MIÉRCOLES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2007
Tabasco: Aprovechar la ayuda

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Sergio Sarmiento







“La tragedia de Tabasco nos ha mostrado dos caras de una misma realidad en México. Por una parte, no queda duda de la solidaridad de los mexicanos ante los compatriotas que sufren algún tipo de desgracia. Pero al mismo tiempo queda claro que los políticos no entienden que deben participar en un esfuerzo como éste sin buscar un provecho político que, en las actuales circunstancias de Tabasco, se antoja simplemente como un exceso.”


A muchos políticos les ha parecido más importante aprovechar la tragedia de Tabasco para su beneficio que simplemente ayudar a los tabasqueños en su momento más difícil en la historia reciente.

 

Sí, es verdad, la ayuda para los tabasqueños ha sido cuantiosa y constante. Pero muchos de los que han ayudado a llevar esa ayuda a su destino parecen haber estado más preocupados por el impacto político de sus acciones que por ayudar a los damnificados.

 

El pecado lo han cometido todos o casi todos, empezando por el presidente Felipe Calderón, quien todas las noches aparece en anuncios de televisión entregando paquetes de ayuda o manejando una pala en los esfuerzos de rescate.

 

Varios gobernadores del PRI han mandado ayuda, pero la han distribuido a través de brigadas cuyas camisas rojas y logotipos no dejan lugar a dudas sobre la identidad partidaria de sus equipos de trabajo.

 

La ayuda del gobierno del Distrito Federal ha estado marcada, según el gobernador tabasqueño, el priista Andrés Granier, por el partidismo ya que se ha encauzado fundamentalmente a municipios perredistas. El jefe de gobierno capitalino ha negado esta acusación. El martes 13 de noviembre, sin embargo, una caravana de cinco traileres con ayuda fue detenida porque era protegida por 14 policías capitalinos con armas largas, cuando en Tabasco sólo la policía tabasqueña, o si acaso la federal, puede estar armada para realizar trabajos de protección. Marcelo Ebrard ha dicho que la mayor parte de la ayuda del gobierno capitalino se ha dado al Centro, sede de Villahermosa, que es un municipio priista, pero ciertamente sus representantes no han querido aceptar la coordinación que el gobierno del estado y el federal han mantenido en todo el esfuerzo. Y ha señalado también que si Tabasco no quiere su ayuda, que ellos se retirarán del esfuerzo.

 

Algunas empresas privadas que han ayudado a reunir, transportar y distribuir despensas han aprovechado también la oportunidad para promoverse a sí mismas.

 

Quizá lo que deberían entender todos, pero especialmente los políticos, es que la ayuda no la están dando ellos o algún partido sino el pueblo de México. Poco importa si un trailer de ayuda fue montado por un gobierno de un determinado partido político. La verdad es que las despensas las donan los ciudadanos y todo el dinero que se gasta en el esfuerzo logístico para entregarlas es aportado por los contribuyentes con sus impuestos.

 

La tragedia de Tabasco nos ha mostrado dos caras de una misma realidad en México. Por una parte, no queda duda de la solidaridad de los mexicanos ante los compatriotas que sufren algún tipo de desgracia. Pero al mismo tiempo queda claro que los políticos no entienden que deben participar en un esfuerzo como éste sin buscar un provecho político que, en las actuales circunstancias de Tabasco, se antoja simplemente como un exceso.

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