MIÉRCOLES, 7 DE DICIEMBRE DE 2005
Enriquecimiento ¿para hacer política?

Según usted, ¿quién ganó el debate?
Ricardo Anaya
Margarita Zavala
Andrés M. López
José A. Meade
Jaime Rodríguez
Ninguno



“El libertarismo es la visión de que cada hombre es el dueño absoluto de su vida para usarla y disponer de ella como le parezca apropiado, y de que todas las acciones sociales del hombre deberían ser voluntarias.”
Karl Hess

Luis Pazos







“El que "robó pero hizo" era el mejor funcionario público al que podía aspirar la sociedad. El mal político era aquel que robaba pero no hacía nada.”


Durante casi todo el siglo pasado los mexicanos vieron con naturalidad y resignación a los puestos públicos como una fuente de enriquecimiento. Amasar grandes fortunas durante el ejercicio de un cargo público era un hecho cotidiano en el sistema político mexicano.

 

El comentario “robó pero hizo” era considerado un cumplido para aquel político que se había enriquecido pero había hecho obra. Ese tipo de funcionario era lo mejor a lo que podía aspirar la sociedad. El mal político era aquel que robaba pero no hacía nada.

 

Con el advenimiento de la democracia y con diversos partidos en el poder, una ley de transparencia a nivel federal y medios de comunicación libres, los mexicanos ya podemos aspirar a políticos que hagan y no roben. La nueva cultura de no considerar el puesto público como una fuente natural de enriquecimiento ya está permeando en la sociedad mexicana.

 

Pero todavía en varios estados y municipios se resisten a instrumentar una ley de transparencia igual a la implementada por el gobierno federal en esta administración. Hay funcionarios que siguen actuando como en el siglo pasado. Se sienten dueños del patrimonio que manejan. Una de las justificaciones para enriquecerse, que aludían los políticos del viejo régimen es “necesitamos dinero para hacer política”. Con la excusa de que esos recursos los van a invertir en precampañas y campañas de candidatos de su partido, toman dinero de empresas estatales y de las arcas gubernamentales con el teórico objetivo de “hacer política”.

 

No es un delito que los políticos y funcionarios públicos tengan dinero o inmuebles en México o en el extranjero, pero es cuestionable si no hay un origen lícito y claro de los recursos para adquirirlos. En las democracias más avanzadas los que se meten a la política son los que ya tienen dinero, no buscan hacer política para tener dinero.

 

A pesar de las exageraciones y acusaciones injustas de algunos medios de comunicación, es mejor este ambiente de libertades al anterior, donde había impunidad. Cada día un mayor número de ciudadanos quieren que nos gobiernen quienes no tan sólo hagan, sino también sean honestos y no se enriquezcan con los dineros públicos.


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