MIÉRCOLES, 7 DE DICIEMBRE DE 2005
El intermediario

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“¿Cómo sería el mundo sin los intermediarios? Pobre, muy pobre. Imaginemos cómo sería si se eliminaran todos los supermercados, tiendas, bares, restaurantes, correos, etcétera.”


En la columna anterior decíamos que el dinero, entre otras cosas, estimuló la llegada del intermediario, quien profundizó aun más los cambios en la forma de llevar a cabo el intercambio de bienes y servicios; lo cual lo convierte en un generador de riqueza. ¿Cómo lo hace? Toma un bien y le agrega valor. La manera de hacerlo depende del tipo de intermediario. La más básica es la modificación del bien en el tiempo y el espacio. El transportista que lleva un producto del punto A al punto B, solo lo modifica en el espacio. El pulpero y la cadena de supermercados transportan el bien a su sitio de venta y lo almacenan con el fin de que esté siempre disponible para el consumidor. El bar que sirve una cerveza, no solo la modifica en el tiempo y espacio; le agrega otros elementos que aumentan su valor, tales como el ambiente y el servicio. El restaurante va aun más lejos en sus modificaciones.

 

Información. El intermediario también genera riqueza de otra manera: provee información. La información es como la sangre del sistema de especialización e intercambio (el generador de riqueza), el cual se asemeja a un rompecabezas compuesto por miles de figuras de distintas formas o contornos. Cada figura encaja perfectamente solo con una de las otras (su pieza gemela); con cada una de las demás encaja con distintos grados de imperfección. En el sistema, cada actor es una de esas piezas, y su pieza gemela es aquella persona que le provee la mejor solución para su necesidad de consumo de un determinado bien. Cuanta más información haya, mayor es la probabilidad de que el rompecabezas se arme con un alto grado de perfección. Cuanto mayor sea el grado de perfección al armarlo, mayor es la riqueza creada. Si el grado de perfección logrado es del 40 por ciento, entonces el sistema generará solo el 40 por ciento de la riqueza que podría generar.

 

¿Malditos? En el Tercer Mundo, existe la convicción plena de que los intermediarios son un factor de pobreza. Los políticos, intelectuales, gobernantes y demás especies, quienes no han tenido la capacidad de asimilar lo expuesto aquí, los detestan y siempre han tratado de eliminarlos. No hay duda: la pobreza es un producto de cierta mentalidad.

 

¿Cómo sería el mundo sin los intermediarios? Pobre, muy pobre. Imaginemos cómo sería Costa Rica si se eliminaran todos los supermercados, pulperías, tiendas, bares, restaurantes, correos, etcétera. Tomemos el caso de la papa, y supongamos que todos los productores están concentrados en Cartago, y los consumidores, distribuidos por todo el país. Sin los intermediarios, solo habría dos opciones. Una, que todo aquel que quiera consumir papa vaya a Cartago a adquirirla directamente del productor. Dos, que los productores lleven las papas hasta los hogares de todos lo que quieran consumirlas. En cualquiera de los dos casos, tanto los productores como los consumidores de papa se encontrarían en una situación mucho más desventajosa. Los productores se empobrecerían tremendamente.


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