Sólo para sus ojos
Nov 29, 2007
Juan Pablo Roiz

En un año: Lo mejor, lo regular, lo peor

Lo mejor del primer año de Felipe Calderón en el gobierno ha sido un estupendo Secretario de Hacienda que sí sabe lo que necesita este país. Lo peorcito, las tentaciones populistas que de vez en cuando acometen al Presidente. Lo mediocre: Casi todo el gabinete, menos Carstens y alguno más.

Felipe Calderón eligió muy bien a su Secretario de Hacienda, pero me temo que se equivocó en forma garrafal cuando escogió a sus colaboradores cercanos en Los Pinos; bueno, alguna excepción habrá en las oficinas presidenciales, pero a la colección de simpáticos y jóvenes politólogos que rodean a Calderón y que se creen economistas consumados, grandes comunicadores, encuestadores atinados, sociólogos para toda ocasión y escritores excelsos, yo le daría las gracias…

 

Calderón ha metido unos cuatro buenos goles y tres de ellos se los debe al Secretario de Hacienda: La reforma a las pensiones del ISSSTE, la reforma fiscal y un presupuesto para 2008 más o menos inteligente (lo que, considerando las capacidades intelectuales de nuestro Congreso, es toda una hazaña). El otro gol han sido los logros efectivos en el combate al narcotráfico. Ya se sabe que se trata de una guerra perdida, pero no hay forma realista de eludirla (hablar de la solución efectiva, que es la legalización, todavía provoca infartos piadosos) y, dadas las circunstancias, el gobierno de Calderón ha dado una buena batalla.

 

A cambio, se ha metido tres o cuatro fatídicos auto-goles que dan escalofríos. Primer auto-gol: La ocurrencia populista de congelar los aumentos programados al precio de las gasolinas; para el primero de enero habrá que sacar la pata –ignorar a los locuaces pero ignorantes chicos de las encuestas– y hacer lo que se debe hacer cuando un bien es muy valioso y muy escaso: Ponerle un precio de acuerdo a su escasez y a su valor.

 

Segundo auto-gol: La reforma electoral. ¿Será posible que teniendo a tantos politólogos alrededor, nadie le haya dicho al Presidente que esa reforma no augura nada bueno? Ojo, Presidente, no se trata de que no se le cobren todas sus pillerías a los señores de la tele, pero ¿ya se dio cuenta de que también existimos los ciudadanos interesados pero independientes, a quienes los partidos políticos nos están mandando por un caño?, ¿ya vieron sus genios de cabecera el retroceso que es darles todo el poder en materia electoral a los jerifaltes de los partidotes y a los vividores de los partiditos?

 

Tercer auto-gol: Impulsar al vehemente, pero no muy lúcido, Germán a la  Presidencia del PAN. Es, lo admito, una garantía de lealtad inconmovible. Es, lo reconozco, un orador apasionado. Pero también es un poquito tonto y está poco preparado. Tiene reflejos autoritarios. Le falta un bañito de liberalismo. Ojalá me equivoque pero esa jugada, que según algunos resultó genial, me parece fallida. Al personaje le queda grande la tarea de reconstruir al PAN como partido vibrante, auténticamente democrático, liberal, moderno, moderno, moderno… Manuel Espino dejó el partido para el arrastre, pero Germán no tiene la inmensa capacidad que se requiere para levantarlo. Por otro lado, el tal Espino va a seguir jeringando… Ya verán.

 

Sumaría un cuarto auto-gol de naturaleza similar: Las malas elecciones de colaboradores. Por lo pronto, ya lo dije, al equipo de politólogos metidos a sabelotodos lo mejor es darles las gracias por su entusiasmo y buscarse a profesionales que sí sepan lo que están haciendo. Tal vez se salven uno o dos, los que verdaderamente se dedican a la ciencia política y no a la omnisciencia atolondrada. Pero los otros, mientras más lejos: mejor. Ojo, por ejemplo, con el genio de las encuestas, entre otras cosas no se ha enterado de que López Obrador no lo es todo en este país.

 

Entre los secretarios de Estado vamos dándole las gracias, también, al de medio ambiente. Este cuate tiene vocación de dirigente de ONG latosa, no de Secretario de Estado. Hay ecologistas de primera –no de propaganda- como Gabriel Quadri que lo harían mil veces mejor. También muchos nos preguntamos qué hace la simpática doctora Georgina Kessel. Ojala algún día lo sepamos. A Javier Lozano, que en el fondo es un buen tipo, hay que calmarlo. La reforma laboral que requiere a gritos este país es demasiado importante, para que Javier pierda el tiempo peleándose con tipejos como Marcelo Ebrard. ¡Por favor! Muchos otros, al parecer, merecen un buen jalón de orejas y una clara advertencia: O se ponen las pilas o se ponen a buscar chamba en otro lado…

 

Como resumen de esta evaluación parcial y subjetiva, pero llena de buena fe, diría que el encuentro va empatado, con una ligera ventaja a favor de Calderón. Y, ¡por Dios!: el encuentro, ¡entiéndanlo de una buena vez!, NO es contra López, que es un mero espantajo, sino contra la incompetencia y la improductividad.



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