esquema. Por lo menos eso se extrae de sus declaraciones. Ojalá se trate de una mala interpretación de mi parte, pero por si las dudas escribo este artículo.

 

El asalto final de la partidocracia

 

Sí, tal como lo comentamos, la partidocracia terminó por tomar definitivamente al IFE. Ya están de acuerdo repartiéndose a todos los consejeros y eliminando toda participación ciudadana en la vigilancia de los dineros y procesos electorales. Ya también están por terminar su plan para amordazar la libertad de expresión. No, definitivo, urge una vacuna constitucional que detenga a estos vividores. Este puede ser el camino perfecto para la llegada de un “Chávez mexicano.”

• Populismo

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